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Desde el 8 de octubre de 2025, la casa de Cinthia se transforma dos veces por semana en un punto de encuentro para la comunidad de Urbivillas del Real, en Mazatlán.
En su cochera, niñas, niños y adultos mayores reciben alimentos nutritivos, pero también compañía, respeto y una oportunidad para convivir.
Cinthia está al frente del comedor comunitario FODEN, instalado en su domicilio por las condiciones del lugar y su ubicación, cerca de instituciones educativas del sector. Su experiencia como voluntaria en otros comedores la llevó a aceptar la invitación de la fundación.
“Me agradó la idea porque es bonito ayudar, me gusta ayudar”, expresa.

El comedor funciona los miércoles y viernes, de las 12:00 a las 13:30 horas. Tiene registrados a 40 menores, de entre uno y 17 años, además de entre 10 y 15 adultos mayores. Aunque seis o siete personas mayores acuden con regularidad, los niños son quienes mantienen lleno el espacio.
Una familia que enseña con el ejemplo
La labor de Cinthia no la realiza sola. Su esposo y sus tres hijos participan en la limpieza, acomodan mesas y sillas y ayudan a mantener el comedor listo para recibir a los beneficiarios. Los menores también aprenden a levantar sus platos, cuidar la higiene y valorar los alimentos.
“Para mí es enseñarles a convivir con las personas de la comunidad y ayudar, hacerlo con amor”, señala Cinthia sobre la participación de sus hijos.
La familia procura que cada comida sea un momento agradable. Los niños suelen decir que la comida queda rica e incluso invitan a sus amigos. 
En algunas ocasiones, antes de comer, integrantes del programa PREBIEM, de Grupo Petroil, realizan actividades lúdicas que fortalecen la convivencia.
Cinthia cocina con el apoyo de una voluntaria los miércoles; los viernes, en ocasiones, trabaja sola. Aun así, asegura que el esfuerzo vale la pena porque la necesidad en el sector es amplia.
“FODEN me dio la oportunidad de ser esa herramienta de ayuda para la comunidad, para las personas que lo necesitan”, afirma.
Además de atender el comedor, Cinthia trabaja por las tardes medio tiempo en la panadería Cuitláhuac, ubicada en el mercado del Conchi. Su jornada combina empleo, familia y servicio comunitario. 
Para ella, abrir las puertas de su hogar ha permitido que la ayuda se multiplique: cuando los vecinos observan a la familia preparando el espacio, también se suman. Así, una cochera se convirtió en comedor y una iniciativa familiar en una red de colaboración.
“La verdad mi familia es muy bendecida por tener este programa”, dice Cinthia, quien encontró en servir alimentos una forma de fortalecer a su comunidad y transmitir a sus hijos que ayudar también es una manera de educar.



















