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Culiacán, Sinaloa. - Una barda gris ahora cuenta una historia llena de colores. En el Jardín de Niños Profra. Emilia Ferreiro, de la colonia 21 de Marzo, las pequeñas manos de sus alumnos dieron vida al mural “Donde nace el arcoíris”, una obra que representa esperanza, unión y paz, y que recuerda que desde la infancia también se pueden sembrar valores para construir un mejor mundo.
El proyecto fue impulsado por Vamos Pintando, en coordinación con SUMA Sociedad Unida.

En Culiacán, niños convierten una barda en un mural de inclusión, unión y paz
La idea nació de los propios alumnos, quienes plasmaron en dibujos y pincelazos la manera en que imaginan un lugar donde todos puedan jugar, aprender y sentirse incluidos. Así, lo que comenzó como una pared por pintar terminó convertido en una expresión colectiva de lo que significa convivir desde los primeros años.
Durante la creación de la obra, guiada por el artista Taqhero, cada participante dejó en el mural algo más que una pincelada: plasmó una idea, un deseo y su manera de imaginar un mundo donde todos puedan convivir.
Entre colores y trazos, las niñas y los niños descubrieron que escuchar, compartir, respetar las diferencias y tender la mano también son formas de construir paz desde la infancia.

La directora del plantel, Amparo Guadalupe Barraza Mendoza, agradeció a SUMA Sociedad Unida y a Vamos Pintando por acercar esta iniciativa a la escuela y reconocer el valor que tienen el arte y la participación de la niñez en la formación de mejores entornos.
También Barraza Mendoza destacó la colaboración de docentes, familias y de quienes sumaron su esfuerzo para hacer realidad la obra, que desde ahora acompaña la vida cotidiana del jardín y ofrece a quienes pasan por el lugar una imagen capaz de despertar una sonrisa y, quizá, una reflexión.
“Donde nace el arcoíris” deja una enseñanza que va más allá de la pintura: la paz puede aprenderse desde pequeños, en un salón de clases, en un juego compartido o al aceptar que cada persona es diferente.

Y cuando una escuela abre sus puertas al arte y una comunidad decide participar, una sencilla barda puede convertirse en un recordatorio permanente de que la convivencia se aprende, se practica y también se puede pintar con las manos de la niñez.


























