Accionistas congénitos
En la empresa familiar se presenta ocasionalmente otra circunstancia adicional que complica, tanto la gestión del negocio como la relación familiar: todos los hijos son accionistas, pero no todos laboran en la empresa...


¿Quieres resumir esta nota?
Algo que con frecuencia resulta incómodo, es que cuando resultaste accionista por herencia no escogiste a tus socios o a tus condueños; estos te llegaron por genética, no porque así lo hayas decidido, como sí sucede cuando fundas un negocio con socios que antes se pusieron de acuerdo contigo y juntos confeccionaron un plan de negocio.
Y luego en la empresa familiar se presenta ocasionalmente otra circunstancia adicional que complica, tanto la gestión del negocio como la relación familiar: todos los hijos son accionistas, pero no todos laboran en la empresa.
Entonces se corre un riesgo muy delicado: los accionistas activos empiezan a sentir que trabajan para generar las utilidades de los “accionistas privilegiados” pasivos; y estos -los que no participan en la empresa- llegan a desconfiar de la gestión de sus familiares que si están involucrados en el negocio de la familia; y agrégale que cada uno de ellos -de los activos y los pasivos- tienen su propio “consejero de alcoba”, su pareja que allá en la intimidad pregunta y opina.
Lee: La regla de oro para una buena herencia
Hay herramientas para desactivar los riesgos que acarrea esta circunstancia.
Acuerdos claros respecto a la política de retribución a los familiares accionistas que precisen como calcular utilidades, reservas, sueldos, honorarios, comisiones, gastos personales, etc. y una planeación patrimonial integral y equitativa (no necesariamente igualitaria), contribuyen a la armonía entre los familiares accionistas activos y pasivos; inclusive, dan tranquilidad a los hermanos que no heredarán acciones, pero si (tal vez) otros bienes de la familia.
Contacto: Díaz Salazar y Asociados, S.C.









