¿Quién decide el futuro del Centro? Mesas de diálogo y el rol de las licencias de construcción
Entre licencias, patrimonio y participación ciudadana, el debate sobre el Centro de Culiacán plantea la necesidad de decisiones transparentes y mesas de diálogo para definir su transformación urbana


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Cada vez que un antiguo edificio del primer cuadro de Culiacán es intervenido, una fachada histórica se modifica o un nuevo proyecto inmobiliario comienza a levantarse, surge una pregunta incómoda en el aire: ¿quién está decidiendo cómo debe transformarse el corazón de nuestra ciudad?
Tradicionalmente, la respuesta a esta interrogante se ha buscado detrás de los escritorios gubernamentales o en las oficinas de los desarrolladores inmobiliarios. Sin embargo, la gestión urbana contemporánea nos demuestra que el futuro del espacio más democrático e identitario de Culiacán no puede depender de decisiones aisladas.
La verdadera revitalización del Centro Histórico de Culiacán exige transitar de un modelo impositivo hacia una auténtica gobernanza urbana, donde las herramientas técnicas (como las licencias de construcción) y los procesos sociales (como las mesas de diálogo) se alineen para co-crear un territorio justo, transparente y habitable. 
El laberinto administrativo: las licencias de construcción como escudo patrimonial
Para entender la complejidad de intervenir en el primer cuadro, es necesario echar un vistazo a los procesos administrativos del Ayuntamiento.
La emisión de licencias de construcción y de uso de suelo en zonas patrimoniales no es un mero trámite burocrático o recaudatorio; es, por definición, el principal instrumento legal de control y protección que tiene la ciudad.
Cuando un particular solicita una licencia en esta zona, el proyecto debe someterse a un riguroso marco de validación técnica que involucra tanto a las dependencias municipales como a delegaciones federales (como el INAH).
El objetivo es vigilar que las nuevas construcciones respeten la volumetría, las alturas, los alineamientos y la tipología arquitectónica que le da identidad a Culiacán. Sin embargo, cuando estos procesos se vuelven opacos o puramente administrativos, la ciudadanía percibe las transformaciones como agresiones a su memoria colectiva.
Una demolición no autorizada o un edificio que rompe con la escala del barrio son síntomas de una supervisión que ha dejado fuera la mirada de la comunidad.
De la imposición a la concertación: el poder de las mesas de diálogo.
El marco normativo actual nos da las reglas del juego, pero es la gobernanza la que permite jugarlo de manera justa. Las decisiones que impactan el espacio público y la vida pública del Centro no pueden tomarse de forma vertical.
Es aquí donde las mesas de diálogo y los mecanismos de participación ciudadana adquieren un rol estratégico.
Sentar en una misma mesa a las autoridades municipales, las cámaras empresariales, los comerciantes ambulantes, las asociaciones civiles y, de manera crucial, a los vecinos que aún habitan el Centro, transforma por completo la planeación.
Estas mesas no deben ser espacios de simulación para "socializar" un proyecto que ya está decidido; deben funcionar como órganos de concertación social y contraloría ciudadana desde las etapas de diagnóstico.
Cuando un proyecto de redensificación, peatonalización o reordenamiento comercial se discute de forma transversal, se reduce el conflicto social, se corrigen errores técnicos desde la experiencia del usuario de a pie y se previene un fenómeno latente en las revitalizaciones mal planificadas: la gentrificación y la expulsión de los habitantes tradicionales.
Hacia una contraloría ciudadana y licencias con auditoría social.
¿Cómo unimos la técnica de las licencias de construcción con la participación social? Las grandes ciudades que han logrado rescatar sus centros urbanos nos enseñan que la emisión de permisos debe evolucionar hacia esquemas con auditoría social.
Esto implica que los planes parciales de desarrollo urbano e histórico no sean documentos cerrados que se actualizan cada veinte años, sino plataformas dinámicas y transparentes de consulta pública.
Si el Ayuntamiento implementa mecanismos accesibles donde cualquier ciudadano pueda consultar en tiempo real el estatus de las licencias otorgadas en el Centro, sus impactos viales y las medidas de mitigación ambiental exigidas a los desarrolladores, la desconfianza se convierte en corresponsabilidad.
La ciudadanía deja de ser un espectador pasivo que ve "aparecer" edificios y se convierte en un aliado de la autoridad para vigilar el cumplimiento de la ley y el respeto al patrimonio común.
El Centro de Culiacán nos pertenece a todas y todos: es el lugar de nuestra memoria, el punto donde convergen nuestras trayectorias cotidianas y el escenario de nuestra diversidad social.
Por ello, decidir su futuro no puede ser la prerrogativa exclusiva de un solo sector. Construir una ciudad compacta, eficiente y humana requiere de un andamiaje institucional que entienda que la técnica de una licencia de construcción es estéril si no está respaldada por la legitimidad de una comunidad escuchada.
Apostar por modelos de gobernanza transversal y mesas de diálogo permanentes es el único camino para asegurar que el corazón de Culiacán siga latiendo con fuerza, dignidad y equidad para las futuras generaciones.
Autora: Gloria Morales. Ejecutiva de educación y comunicación de Mapasin





