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Estado de México.- Enrique Reyes Sánchez, de 78 años, lleva casi 7 décadas dedicado a la panadería, actualmente en Coacalco de Berriozábal, Estado de México.
Desde que entró por primera vez a una panadería a los 10 años, hasta la panadería que hoy mantiene en su casa, junto con su esposa María Eva Escobar González, de 77 años, ha convertido el pan en su forma de vida y en una forma de convivir con su comunidad.

De aprendiz a maestro panadero
La primera vez que Enrique pisó una panadería tenía 10 años. Fue con familiares de su esposa donde comenzó a aprender el oficio, empezando por el bolillo. A los 17 años ya era maestro panadero y trabajó en distintos lugares, donde además aprendió bizcochería y repostería. Con el tiempo se especializó en pan blanco, bizcochería y repostería, y en menor medida en pastelería.
Durante años combinó la panadería con otros oficios, aunque siempre fue el pan lo que más disfrutó. En 1994 llegó a Cuautitlán, donde le dieron trabajo como repostero y bizcochero. Ahí permaneció hasta 2008, cuando la panadería donde trabajaba se vendió y él fue liquidado.
Panificadora Reyes y una casa que se volvió obrador
Con el dinero de la liquidación, la familia se organizó y abrió la Panificadora Reyes, sobre la calle Francisco I. Madero, en el municipio de Coacalco. El negocio operó durante tres años hasta que, en 2011, por circunstancias personales, la familia decidió cerrarlo.
Enrique no dejó el oficio: construyó una panadería pequeña en su casa, en la colonia El Gigante, se compró su propio horno, batidora y utensilios y ahí siguió trabajando durante 10 años.
Cada mañana, su esposa María Eva salía a vender el pan en una canasta por las calles del vecindario, tocando timbres y entregando pedidos. También había quienes llegaban directamente a la casa a comprar.

Entre los clientes más fieles hubo un sacerdote que compraba pan para las misas, un restaurante que solo se surtía con ellos, y hasta personas del municipio de Coacalco que llevaban su pan hasta Veracruz.
Un cliente español llegó a enviar pan hecho por el señor Enrique hasta España. Cuando la producción era mayor, la familia también donó pan a la iglesia de San Francisco de Asís de Coacalco.

Récords, ferias y una satisfacción muy grande
En temporada navideña, la Panificadora Reyes llegó a producir y vender más de 4,000 piezas de baguette en un solo día; en Año Nuevo, la cifra rondó las 2,500 piezas. Años más tarde, ya con la panadería en casa, Enrique fue invitado a una expo de pan de muerto en la plaza principal de Coacalco, donde compitió contra panaderías más grandes, incluidas cadenas comerciales. Ahí fue el que más vendió.
“Fue una satisfacción muy grande saber que la gente prefiere nuestro producto”, recuerda.

Un oficio que no tiene fin
Después de la pandemia, Enrique dejó de producir pan todos los días por cuestiones de edad y de esfuerzo físico. Aun así, sigue haciendo pan de temporada , como pan de muerto, baguette para las cenas de diciembre, rosca de reyes— y atiende pedidos especiales. “Hay gente que aún le gusta lo que hago y a la fecha lo siguen extrañando”, cuenta.
Sobre por qué eligió este oficio, Enrique no lo duda: “Me gustó desde el primer día que entré a una panadería, me llamó mucho la atención la manera de hacer el pan, el procedimiento, los materiales que se utilizan para el mismo y el ambiente, que es muy de gente trabajadora.”

Y sobre lo que más ha disfrutado en casi 70 años de oficio, resume: “Si tú le tomas sentido al oficio, todo es bonito […] entre más aprendes te das cuenta que no sabes todo […] es muy extenso, pero es muy bonito.”
¿Qué pasaría si cada quien se detuviera a conocer al panadero de su colonia? Quizás, como sucede con don Enrique, descubriría que detrás de cada pieza de pan hay toda una vida dedicada a hacerla bien.








