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Lo que comenzó como una respuesta ante una enfermedad se convirtió en una fuente de motivación, ingresos y esperanza para Katia, una madre de familia de Pradera Dorada 6, en Mazatlán, quien transformó la cochera de su casa en un negocio de snacks.
Durante años trabajó como camarista en el hotel RIU, una actividad que disfrutaba y en la que tenía una plaza de base. Sin embargo, los dolores en la espalda, el cuello, la cintura y las manos cambiaron su rutina. Después de varios estudios, los médicos detectaron que tenía tres hernias cervicales y tres lumbares.
“Para mí fue algo muy difícil porque me pararon de una”, relató Katia, quien tuvo que dejar una labor que representaba una de sus grandes pasiones. La situación también afectó su estado de ánimo, pero con el tiempo encontró una alternativa para recuperar su actividad y fortalecer su salud emocional.

De vender bolis a crear un negocio familiar
Katia comenzó con una mesa y un letrero para ofrecer bolis. Después incorporó paragüitas, churros y otros productos hasta ampliar poco a poco su menú.
“No podía quedarme cruzada de brazos. Un día me puse a vender bolis, los vendí; otro día vendí bolis y paragüitas, y me aferré”, recordó.
El pequeño puesto fue creciendo. Primero llegó un toldo y, posteriormente, una mayor variedad de productos. Actualmente, Snacks Katia ofrece churritos, cueritos, ceviche, fresas con crema, con Nutella, cheesecake, mazapán y chocolate, además de bolis, mangoneadas, hot cakes, choco bananas, choco fresas y dulces.
Para ella, el emprendimiento representa mucho más que una actividad económica. Es una forma de mantenerse ocupada, recuperar confianza y enfrentar los cambios derivados de su padecimiento.
“Le agarré amor a esto y lo que yo haga trato de hacerlo con mucho amor y cariño. Lejos de un emprendimiento económico, esta es una terapia ocupacional y mental”, expresó.

Aunque debe evitar cargar objetos pesados y realizar actividades que puedan agravar sus lesiones, Katia continúa trabajando con precaución. En este proceso cuenta con el apoyo de su hijo, quien la ayuda con las tareas que requieren mayor esfuerzo y también realiza las entregas.
“Mi hijo es mi mano izquierda y mi mano derecha; él me ayuda mucho”, comentó.
Una historia de esfuerzo que invita a seguir adelante
Katia reconoce que emprender no siempre es sencillo, pero considera que mantenerse activa y pensar de manera positiva le ha permitido superar momentos difíciles.
“Lo primero es echarle muchas ganas, mantenerte ocupada para salir adelante, porque el cerebro es bien generoso: si piensas positivo, te hace vencer todo”, afirmó.

Su negocio abre de martes a domingo, a partir de las 4:00 de la tarde, en la calle San Jesús número 11909, en Pradera Dorada 6. También ofrece servicio a domicilio en Pradera Dorada 6 y Cantera. Las entregas dentro de Pradera 6 tienen un costo de cinco pesos; para otras zonas, el precio depende de la distancia.
Con su historia, Katia demuestra que una dificultad puede convertirse en el punto de partida para construir nuevas oportunidades. Su cochera no solo es el espacio donde prepara y vende sus productos: también es el lugar donde recuperó su impulso, fortaleció a su familia y encontró una manera de seguir avanzando.




















