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¿Cómo llegan los niños a la escuela?: Importancia del camino

El trayecto escolar revela desigualdades urbanas: calles inseguras, tráfico y falta de infraestructura limitan la autonomía infantil y evidencian la urgencia de diseñar ciudades pensadas para todas las personas.

30 abril, 2026
Niñas y niños enfrentan calles con tráfico y banquetas deterioradas en su camino diario a la escuela
Niñas y niños enfrentan calles con tráfico y banquetas deterioradas en su camino diario a la escuela

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Para muchas personas adultas, moverse por la ciudad ya implica encontrarse con innumerables obstáculos, ahora imagina hacerlo desde la mirada de una niña o un niño. Banquetas en mal estado o inexistentes, autos circulando a altas velocidades y calles poco seguras convierten un trayecto cotidiano en una experiencia de riesgo.

Lo que para una persona adulta puede ser incómodo, para la infancia puede ser peligroso.

El camino a la escuela no es solo un traslado. Es un espacio de aprendizaje, de descubrimiento y de relación con la ciudad. Sin embargo, durante años hemos diseñado entornos que limitan esta experiencia, priorizando el uso del automóvil sobre cualquier otra forma de movilidad.

Niñas y niños enfrentan calles con tráfico y banquetas deterioradas en su camino diario a la escuela. Sol de Tijuana
Niñas y niños enfrentan calles con tráfico y banquetas deterioradas en su camino diario a la escuela. Sol de Tijuana

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Esto ha llevado a escenas comunes: tráfico intenso en horarios escolares, filas de autos y vehículos estacionados en doble fila. Pero no todas las niñas y los niños llegan en coche, la mayoría caminan o utilizan transporte público, enfrentando condiciones que no siempre son seguras.

Caminar a la escuela debería ser una experiencia cotidiana y enriquecedora. Es una oportunidad para desarrollar autonomía, fortalecer el entorno y formar parte activa de la vida urbana.

La falta de infraestructura limita la movilidad infantil en las ciudades

Hablar del trayecto escolar es hablar del diseño de nuestras calles.

Durante décadas, el espacio público ha sido pensado para los automóviles, dejando en segundo plano a quienes caminan o tienen menor autonomía. Esto incluye, especialmente, a la infancia.

Hablar de calles seguras para niñas y niños es hablar de entornos escolares donde moverse no implique un riesgo constante. Reducir la velocidad vehicular es uno de los primeros pasos.

Pero no es lo único. Se necesita infraestructura digna, banquetas continuas, cruces seguros, señalización clara y elementos físicos que obliguen a reducir la velocidad.

Los “entornos escolares seguros” son un ejemplo de cómo estas transformaciones pueden hacerse realidad. Al limitar el acceso vehicular en horarios clave, se recupera el espacio público para las personas. Las calles dejan de ser zonas de riesgo y se convierten en espacios de encuentro.

Propuestas para recuperar la autonomía de los niños en el entorno urbano

Diseñar calles para la infancia también implica cambiar la perspectiva: si una calle es segura para una niña o un niño, es segura para todas las personas, adultos mayores, personas con discapacidad, ciclistas y peatones en general se benefician de entornos más accesibles, legibles y humanos.

En las últimas décadas, la infancia ha perdido algo fundamental: la posibilidad de moverse libremente por la ciudad. Factores como la distancia, el tráfico y la inseguridad han reducido sus oportunidades de explorar, jugar y convivir. Esto impacta directamente en su desarrollo y en la forma en que se relacionan con su entorno.

El pedagogo Francesco Tonucci propone en “La ciudad de los niños: ¿Por qué necesitamos de los niños para salvar las ciudades?” devolver a los niños su autonomía de movimiento mediante la propuesta “A la escuela, vamos solos”.

Ésta propuesta invita a recuperar la autonomía, permitiendo que niñas y niños se desplacen por su cuenta en entornos seguros, con el objetivo de reencontrar la libertad necesaria para crecer bien, y la responsabilidad de diseñar una ciudad segura para todos.

Lograrlo implica un cambio profundo, diseñar ciudades donde moverse no sea un riesgo, sino un derecho (porque lo es). Al garantizar un camino seguro a la escuela no solo transforma el trayecto, transforma la ciudad entera.

Autora: Anel Mejía. Auxiliar de proyectos en Mapasin. Licenciada en Diseño Urbano y del Paisaje por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Diplomado Internacional de Movilidad Urbana por la Universidad de Guadalajara.

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