¿Quieres resumir esta nota?

Para Ti

A los 10 años ya cargaba con cuatro oficios a cuestas: bolero, chiclero, paletero y nevero en el centro de Culiacán. Hoy, a los 68, Evaristo Félix Carrizosa trabaja en su bodega en Quilá, al sur de Culiacán, con la misma energía de aquel niño que aprendió temprano que el trabajo es la mejor escuela.

Este local está a unos 200 metros antes del arco de entrada a la sindicatura. Junto a su hijo, vende madera para obra a albañiles y contratistas. Pero detrás del mostrador hay una vida que no cabe en un solo oficio y una batalla contra el cáncer de garganta que pudo haberlo detenido para siempre.

Oficios y experiencias

A los 17 años, viviendo aún en la capital del estado, entró a una fábrica de sacos y cordeles en la que trabajó por dos años y luego pasó siete en el área de mantenimiento en otra empresa local que ya desapareció. 

Fue empleado de la Secretaría de Salud en la sección de paludismo, abrió una ferretería en Navolato y también fue contratista: fue el encargado de la electricidad y plomería de 250 casas frente al Ingenio Navolato. Después fue encargado de mantenimiento de una cadena cervecera en Culiacán durante cinco años.

El accidente que cambió su vida

El giro llegó por accidente. Ayudaba a un amigo a reparar unos muebles que se habían desalineado por el cambio de clima, cuando por accidente se cortó y perdió parte de un dedo. Nunca había trabajado con un carpintero, pero decidió convertir el golpe en oportunidad.

“Bueno, pues a este dedo mocho le voy a sacar provecho”, se dijo.


Aquella herida cambió su rumbo: serían 35 años de carpintería. Aprendió el oficio sin maestro, desde cero. Empezó fabricando bases para cama en el taller que armó detrás de su casa, en un terreno. Con un solo empleado, él mismo torneaba 300 piezas diarias.

Fabricó muebles al mayoreo para quienes vendían en abonos; después llegaron las cocinas y los closets. No había internet ni tutorial así que avanzó a prueba y error y en cursos de acabados. Cuando el empleado terminaba sus ocho horas, él seguía, era carpintero, pintor y lo que hiciera falta.

Caprichos de la vida

Fue justo cuando el negocio agarraba camino que llegó la prueba más dura: un cáncer de garganta, a los 55 años. Su hijo tuvo que tomar las riendas del negocio mientras él enfrentaba el tratamiento.

“Me aventé 35 radiaciones, 30 quimios. Y gracias a Dios, salí adelante”, recuerda para Tus Buenas Noticias.


Tres pilares se asoman en su relato: la fe, el respaldo de su familia y una vida entera acostumbrada al esfuerzo, que parece haberle dado el temple para no rendirse. Fue uno de sus hijos quien sostuvo el negocio en el momento más frágil, y fue Evaristo quien, ya recuperado, regresó al trabajo.

Hoy, a los 68 años, Evaristo, el carpintero sigue en pie, y esa constancia es quizá su mejor respuesta a la enfermedad.

En 2020, en plena pandemia, llegó a Quilá, tierra de su esposa y se quedó. Hoy rentan el local donde ofrecen madera de pino y cedro. Llevan alrededor de cinco años en el giro. En sus ratos libres siguen fabricando bases y comedores que venden al público al costo de la madera.

Vienen cosas buenas

Lejos de conformarse, el proyecto sigue creciendo. Están en proceso de conseguir un local más grande, con área de exhibición de muebles, venta de madera y fabricación. No descartan fabricar muebles de nuevo, aunque por ahora ni los espacios ni los tiempos lo permiten.

Así, el oficio que le dio sustento durante 35 años podría volver a ocupar el centro de su historia.

Además del hijo que lo acompaña, tiene otro hijo médico y una hija psicóloga en Tijuana: profesionistas que se formaron con el fruto de su trabajo. El ejemplo alcanza a sus nietos pues en vacaciones los pone a trabajar en la bodega y les paga, en lugar de dejarlos todo el día frente al teléfono. 

Admite que económicamente no es negocio, pero sí una inversión:

“Los estoy formando, los estoy ayudando a formarse”. Para él, el trabajo es bueno y es la herramienta que le permitió levantarse una y otra vez.


Mensaje directo 

Con la experiencia que la vida le ha dado, envía un mensaje a la juventud de que no se distraigan con la inteligencia artificial y que se concentren en prepararse y en saber trabajar.

“No es la preparación intelectual nada más la que te va a sacar adelante, sino la preparación en aprender de la vida”, sostiene.


Para él, la experiencia práctica es un salvavidas ante los fracasos y con ello advierte que quien no está preparado puede caer en la depresión o en las drogas cuando el mundo parece venirse abajo. Y cierra con una convicción que resume su trayectoria:

“Cuando una persona sabe defenderse, sabe trabajar, lo que se le presente en la vida lo va a superar”.


Evaristo Félix Carrizosa no es un hombre que presuma sus batallas. Las cuenta con sencillez, sin drama. Y en cada una de ellas, desde el niño que vendía paletas hasta el sobreviviente de cáncer que hoy atiende a sus clientes, hay una lección de resiliencia que bien vale la pena escuchar.


Imagen 1
Imagen 2
Imagen 3
Imagen 4
Imagen 5
Imagen 6
Preguntas y respuestas
Erick Valenzuela
Erick Valenzuela

Erick Valenzuela tiene 13 años como periodista, de los cuales, los primeros 8 de ellos daba cobertura temas de seguridad y nota roja, sin embargo, su evolución en el periodismo lo llevó a conocer del tema de salud pública, educación y recientemente el ámbito legislativo. Actualmente se desenvuelve en Tus Buenas Noticias con ediciones impresas en el municipio de Eldorado, y las sindicaturas de Quilá, Costa Rica así como la región Humaya, para contar sus historias, resaltar a su gente y mantener en la memoria colectiva sus tradiciones y subculturas.

Ver más notas de Erick Valenzuela →