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Antes de tener un restaurante en Culiacán, Isabel Lara Ávila tenía una idea muy sencilla de lo que debía ser una buena comida: comida de verdad.
No buscaba nombres complicados ni platillos que solo llamaran la atención por su presentación. Quería servir aquello que conoce desde siempre: tortillas recién hechas, guisos mexicanos, porciones que satisfagan y alimentos preparados al momento.
Así nació La Casa de Isa, un negocio que comenzó en 2019 y que hoy, siete años después, se ha convertido en el proyecto de toda una familia.
Pero detrás de cada plato hay una historia que comenzó mucho antes.
Isabel nació en el poblado conocido como El Gato de Lara, cuyo nombre oficial es Poblado Leopoldo Sánchez Celis, en el municipio de Angostura. Desde joven supo que quería estudiar. En una época en la que sus hermanos solo pudieron cursar la primaria, ella insistió hasta conseguir una carrera técnica en Contabilidad y Administración.
A los 23 años se casó y, dos años después, se mudó a Culiacán junto con su esposo. Aquí trabajó, crió a sus tres hijos y enfrentó durante años el reto de sacar adelante a su familia mientras su esposo debía ausentarse por trabajo.
Cuando sus hijos crecieron, Isabel sintió la necesidad de volver a trabajar.
Encontró empleo haciendo tortillas y, aunque su esposo le decía que no tenía necesidad de hacerlo, ella encontró ahí algo más que un ingreso.
“Ya no me duele la cabeza, me entretengo, platico, gano mi dedito que es mío”, recuerda.
Estuvo tres años en ese trabajo, recorriendo diferentes áreas, hasta que en enero de 2019 presentó su renuncia.
Un mes después abrió su primer negocio de desayunos y comidas.
La historia detrás de La Casa de Isa y su fundadora

Con el tiempo, aquel pequeño establecimiento se transformó en La Casa de Isa, ubicada en el andador Mariano Matamoros, entre Javier Mina y 16 de Septiembre, a un costado del estacionamiento de Plaza Fiesta. Su propuesta es sencilla y precisamente ahí está parte de su encanto: comida mexicana preparada para disfrutarse como en casa.
De lunes a viernes ofrece desayunos de 7:30 de la mañana a 12:00 del mediodía y comida de 12:00 a 3:30 de la tarde. Los fines de semana abre hasta la 1:00 de la tarde con desayunos y menú.
Los platillos cambian durante la semana: pozole, mole, asado, cazuela, enchiladas mexicanas, pollo en crema, albóndigas, bistec ranchero, fajitas de pollo, chiles rellenos, carne de puerco en chile colorado, enchiladas suizas y pescado empapelado, entre otras opciones.
Y hay algo que Isabel defiende especialmente: que la comida llegue recién preparada.
“La mayoría de los alimentos están preparados en el momento. No es de que hagamos una charola y ya nada más estemos sirviendo”, explica.
Para ella, esa diferencia importa.
También por eso, cuando sale a comer fuera, suele buscar algo distinto a lo que ofrece en su propio restaurante. Pero cuando encuentra un lugar que sirve comida mexicana como la que ella conoce, espera encontrar buen sazón, porciones adecuadas y precios razonables.
Esa es justamente la experiencia que busca ofrecer en La Casa de Isa.
Comida mexicana recién hecha es el sello de La Casa de Isa

La historia tiene una parte todavía más especial. El restaurante también representa la manera en que Isabel hizo realidad un sueño que perteneció a su mamá.
Su madre vivía en El Gato de Lara y, en una época en la que no tenía permitido trabajar fuera de casa, solía pasar por los restaurantes de Culiacán cuando visitaba a una familiar.
“¿Cómo me gustaría trabajar en un negocio de esos?”, decía. Su mamá murió cuando Isabel tenía apenas 25 años. Nunca alcanzó a verla detrás de una cocina propia.
Hoy, cada vez que Isabel mira su restaurante, sabe que una parte de ese sueño también está ahí.
“Pues feliz”, responde cuando habla de haberlo conseguido.
Un restaurante familiar que honra un sueño materno

En La Casa de Isa no solo trabaja Isabel. Su hijo mayor está al frente de la cocina y se encarga también de capacitar al personal. Otro de sus hijos trabaja en caja. Su hija participa en la decoración, mientras su esposo se suma durante los fines de semana.
También trabajan mujeres, muchas de ellas mamás, a quienes Isabel busca capacitar para que puedan tener un empleo.
Actualmente, uno de sus principales objetivos es fortalecer la atención al cliente. No busca meseros de etiqueta, sino personas trabajadoras con disposición para aprender.
Porque para Isa, cocinar rico es importante, pero recibir bien a quien llega también forma parte de la experiencia.
La Casa de Isa cuenta además con un área refrigerada para los días de calor y un espacio privado que puede utilizarse para reservaciones de hasta 20 personas.
Después de siete años, Isabel reconoce que todavía tiene sueños por cumplir. Hay días buenos y otros en los que siente que todo vuelve a empezar, pero su familia permanece a su lado.
Y así continúa esta historia: una mujer que decidió estudiar cuando pocos a su alrededor lo hacían, que trabajó mientras criaba a sus hijos, que comenzó haciendo tortillas y que terminó convirtiendo una cocina familiar en un restaurante propio.
La Casa de Isa es, finalmente, eso: una casa donde la comida mexicana se prepara con trabajo, familia y el gusto de servir algo que sabe a comida de verdad.


















