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Culiacán, Sinaloa.- A sus 51 años, Rosa Isela Bernal López volvió a poner las manos en la harina. No porque fuera algo nuevo para ella, sino porque es un oficio que conoce desde niña y que forma parte de una tradición familiar que ha pasado de una generación a otra.
Originaria de la sindicatura de Jesús María, Rosa Isela llegó hace 18 años al fraccionamiento Los Ángeles, en Culiacán. Durante buena parte de ese tiempo estuvo dedicada a su familia, especialmente al cuidado de sus nietos.

Ahora que ellos crecieron y sus hijos formaron sus propias familias, decidió recuperar un espacio para ella. “Quise ocupar mi espacio libre en algo”, cuenta con orgullo.
Así comenzó, hace aproximadamente tres meses, a vender tortillas de harina en un punto ubicado sobre la carretera a Imala, antes de la entrada principal al fraccionamiento Los Ángeles.
El trabajo como ejemplo para sus hijos y nietos
Rosa Isela no solo encontró en las tortillas una manera de generar ingresos. También encontró una oportunidad para transmitir a su familia una enseñanza que aprendió de su propia madre: trabajar y hacer las cosas bien.
Desde pequeña ayudaba a su mamá a preparar tortillas, pan casero y coricos. Con el paso de los años, esa enseñanza llegó también a sus hijas y nietas.
Incluso algunas de sus nietas llegaron a vender pequeñas gorditas de harina dulces durante las vacaciones de verano.
“Me hace sentir muy a gusto, muy feliz, principalmente porque así le demuestro a mi familia, a mis hijos y a mis nietos que se puede salir adelante”, dice Rosy para Tus Buenas Noticias.
Tortillas listas para quienes van de paso
Rosy atiende todos los días, aproximadamente de las 2 de la tarde a las 9 de la noche. Su esposo, Carlos, la acompaña y la ayuda en el punto de venta.
Para atender con rapidez a quienes pasan en automóvil, prepara las tortillas con anticipación. Sabe que muchos clientes solo pueden detenerse unos minutos, por lo que procura tenerlas listas para coser y entregar.
El kilo cuesta 70 pesos; el medio kilo, 35, y también ofrece porciones de 20 pesos, equivalentes a cinco tortillas.
La venta ha comenzado a crecer con el regreso a clases, debido al aumento del movimiento de familias que transitan por el corredor a Imala.
Además de los vecinos, algunos clientes llegan desde otras colonias e incluso ha vendido tortillas para personas que las llevan hasta Agua Prieta, Sonora.
Un nuevo comienzo entre harina y esfuerzo
Rosa Isela piensa en volver a preparar pan casero y coricos. Quienes ya conocen su trabajo se los han pedido, pero por ahora concentra sus esfuerzos en las tortillas.
Hoy, frente a la carretera a Imala, cada tortilla representa para ella algo más que una venta: es una manera de recuperar un oficio, aprovechar una nueva etapa de su vida y recordarle a su familia que el trabajo honesto también puede abrir caminos.
“Querer es poder”, resume Rosa Isela.














