El urbanista colombiano Carlos Mario Rodríguez plantea que la acción ciudadana es clave para reconstruir la paz y la equidad en Culiacán
Con una amplia participación ciudadana, el experto expuso en Culiacán cómo el urbanismo, acompañado de acciones reales y participación social, puede convertirse en una herramienta clave para reconstruir la paz y fortalecer la identidad de la comunidad


¿Quieres resumir esta nota?
Con una gran participación ciudadana que llenó los espacios y generó diálogo activo, el encuentro evidenció que existe un interés creciente por construir una mejor ciudad desde lo colectivo.
La charla fue presentada en dos escenarios clave de la ciudad: la Facultad de Arquitectura de la UAS y el Jardín Botánico de Culiacán, lo que permitió acercar el mensaje tanto a la comunidad académica como al público en general, ampliando su alcance y fortaleciendo la conversación en distintos sectores.
Organizada por IMPLAN Culiacán, Mapasin y Fundación Coppel, la conferencia giró en torno a una idea clara: no basta con imaginar ciudades más justas, es necesario accionar para lograrlas. Y en esa línea, una de las frases que más resonó entre los asistentes fue directa y contundente: la transformación no ocurre sin acciones concretas.
El territorio que construye identidad
Desde el inicio, el arquitecto, quien fue Gerente General de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) en Medellín, invitó a replantear la manera en que entendemos el territorio. Más allá de calles, edificios o infraestructura, habló de su dimensión simbólica y social.
El territorio tiene valor en la medida que tiene una identidad simbólica”
Una afirmación que llevó a reflexionar sobre la importancia de reconocer las historias, dinámicas y heridas de cada comunidad, quienes construyen y dan significado a los espacios y territorios.
En contextos marcados por la desigualdad o la violencia, explicó, este enfoque se vuelve aún más relevante, subrayando que no se puede intervenir un espacio sin comprender profundamente a quienes lo habitan.
Ese concepto de territorio es fundamental... sobre todo cuando trabajamos con poblaciones vulnerables que han tenido esa deuda de violencia”, señaló.
Durante su intervención, insistió en que muchas veces se prioriza lo visible —la obra física— sin atender lo esencial. Esta idea conectó con una audiencia que, desde distintas trincheras, busca incidir en el desarrollo urbano de la ciudad.
Lo importante no es el contenedor de esas actividades sino el contenido... aquello que no logramos ver, pero que es lo que construye sociedad”, expresó.
La participación de los asistentes no se limitó a escuchar; hubo preguntas, comentarios y reflexiones que enriquecieron la conversación, demostrando que el interés ciudadano por estos temas va en aumento. La sala no solo estaba llena, también estaba atenta y comprometida.

Calles dignas, ciudadanos dignos
Uno de los momentos más significativos de la ponencia fue cuando abordó el papel del espacio público. Para el arquitecto, la calle representa mucho más que un lugar de tránsito: es el escenario donde se construye la vida en común.
El espacio público es el salón de la ciudad”, afirmó, al tiempo que destacó la responsabilidad de dotarlo de identidad y sentido.
En ese contexto, lanzó una de las ideas más potentes de la jornada: “Si tenemos calles dignas, tenemos ciudadanos dignos”, una frase que arrancó asentimientos entre los presentes. No se trata únicamente de pavimentar o iluminar, explicó, sino de diseñar espacios que respeten, incluyan y representen a las personas.
La calle es una concepción integral, es una concepción que nos permite darle dignidad al ciudadano”, agregó.
Esto buscando reforzar la idea de que el urbanismo debe centrarse en mejorar la calidad de vida de quienes habitan la ciudad. Pero más allá del diseño urbano, el mensaje también tocó la dimensión social y política de la transformación.
La sociedad no es el objeto de transformación, es el sujeto”, dijo, dejando claro que cualquier cambio real debe construirse con la participación activa de la gente.
En ese sentido, cuestionó las prácticas tradicionales de gestión pública que se limitan a la ejecución de obras sin generar procesos de aprendizaje, provocando una reflexión sobre la manera en que se conciben los proyectos urbanos.
“Las actuaciones públicas tienen que siempre dejar saldos pedagógicos, o sea, no son solamente para ir a inaugurar con una cinta”.
La confianza, añadió, no se decreta, se construye. “La confianza se articula con credibilidad... se gana a través de acciones reales y no a través de micrófonos”, una frase que resonó especialmente en un contexto donde la ciudadanía exige resultados tangibles.

Culiacán y su gran potencial
En este punto, el arquitecto también hizo una pausa para hablar directamente de Culiacán. Señaló que la ciudad tiene un gran potencial de transformación si se apuesta por el espacio público y la participación ciudadana, reconociendo que, como muchas urbes de América Latina, enfrenta retos vinculados a la desigualdad y la violencia.
Sin embargo, enfatizó que también existen oportunidades reales para reconstruir el tejido social desde el territorio, especialmente si se priorizan acciones que dignifiquen la vida cotidiana.
Bajo esta mirada, destacó que el cambio en Culiacán no depende únicamente de grandes obras, sino de decisiones que pongan al ciudadano en el centro, fortaleciendo la confianza y promoviendo espacios de encuentro.
El cierre de la ponencia estuvo marcado por un mensaje de esperanza, pero también de responsabilidad. Frente a escenarios complejos, el arquitecto planteó la necesidad de cambiar la narrativa.
“Pasar del miedo a la esperanza”, dijo, invitando a imaginar ciudades donde las oportunidades sustituyan a la violencia. Sin embargo, dejó claro que ese cambio no ocurre por sí solo.
“Hay que creer y hay que asumir un riesgo. Si no asumimos riesgo, no va a pasar nada”, expresó, conectando con el llamado central de su visita: actuar.
Finalmente, recordó que el verdadero motor de la transformación está en las oportunidades que se generan para las personas. “Se salva la sociedad a partir de oportunidades”, concluyó, en una jornada que no solo dejó ideas, sino también el impulso de llevarlas a la práctica.
La ponencia no fue solo un espacio de reflexión, sino un punto de encuentro donde ciudadanía, academia e instituciones coincidieron en algo fundamental: la ciudad que se sueña es posible, pero requiere compromiso, participación y, sobre todo, acción.

Puntos clave para la transformación urbana:
- Calle vs. vía: darle vida a la calle como espacio de convivencia; la vía, solo de tránsito.
- Dignidad al caminar: banquetas seguras para disfrutar la ciudad.
- Movilidad como equidad: el transporte público como espacio democrático.
- Naturaleza e identidad: reconectar la ciudad con sus ríos y entorno natural.









