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Durante décadas, Johnny Weissmuller fue identificado con un personaje: Tarzán. Pero los últimos años de su vida transcurrieron lejos de Hollywood, en Acapulco, México, donde el actor encontró un lugar que terminó convirtiéndose en su refugio personal.
El sitio era Los Flamingos, un antiguo hotel construido sobre un risco de unos 137 metros de altura, desde donde se observa el océano Pacífico.
Fue allí donde Weissmuller murió el 20 de enero de 1984, a los 79 años, víctima de un edema pulmonar. El actor había hecho de aquel lugar una parte fundamental de su vida.
¿Por qué Johnny Weissmuller se enamoró de Acapulco?
La historia comenzó mucho antes de su muerte. En 1948, Weissmuller llegó a Acapulco para filmar Tarzán y las sirenas, producción que utilizó algunos de los paisajes del puerto como escenario.
Era su última película como Tarzán. Durante el rodaje, el actor quedó impresionado por los riscos, el mar y el ambiente de Acapulco. La ciudad, que comenzaba a convertirse en uno de los destinos favoritos de las celebridades internacionales, terminó conquistándolo.
Uno de los momentos más recordados de aquella filmación estuvo relacionado con La Quebrada. Aunque la película mostraba un salto espectacular, la hazaña fue realizada por un clavadista profesional y no por Weissmuller.
Seis años después, el actor regresaría a Acapulco, pero esta vez como propietario.
Los Flamingos fue comprado por Tarzán y otras estrellas de Hollywood
En 1954, Johnny Weissmuller compró Los Flamingos junto con John Wayne, Fred McMurray y Red Skelton.
El hotel dejó entonces de ser solamente un alojamiento de lujo. Se transformó en un refugio privado para las estrellas que buscaban escapar de la atención pública y disfrutar del Acapulco que comenzaba a convertirse en el gran destino internacional del Pacífico mexicano.
La propiedad recibió un apodo que resume aquella época: el escondite de la pandilla de Hollywood.

Las estrellas que convirtieron Los Flamingos en su refugio
La fama del hotel no nació con Weissmuller. Desde años antes, Los Flamingos ya había recibido a figuras como Bette Davis, Orson Welles, Rita Hayworth y Errol Flynn.
Después, con los nuevos propietarios, la lista continuó creciendo.
Entre los nombres relacionados con el lugar aparecen Cary Grant, Richard Widmark, Dolores del Río y Tyrone Power. Las reuniones podían prolongarse durante horas y las fiestas se convirtieron en parte de la identidad del hotel.
Los propietarios incluso ampliaron las instalaciones hasta llegar a 36 habitaciones. Pero Weissmuller terminó necesitando algo que el hotel no podía ofrecerle: silencio.

La extraña Casa Redonda que Johnny Weissmuller mandó construir
La solución del actor fue construir una vivienda separada de las áreas principales del hotel. La llamó Casa Redonda, aunque con el tiempo también sería conocida como la Casa de Tarzán.
Su característica más llamativa era precisamente su forma circular.
Alrededor de la vivienda nació una historia peculiar: se decía que Weissmuller creía que los espíritus malignos solo podían desplazarse en línea recta y que, por esa razón, una casa circular podía mantenerlos alejados.
Más allá de cuánto haya de mito en esa versión, la construcción se convirtió en uno de los elementos más curiosos de la historia del hotel. Y también terminó siendo el último hogar del actor.
La Casa de Tarzán fue donde Weissmuller pasó sus últimos años
Después de sufrir dos derrames cerebrales entre 1976 y 1978, Weissmuller se instaló definitivamente en Acapulco.
La Casa Redonda se convirtió en su espacio privado.
Desde allí podía contemplar el Pacífico y mantenerse alejado del ruido de las fiestas que alguna vez habían sido parte de la vida de Los Flamingos.
Una de las historias más recordadas sobre sus últimos años cuenta que el actor se acercaba al balcón y lanzaba hacia el mar el famoso grito que lo había convertido en leyenda cinematográfica. El 20 de enero de 1984, su historia terminó precisamente en ese lugar.

¿Dónde murió Tarzán?
Johnny Weissmuller murió en Los Flamingos, en Acapulco, a los 79 años.
Su fallecimiento cerró uno de los capítulos más singulares de la relación entre Hollywood y el puerto mexicano.
Sus restos fueron sepultados en el panteón Valle de la Luz de Acapulco, ciudad con la que había construido una relación durante las últimas décadas de su vida. Pero el hotel continuó existiendo.
Acapulco fue el gran refugio de Hollywood
Para entender por qué Weissmuller terminó viviendo allí hay que mirar el Acapulco de mediados del siglo XX.
Entre las décadas de 1940 y 1960, el puerto se convirtió en uno de los destinos internacionales más atractivos para las celebridades.
Actores, músicos, políticos y miembros de familias reales comenzaron a llegar atraídos por sus playas, hoteles, vida nocturna y privacidad.

El cine también convirtió al puerto en escenario de numerosas producciones.
Entre las películas relacionadas con Acapulco estuvieron La dama de Shanghái, de Orson Welles, y La joven, de Luis Buñuel.
El puerto llegó a ser conocido como una especie de Hollywood del Pacífico.
Kennedy, Elizabeth Taylor y Sinatra también pasaron por Acapulco
La lista de visitantes famosos ayuda a dimensionar la importancia que llegó a tener el destino.
John y Jacqueline Kennedy pasaron su luna de miel en Acapulco.
Elizabeth Taylor también tuvo una relación especial con el puerto y llegó a casarse allí.
Frank Sinatra fue otro de los visitantes habituales de Acapulco durante varias décadas.
Para las estrellas internacionales, el puerto representaba una combinación poco común: lujo, clima tropical y distancia suficiente de Hollywood para poder disfrutar de cierta privacidad. Los Flamingos encajaba perfectamente en ese ambiente.
El Coco Loco también forma parte de la historia de Los Flamingos
El hotel también está ligado a otra historia popular de Acapulco: el Coco Loco. A Los Flamingos se le atribuye la creación del cóctel en 1935, mucho antes de que Weissmuller se convirtiera en propietario.
La bebida terminó convirtiéndose en uno de los símbolos turísticos del puerto. Así, el hotel acumuló con el paso de las décadas historias relacionadas no solo con el cine, sino también con la vida social y turística de Acapulco.
¿Qué pasó con Los Flamingos después de la muerte de Weissmuller?
Tras la muerte del actor, el hotel continuó con su actividad. Posteriormente pasó a manos de Adolfo “Fito” Santiago, un antiguo trabajador que había conocido desde niño a los propietarios vinculados con Hollywood.
Santiago optó por conservar parte de la identidad histórica del lugar.
Las fotografías de Weissmuller permanecieron en los corredores y el hotel siguió funcionando como un vínculo con aquel Acapulco de las grandes estrellas.
Durante décadas, Los Flamingos sobrevivió a los cambios que transformaron el puerto.
Hasta que llegó uno de los mayores golpes de su historia.
Huracán Otis: el golpe que destruyó parte del hotel de Tarzán
El 25 de octubre de 2023, el huracán Otis impactó Acapulco como categoría 5. Los Flamingos no quedó al margen de la devastación.
Las habitaciones sufrieron graves daños y la Casa Redonda, asociada a los últimos años de Johnny Weissmuller, quedó destruida.
El desastre golpeó especialmente a un inmueble cuya importancia iba más allá de su actividad turística: era uno de los últimos espacios físicos relacionados con el Acapulco de la época dorada de Hollywood.

Los Flamingos sobrevivió al huracán y comenzó a recuperarse
Después de Otis, los propios trabajadores participaron en la recuperación del hotel.
Las instalaciones fueron rehabilitándose poco a poco y algunas áreas volvieron a funcionar. El proceso no borró la historia del inmueble.
Las imágenes de Weissmuller, los recuerdos de los antiguos propietarios y las historias de las estrellas que pasaron por allí siguen formando parte de la identidad de Los Flamingos. El hotel donde murió Tarzán todavía forma parte de la historia de Acapulco
La historia de Los Flamingos es, en realidad, la historia de varias épocas de Acapulco.
Primero fue un hotel construido cuando el puerto comenzaba a ganar fama. Después se convirtió en refugio de estrellas de Hollywood. Más tarde fue el hogar de Johnny Weissmuller y, finalmente, sobrevivió a uno de los huracanes más devastadores que ha sufrido la ciudad.
Y aunque el huracán Otis destruyó la Casa Redonda, Los Flamingos permanece como uno de los lugares que todavía conectan al Acapulco actual con aquella época en la que las grandes estrellas de Hollywood hicieron del puerto su escondite favorito.









