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Culiacán, Sinaloa.- A sus 51 años, Rosa Isela Bernal López volvió a poner las manos en la harina. No porque fuera algo nuevo para ella, sino porque es un oficio que conoce desde niña y que forma parte de una tradición familiar que ha pasado de una generación a otra.

Originaria de la sindicatura de Jesús María, Rosa Isela llegó hace 18 años al fraccionamiento Los Ángeles, en Culiacán. Durante buena parte de ese tiempo estuvo dedicada a su familia, especialmente al cuidado de sus nietos.

18 años en Los Ángeles. Rosa Isela llegó al fraccionamiento Los Ángeles hace casi dos décadas.
18 años en Los Ángeles. Rosa Isela llegó al fraccionamiento Los Ángeles hace casi dos décadas.

Ahora que ellos crecieron y sus hijos formaron sus propias familias, decidió recuperar un espacio para ella. “Quise ocupar mi espacio libre en algo”, cuenta con orgullo.


Así comenzó, hace aproximadamente tres meses, a vender tortillas de harina en un punto ubicado sobre la carretera a Imala, antes de la entrada principal al fraccionamiento Los Ángeles.

El trabajo como ejemplo para sus hijos y nietos

Rosa Isela no solo encontró en las tortillas una manera de generar ingresos. También encontró una oportunidad para transmitir a su familia una enseñanza que aprendió de su propia madre: trabajar y hacer las cosas bien.

Desde pequeña ayudaba a su mamá a preparar tortillas, pan casero y coricos. Con el paso de los años, esa enseñanza llegó también a sus hijas y nietas.

Incluso algunas de sus nietas llegaron a vender pequeñas gorditas de harina dulces durante las vacaciones de verano.

“Me hace sentir muy a gusto, muy feliz, principalmente porque así le demuestro a mi familia, a mis hijos y a mis nietos que se puede salir adelante”, dice Rosy para Tus Buenas Noticias.


Para Rosa Isela, este oficio representa la oportunidad de un trabajo honesto. Tiene su puesto por el corredor a Imala, después de pasar el acceso a Maralago.
Para Rosa Isela, este oficio representa la oportunidad de un trabajo honesto.
Para Rosa Isela, este oficio representa la oportunidad de un trabajo honesto. Su puesto se ubica por el corredor a Imala, antes del acceso principal a Los Ángeles.
Para Rosa Isela, este oficio representa la oportunidad de un trabajo honesto.
Para Rosa Isela, este oficio representa la oportunidad de un trabajo honesto. Tiene su puesto por el corredor a Imala, después de pasar el acceso a Maralago.Foto: Francisco Castro

Tortillas listas para quienes van de paso

Rosy atiende todos los días, aproximadamente de las 2 de la tarde a las 9 de la noche. Su esposo, Carlos, la acompaña y la ayuda en el punto de venta.

Para atender con rapidez a quienes pasan en automóvil, prepara las tortillas con anticipación. Sabe que muchos clientes solo pueden detenerse unos minutos, por lo que procura tenerlas listas para coser y entregar.

El kilo cuesta 70 pesos; el medio kilo, 35, y también ofrece porciones de 20 pesos, equivalentes a cinco tortillas.


La venta ha comenzado a crecer con el regreso a clases, debido al aumento del movimiento de familias que transitan por el corredor a Imala.

Además de los vecinos, algunos clientes llegan desde otras colonias e incluso ha vendido tortillas para personas que las llevan hasta Agua Prieta, Sonora.

Un nuevo comienzo entre harina y esfuerzo

Rosa Isela piensa en volver a preparar pan casero y coricos. Quienes ya conocen su trabajo se los han pedido, pero por ahora concentra sus esfuerzos en las tortillas.

Hoy, frente a la carretera a Imala, cada tortilla representa para ella algo más que una venta: es una manera de recuperar un oficio, aprovechar una nueva etapa de su vida y recordarle a su familia que el trabajo honesto también puede abrir caminos.

Querer es poder”, resume Rosa Isela.



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Francisco Castro
Francisco Castro

Comunicólogo con más de 20 años dedicado al periodismo impreso y digital. Experiencia en periodismo de investigación, edición de contenidos y actualmente enfocado al periodismo constructivo y de soluciones.

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