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Culiacán, Sinaloa. - Niñas, niños, jóvenes y adultos celebraron el cierre de “El Parque es Mío”, iniciativa que durante seis meses convirtió el parque de la colonia Antonio Toledo Corro en un lugar para aprender, convivir y descubrir nuevas habilidades.

Seis meses que sembraron talento, sueños, amistad y paz en el parque Toledo Corro
La jornada estuvo acompañada de música, arte, sonrisas y aplausos para reconocer todo lo que las familias construyeron juntas durante este periodo. El programa, impulsado por Parques Alegres con el apoyo de Concrédito, acercó actividades que dieron vida al lugar y fortalecieron la convivencia entre sus habitantes.
Club de tareas, guitarra, futbol, pintura y manualidades formaron parte de esta propuesta, en la que cada actividad abrió una oportunidad para compartir conocimientos, desarrollar capacidades y crear nuevos lazos.

Uno de los momentos más emotivos estuvo a cargo del Club de Tareas, dirigido por la maestra Nadia Jáuregui. Sus integrantes presentaron, un cuadro artístico y entonaron “Que canten los niños”, de José Luis Perales.
Además, con sus voces llenas de ilusión y esperanza, los pequeños declamaron un hermoso poema de su autoría, titulado “Los niños de la paz”, un mensaje nacido desde el corazón que logró conmover y contagiar de entusiasmo a todos los presentes.
Con sus palabras, los pequeños no solo compartieron un poema, sino también un anhelo: construir juntos un mundo donde siempre haya espacio para la esperanza y los sueños.

“Los niños de la paz”
Somos niños con esperanza,
con sueños para compartir;
creemos que un mundo mejor
juntos podemos construir.
Con una sonrisa sincera,
con respeto y con bondad,
sembramos cada mañana
las semillas de la paz.
Que en nuestra escuela y hogares
siempre florezca el amor;
que nuestras manos unidas
llenen de luz cada rincón.
Hoy termina una aventura,
pero comienza un nuevo andar.
Llevemos paz en el corazón...
¡y nunca dejemos de soñar!
Al finalizar, sus palabras dejaron en el ambiente un mensaje que fue más allá de la poesía: la esperanza de que, desde las manos y los corazones de nuestros niños, es posible sembrar un futuro lleno de paz, amor y fraternidad.

La creatividad quedó plasmada también en una exposición de trabajos elaborados por los alumnos del maestro Demetrio Estrella, quienes participaron en la creación de un mural con apoyo de Vamos Pintando.
En sus colores quedó escrita una frase que resume el espíritu de la iniciativa: “La niñez es la semilla; la cultura es el agua; y la paz es el fruto”.
En la cancha, los alumnos del profesor Ángel Gamboa descubrieron que el futbol también se juega con valores. Cada entrenamiento les permitió fortalecer el trabajo en equipo, el respeto, la disciplina y el compañerismo, enseñanzas que trascienden cualquier marcador.

La música aportó otro momento especial con las interpretaciones del profesor de guitarra Francisco Neyoy y de Samuel Obed Díaz, exalumno de “El Parque es Mío”, quien regresó para compartir su talento y parte de lo aprendido.
Las manualidades despertaron igualmente la imaginación. Bajo la guía de la maestra Paula Arredondo Arreola, los participantes transformaron materiales sencillos en creaciones que reflejaron su ingenio y entusiasmo por hacer algo con sus propias manos.
También las chicas de “Fanny Fitness”, dirigidas por la instructora Estefany Martínez Zamora, pusieron a todos a disfrutar con una presentación llena de ritmo y alegría.

Seis meses de aprendizajes que hicieron suyo el parque
Durante la clausura, Lilia Carolina López Ceniceros, directora de Parques Alegres, reconoció a estudiantes, docentes, comité y familias que hicieron posible esta iniciativa y demostraron que cuando una comunidad se une, un parque puede convertirse en un lugar donde nacen aprendizajes, talentos y nuevos sueños.
“Me gustaba venir porque estaban mis amigos y siempre hacíamos cosas diferentes. Pintábamos, jugábamos y aprendíamos cosas nuevas. Me da poquito de tristeza que ya terminaron, porque voy a extrañar a mis amigos y a los maestros. Ojalá vuelvan los talleres, porque me divertí mucho”, comentó el niño Diego Torres.
La celebración llegó a su fin, pero quedaron mucho más que fotografías y trabajos realizados: quedaron conocimientos, amistades y la satisfacción de haber compartido un mismo lugar para crecer juntos.

Así, “El Parque es Mío” dejó una enseñanza sencilla pero inspiradora: cuando una comunidad se organiza, participa y cuida sus espacios, estos pueden convertirse en escenarios donde la niñez encuentra oportunidades, las familias se reúnen y la convivencia abre camino a la paz.







































