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Para muchas familias de Quilá, el panteón no es solo un terreno con tumbas: es el lugar donde viven los recuerdos de quienes ya no están. Por eso, ver ese espacio limpio y cuidado antes de la temporada más emotiva del año tiene un significado especial.
Acciones para bien
Con la cercanía del Día de los Angelitos y del Día de Muertos, a principios de noviembre, el Panteón Municipal de Quilá fue escenario de jornadas de limpieza realizadas los viernes 2 y 9 de octubre, con el esfuerzo conjunto de las autoridades y sus equipos de trabajo.

Para quienes llegan cada año con flores, veladoras y fotografías, encontrar un panteón digno es un alivio. Permite recordar en paz, caminar con seguridad entre las tumbas y acompañar a los niños que visitan a sus angelitos en un entorno de respeto.
También significa tranquilidad para los adultos mayores, quienes suelen ser los primeros en llegar y seguir con la tradición que año tras año se sigue arraigando entre quienes seguimos en este plano terrenal pero que más temprano que tarde habremos de trascender.
Continuidad a la tradición
Además, los espacios cuidados fortalecen la tradición: facilitan que abuelos, hijos y nietos se reúnan para compartir historias, música y alimentos junto a sus seres queridos. Cuando una comunidad ve que su panteón recibe atención, siente que su memoria importa.

Así, las y los pobladores de Quilá y sus alrededores se alistan para vivir una conmemoración con raíces, cariño y esperanza, en un lugar que honra a quienes siempre estarán presentes.
Las autoridades de la sindicatura han dedicado jornadas enteras en la restauración de los espacios en el camposanto de Quilá para que, como ocurre cada 1 y 2 de noviembre, aquellos que ya no están presentes de cuerpo puedan volver en alma y poder convivir con sus seres queridos.









