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Cuando Luis Navarrete perdió su trabajo en un restaurante de Mazatlán, él y su esposa Brenda enfrentaron una pregunta urgente: ¿cómo sostenerse lejos de su ciudad?.
La pareja, originaria de Los Mochis, decidió convertir una dificultad en una oportunidad y emprender con un producto que extrañaban: elotes preparados al estilo de su tierra.
Así nació Sierra Snacks, un negocio que comenzó hace dos años con un carrito pequeño en Pradera Dorada. Luis, quien estudió gastronomía y tiene experiencia en cocina, se encarga de preparar los productos. Brenda, formada en marketing, lleva las redes sociales, la publicidad y atiende el punto de venta del sector. 
Antes de emprender, Luis había llegado a Mazatlán para capacitar personal en un restaurante. Tras un año, fue despedido por movimientos internos. Trabajó un tiempo como mesero en un antro mientras buscaba otra oportunidad en cocina, pero el horario no se ajustaba a su vida.
Brenda ya le había sugerido iniciar algo propio, aunque abrir un restaurante o una birriería requería una inversión que no tenían.
La idea tomó forma cuando notaron que no encontraban en Mazatlán los elotes como los preparaban en Los Mochis. Decidieron probar con un negocio pequeño, comprar lo necesario y rentar un carrito. Al principio, el permiso para instalarse tardó y algunos días no vendían lo suficiente. Luis combinó el emprendimiento con su trabajo en el antro hasta que también fue recortado.
Un sabor distinto que ganó clientes
La propuesta de Sierra Snacks se distingue por mezclar mayonesa, crema y aderezo de chipotle en un bowl, para que los sabores se integren en todo el elote. Al inicio, a los clientes les parecía extraña esa preparación, pero poco a poco se acostumbraron y comenzaron a recomendarla. 
“Batallamos y luchamos juntos”, cuenta Luis. La pareja también vende fresas con crema, cacahuatadas y papas preparadas. El nombre del negocio surgió del apodo de Luis: Brenda propuso “Sierra Snacks” para que pudieran ampliar la oferta más allá de los elotes.
Actualmente atienden en Pradera Dorada, de 5:30 a 10 de la noche, y en Plaza San Joaquín, un segundo punto de venta que abrió hace cuatro meses. El crecimiento les permitió generar un empleo y sumar a un trabajador al equipo.
Para Luis, emprender también ha sido una escuela de paciencia y desarrollo personal. Además de cocinar, ha tenido que encargarse de compras, preparación, administración y redes sociales; tareas que Brenda complementa con sus conocimientos de marketing.
“Por más pequeño que empieces, no lo menosprecies. Tenle cariño, échale ganas y tenle fe”, aconseja.

Reconoce que hay meses buenos y otros difíciles, pero anima a no rendirse cuando el negocio atraviesa una mala etapa.
Brenda y Luis todavía enfrentan los retos de emprender en una ciudad marcada por tiempos complicados. Sin embargo, han logrado construir el proyecto en equipo, apoyándose en sus habilidades y adaptándose a lo que el negocio necesita.
Su meta es que más personas en Mazatlán conozcan y prueben sus productos, y abrir nuevos puntos de venta por toda la ciudad. Si más adelante surge la posibilidad de tener un restaurante, Luis dice que lo hará “con todo el amor del mundo”. Mientras tanto, cada tarde siguen sirviendo una probadita de Los Mochis y demostrando que un comienzo pequeño puede crecer cuando se trabaja con constancia y en pareja.




















