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En una ciudad donde las flores acompañan celebraciones, despedidas y momentos especiales, Juan Ventura Pérez ha construido una historia de esfuerzo al frente de la Florería Murúa, en Mazatlán.
Aunque al principio no imaginaba dedicarse a este oficio, con paciencia y trabajo logró convertirlo en el sustento de su familia.
La florería tiene seis años en su actual giro, pero el local guarda una historia familiar de más de dos décadas.
Antes, su padre tenía ahí un negocio dedicado a la venta de muebles y estantes para farmacias. Cuando decidió cambiarse a otro establecimiento, Juan vio una oportunidad y apostó por las flores.
“Pensamos que nos podía ir bien con este negocio, hemos tenido buenas y malas temporadas, pero ahí vamos poco a poco”, comparte.

De la duda a una pasión
Su aprendizaje comenzó gracias a un amigo que tenía una florería en el Centro. Juan acudió para ayudarle, aunque al principio elaborar arreglos le parecía una tarea complicada.
“Yo no sabía de flores. Me decía: ‘ayúdame’, y fui, pero no me gustaba este negocio. Se me hacía muy difícil hacer un arreglo; yo lo miraba y decía: ‘está muy complicado’”, recuerda.
Sin embargo, decidió no rendirse. Con práctica y la guía de su amigo, fue adquiriendo experiencia hasta descubrir que aquel trabajo que inicialmente le parecía difícil podía convertirse en una verdadera pasión.
“Él me fue enseñando, le batallé, pero aprendí y luego me gustó”, expresa.

Hoy, en Florería Murúa se ofrecen arreglos con flores naturales y artificiales, además de algunas plantas como romero, menta y ruda. Cada producto requiere cuidados distintos, especialmente en Mazatlán, donde las altas temperaturas pueden afectar la conservación de las flores naturales.
Para Juan, emprender no ha sido sencillo. Hay temporadas en las que las ventas disminuyen y los gastos continúan, pero la constancia le ha permitido mantenerse firme. Las fechas especiales, como el 10 de mayo, el 14 de febrero, el 21 de marzo, septiembre —cuando se regalan flores amarillas— y el Día de Muertos, representan los momentos de mayor movimiento.
“Hay días buenos y malos. Hay meses en que ya no haya uno la puerta, pero no hay que perder la fe. Si hoy no se vende, mañana será mejor”, afirma.
Los ramos de rosas y gerberas son algunos de los productos más solicitados, debido a que son prácticos y fáciles de transportar. Para atender a sus clientes, Juan y su familia mantienen un horario de 8 de la mañana a 8 de la noche, con un día fijo de descanso.
“Hay que estar siempre atentos, al pie del cañón, porque los clientes no tienen hora”, señala.
Originario de Puebla, Juan llegó a Mazatlán a los 13 años junto con sus padres. Su vocación comercial nació en casa, pues su padre siempre se dedicó al comercio. Con el paso del tiempo, Juan hizo suyo ese ejemplo y lo transformó en una florería que hoy representa estabilidad y esperanza. 
“La gente piensa que es fácil ser emprendedor, pero la verdad es difícil. Hay veces que se complican los pagos, pero al fin hemos salido adelante”, reconoce.
Su fórmula para continuar es sencilla, pero poderosa: ofrecer flores de calidad y tratar bien a cada persona que cruza la puerta.
“Yo creo que el éxito es gracias al buen trato y al buen producto que vendemos. Si tratas bien a la gente, regresa”, concluye.
Así, entre rosas, gerberas y plantas aromáticas, Juan Ventura sigue haciendo florecer su negocio y demostrando que la perseverancia puede transformar una oportunidad en una historia de vida.

















