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Topolobampo, Sinaloa.- La agricultura mundial enfrenta un reto cada vez más complejo: aumentar la producción de alimentos sin depender de la expansión de las tierras de cultivo. Para lograrlo, la productividad, el uso eficiente del agua y los nutrientes, así como la disponibilidad de insumos, cobran mayor importancia.
Con una población mundial que supera los 8 mil 300 millones de personas, la demanda de alimentos seguirá creciendo durante las próximas décadas. Sin embargo, la urbanización, las restricciones ambientales y la presión sobre los recursos naturales dificultan incorporar nuevas superficies a la actividad agrícola.

Las perspectivas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estiman que la producción agrícola y pesquera mundial crecerá alrededor de 14% entre 2025 y 2034, principalmente por mejoras en la productividad.
Más rendimiento en cada hectárea
Producir más en los terrenos disponibles requiere combinar tecnología y mejores prácticas agrícolas. La agricultura de precisión, el monitoreo satelital, el riego tecnificado, las semillas mejoradas y el manejo adecuado de los suelos permiten aprovechar mejor los recursos.
Los fertilizantes también forman parte de esta ecuación, pues aportan nutrientes esenciales para el desarrollo de los cultivos.
El desafío consiste en mejorar su aprovechamiento, ajustar las dosis a las necesidades de cada siembra y reducir las pérdidas que pueden afectar tanto la rentabilidad como el ambiente.
En este escenario, aumentar los rendimientos no depende de una sola herramienta, sino de integrar conocimientos, tecnología e insumos adecuados a las condiciones de cada región.
México busca fortalecer el abasto de fertilizantes
El país enfrenta esta discusión con retos propios, entre ellos la disponibilidad de agua, la variabilidad climática y la dependencia de fertilizantes importados.
Según cifras de Data México, durante 2024 las importaciones de estos productos superaron los 2 mil 300 millones de dólares.
Ante esta situación, distintos proyectos buscan ampliar la capacidad nacional de producción de insumos. Entre ellos está el complejo que Proman desarrolla en Topolobampo, Sinaloa, con una inversión estimada de mil 800 millones de dólares y una capacidad proyectada cercana a 800 mil toneladas anuales de materias primas para fertilizantes nitrogenados.
También figuran el proyecto Escolín, en Veracruz, impulsado por Pemex y Mota-Engil México, y Fermachem, en Durango, desarrollado por Fermaca. Ambos contemplan nuevas capacidades de producción de fertilizantes y amoniaco.
Productividad con responsabilidad ambiental
Ampliar la oferta nacional de fertilizantes puede contribuir a fortalecer el abasto agrícola, aunque sus beneficios dependerán de factores como los costos, la distribución y el acceso de los productores a estos insumos.
El reto de fondo va más allá de producir más: implica obtener mejores rendimientos sin aumentar innecesariamente la presión sobre la tierra y el agua.
Para México y el resto del mundo, mejorar la productividad agrícola será una pieza clave para atender la demanda futura de alimentos y cuidar los recursos de los que depende el campo.









