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Culiacán, Sinaloa.- En la colonia Ignacio Allende, el aroma del pan recién horneado acompaña las mañanas de quienes se acercan a Pan Pamela, una panadería artesanal que Olga Cristina Corral Molina, de 57 años, mantiene en funcionamiento desde hace casi 12 años.
La clave de esta panadería es una receta que privilegia la tradición, el trabajo familiar y la calidad de sus ingredientes.
Ubicada en la avenida Juan de la Barrera, a calle y media del bulevar Universitarios, la panadería nació en octubre de 2014 como un proyecto que Olga emprendió junto a su esposo, Martín Tapia, y su hija.
Hoy, a cinco años del fallecimiento de su compañero de vida, ella está al frente del negocio, acompañada por su hijo y un equipo de cinco colaboradores.

La historia de Pan Pamela también es la de una familia que encontró en el pan de mujer una forma de construir su propio camino.
Un horno artesanal que guarda la historia familiar
La idea de emprender surgió a partir de la experiencia de familiares de su esposo, quienes ya conocían el oficio. Con esa referencia, Martín decidió iniciar su propia panadería y construir el horno que todavía utilizan.
No fue un trabajo sencillo. El primer horno, elaborado artesanalmente con piedra, tierra y barro, se derrumbó durante en 2015, apenas unos meses después de abrir el negocio.
Martín volvió a levantarlo, esta vez con la ayuda de un albañil. Aunque ninguno tenía experiencia construyendo hornos de ese tipo, lograron sacar adelante la obra que hoy forma parte de la identidad de Pan Pamela.
Desde entonces, el proceso de elaboración conserva su carácter artesanal: utilizan leña para calentar el horno, preparan las brasas y limpian el espacio antes de introducir las charolas. No tienen amasadoras ni cortadoras industriales; buena parte del trabajo depende de las manos y la experiencia de quienes participan.
El sabor tradicional que los clientes siguen buscando
Cada jornada comienza a las 8:00 de la mañana. Mientras se preparan las levaduras y se enciende el horno, el equipo organiza la producción de pan integral y de harina tradicional.
Entre las variedades que ofrecen están las empanadas de piloncillo, calabaza, cajeta y queso crema, además de conchas, pan de Nutella, pan chipotle y pan pizza.
La producción comienza a salir alrededor de las 11:30 de la mañana y, conforme el pan está listo, los clientes se acercan para comprarlo. Algunos prefieren esperar a que salga una nueva tanda; otros dejan que el aroma y la apariencia del pan recién horneado despierten el antojo.
Aunque Olga ha probado incorporar otros sabores, como guayaba y piña, la respuesta de sus clientes confirma que existe una preferencia por las variedades tradicionales que dieron origen al negocio.
Para ella, conservar esa calidad es una decisión que está por encima de aumentar las ganancias. Por eso procura utilizar los mismos ingredientes, incluso cuando los precios suben, y evitar sustituciones que puedan modificar el sabor del producto.
Una familia y un equipo que siguen adelante
Actualmente, Olga combina la dirección del negocio con el trabajo cotidiano. Su hijo se encarga de las compras y de estar pendiente de otros aspectos de la operación, mientras ella apoya a las colaboradoras cuando hace falta, especialmente durante sus vacaciones.
Aunque conoce prácticamente todas las tareas de la panadería, una operación previa en la columna le impide realizar esfuerzos físicos intensos, como amasar. Eso no la ha alejado del negocio ni de la dinámica de trabajo que comparte con su equipo.
Los días difíciles también forman parte de la experiencia. Las lluvias, el viento y las bajas temperaturas afectan el trabajo porque buena parte de las actividades se realizan a la intemperie. A esto se suman las temporadas en que disminuyen las ventas, como ha ocurrido durante la actual situación económica.
Sin embargo, Olga reconoce que el balance de estos años ha sido positivo y encuentra una motivación especial en los comentarios de quienes disfrutan su pan.
"La clave, como siempre le digo a todo mi equipo de trabajo, es hacer las cosas con amor. Porque el que te digan, 'Ay, qué rico, se me antojó este pan', es una satisfacción muy grande”, comparte para Tus Buenas Noticias.

La constancia como ingrediente para emprender
Después de casi 12 años, Olga tiene claro que mantener un negocio requiere paciencia y disposición para adaptarse. No todos los días son buenos, pero considera que una jornada de pocas ventas no debe ser motivo para abandonar el esfuerzo.
Su consejo para otros comerciantes y para los culichis que atraviesan tiempos complicados es seguir adelante y buscar alternativas cuando las cosas no salen como se esperaba.
“Así como hay días buenos, hay días malos, pero no por eso hay que cerrar, siempre hay que ser constantes", enfatizó.
En Pan Pamela, esa perseverancia se refleja cada mañana en el horno encendido, las manos que preparan cada pieza y la atención a quienes llegan en busca de pan de mujer.













