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En una de las principales vialidades de Culiacancito, el paso cotidiano de estudiantes, familias, comerciantes y visitantes encuentra un motivo para detener la mirada: un mural que convierte la barda perimetral de la Secundaria “IBQ Rodrigo Rafael Vega Zazueta” en un lienzo donde la comunidad reconoce parte de lo que es.
Ubicado en el cruce de Obregón y 27 de Septiembre, el mural realizado por SUMA Sociedad Unida IAP y Vamos Pintando reúne distintos elementos que forman parte de la identidad de esta sindicatura.

No es solamente una intervención para darle color al entorno; es una manera de contar quiénes son sus habitantes y qué recuerdos, lugares y personajes forman parte de su historia.
La historia contada con pinceles
Entre los trazos destaca la figura de Jared Borgetti, uno de los futbolistas mexicanos más reconocidos y originario de Culiacancito, cuya trayectoria deportiva llevó el nombre de su tierra natal a distintos escenarios.

Su presencia en el muro representa también ese sentimiento de orgullo que existe cuando alguien de la comunidad alcanza grandes metas sin olvidar sus raíces.
El mural también recupera el nombre de “Colhuacancingo”, una referencia al pasado del poblado, y comparte espacio con imágenes que los habitantes reconocen de inmediato: la iglesia, el kiosco y el tren que continúa formando parte del paisaje y de la memoria cotidiana de la comunidad.

Un puente en el tiempo
Así, pasado y presente conviven en una misma pared. Lo que alguna vez fue solamente un muro ahora funciona como una especie de relato abierto, uno que puede ser leído por quienes caminan frente a él y, especialmente, por las nuevas generaciones que estudian en este plantel.
La propuesta coincide con el espíritu de Vamos Pintando y SUMA, organizaciones que han impulsado el arte urbano como una herramienta para recuperar espacios, fortalecer la convivencia y generar mensajes de paz y participación comunitaria.

Orgullo de un pueblo
En Culiacancito, el resultado tiene un significado particular: pintar su historia es también reconocerla. Es poner en colores aquello que sus habitantes llevan consigo, desde sus lugares emblemáticos hasta sus personajes y tradiciones.
Porque pertenecer a Culiacancito también significa conocer su pasado, valorar su presente y encontrar nuevas formas de compartir con orgullo la historia de una comunidad que sigue escribiendo su identidad.









