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La vida pública en la banqueta: comercio formal, ambulantaje y la disputa por el espacio en Culiacán

Entre puestos semifijos, peatones y automóviles, las banquetas del Centro de Culiacán reflejan la disputa por el espacio público y el desafío de construir una ciudad más accesible, segura y humana

22 mayo, 2026
La vida pública del primer cuadro de Culiacán evidencia la necesidad de diseñar calles más habitables, accesibles y pensadas para las personas. ADN
La vida pública del primer cuadro de Culiacán evidencia la necesidad de diseñar calles más habitables, accesibles y pensadas para las personas. ADN

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Las banquetas del Centro de Culiacán son, sin temor a equivocarnos, son un elemento comercial muy grande, diverso y democrático de nuestra ciudad.

Lejos de ser solo vías para ser transitadas y caminar de un punto a otro, las banquetas de nuestro primer cuadro albergan un ecosistema complejo donde la economía, la cultura y la supervivencia diaria convergen. En ellas se siente la verdadera vida pública de la ciudad.

Sin embargo, este espacio también es el escenario de una disputa histórica. La tensión entre el comercio formal, el ambulantaje y el derecho de los ciudadanos a una movilidad libre y segura ha sido abordada tradicionalmente desde una perspectiva de restricción, estética y en ocasiones hasta clasista: remover lo informal para “limpiar” la imagen urbana.

Especialistas plantean ampliar banquetas y redistribuir el espacio vial para garantizar movilidad segura sin afectar las fuentes de empleo del comercio popular
Especialistas plantean ampliar banquetas y redistribuir el espacio vial para garantizar movilidad segura sin afectar las fuentes de empleo del comercio popular

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Pero si cambiamos la perspectiva y analizamos el problema desde el urbanismo humanista, entendemos que las banquetas no necesitan vaciarse, sino rediseñarse bajo la premisa de que la actividad comercial y la accesibilidad universal pueden, y deben, coexistir.

La radiografía de la coexistencia y sus tensiones

El Centro de Culiacán vive una dinámica peculiar de interdependencia económica. Por un lado, los locatarios formales sostienen una infraestructura fija, pagan impuestos locales y generan empleos estables.

Por el otro, el comercio ambulante e informal representa el desahogo de una realidad económica compleja; una respuesta ciudadana que busca llevar el sustento a los hogares aprovechando los flujos peatonales que generan, precisamente, los comercios establecidos y las paradas de camión.

Esta convivencia, desafortunadamente, ocurre hoy en un entorno hostil. La saturación de puestos semifijos en puntos críticos (como los alrededores del Mercado Garmendia o los ejes de la Avenida Álvaro Obregón y el Bulevar Domingo Rubí) reduce el espacio efectivo para caminar a dimensiones mínimas.

Cuando la banqueta se satura, el usuario más vulnerable de la pirámide de la movilidad queda desprotegido. Los peatones se ven obligados a bajar al arroyo vehicular, disputando el espacio directamente con los camiones urbanos y los automóviles, lo que eleva drásticamente los índices de siniestralidad vial en el primer cuadro. Que, dicho sea de paso, la colonia Centro, de manera constate se suele situar en el top tres de colonias con más siniestros viales y atropellamientos.

El laberinto normativo y la realidad de la calle

Para regular esta disputa, el Ayuntamiento de Culiacán se apoya en un marco normativo específico: el "Reglamento de Comercio en la Vía Pública del Municipio de Culiacán”.

Este instrumento jurídico otorga facultades a la autoridad municipal para emitir permisos, delimitar zonas prohibidas y supervisar que las actividades económicas no obstruyan la infraestructura estratégica.

Sin embargo, la realidad de la calle siempre va un paso adelante de la burocracia. Los procesos de supervisión suelen concentrarse en el ordenamiento impositivo o en el retiro de mercancías, en lugar de abordar el problema desde la raíz del diseño urbano.

El comercio en la vía pública no va a desaparecer por decreto ni por operativos de despeje; la necesidad del ingreso y la demanda de productos baratos por parte de los propios usuarios del transporte público mantienen viva la dinámica. El reto no es prohibir, sino ordenar el territorio mediante la redistribución física del espacio disponible.

Rediseñar para las personas: la banqueta como espacio público habitable

Si aceptamos que la calle es el escenario principal de la vida cotidiana y el empleo, la solución técnica debe ir alineada al concepto del "Buen Vivir". Esto implica dejar de ver los metros cuadrados de la banqueta como un espacio desaprovechado para el coche y comenzar a recuperarlos para el peatón.

¿Cómo se logra esto? Ampliando las banquetas. Avenidas sobredimensionadas que hoy dedican tres o cuatro carriles al flujo y estacionamiento de autos particulares pueden redistribuirse.

Al ganar espacio peatonal, se pueden diseñar franjas de mobiliario urbano específicas y ordenadas para el comercio semifijo, dejando libre un "arroyo peatonal" continuo, accesible y sin obstáculos para las personas con discapacidad, adultos mayores o madres que empujan una carriola.

Además, dotar a estas banquetas ampliadas de infraestructura digna (como elementos de vegetación que aporten sombra al peatón, iluminación adecuada a escala humana y botes de basura) transforma por completo la experiencia de compra.

Un entorno cómodo y caminable incrementa el tiempo de permanencia de las personas, lo que se traduce en un beneficio económico directo tanto para el vendedor ambulante como para el comerciante formal establecido.

La disputa por el espacio en el Centro de Culiacán no debe resolverse eligiendo entre el derecho al trabajo y el derecho a la movilidad; ambos son componentes indispensables de una ciudad justa.

La vida pública en la banqueta nos demuestra que el desorden actual es el reflejo de una infraestructura deficiente que históricamente ha priorizado al automóvil por encima de la experiencia humana.

Diseñar el primer cuadro pensando en quienes lo caminan, compran y trabajan en él es el primer paso para transformar nuestras calles conflictivas en espacios públicos habitables, seguros y vibrantes para todas las personas.

Autora: Gloria Morales. Ejecutiva de educación y comunicación de Mapasin

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