Team Científico Guajillos: Cuatro jóvenes estudiantes hacen de la ciencia su camino en Culiacán
Desde Loma de Rodriguera, cuatro estudiantes del CECyTE impulsan un proyecto científico sustentable con impacto agrícola y social, guiados por la maestra Dulce María Muy Rangel. Ellos son: Azul Rebeca, Celia, Cristopher y Luis Alfredo


En comunidades de Culiacán donde las oportunidades suelen ser limitadas y los retos cotidianos pesan más que las certezas, la ciencia también encuentra la forma de abrirse paso.
Así ocurre en el CECyTE de Loma de Rodriguera, donde el Team Científico Guajillos se ha convertido en un referente de talento, disciplina y esperanza juvenil.
Integrado por Azul Rebeca Reyes Reyes (3° grado), Celia Meza Guerrero (1°), Cristopher Alejandro Gómez Moreno (1°) y Luis Alfredo Vega Ríos (3°), este equipo desarrolló un proyecto que propone una alternativa sustentable para combatir enfermedades del tomate.

Se trata del proyecto: "Evaluación in vivo de recubrimiento conformada por extractos fenólicos de la cáscara de guamúchil contra hongos fitopatógenos en tomate", enfocado a combatir enfermedades que afectan a uno de los cultivos más importantes de Sinaloa.
El trabajo les valió el primer lugar en la reciente Feria Mexicana de Ciencias e Ingenierías (FEMECI), colocando a Loma de Rodriguera en el mapa nacional de la ciencia estudiantil
Azul Rebeca Reyes: ciencia como herramienta de transformación
Con 17 años, Azul Rebeca Reyes se ha consolidado como una pieza clave del proyecto. Alumna de tercer grado, su participación inició en la etapa in vitro, especialmente en la redacción científica, donde descubrió una afinidad inesperada con el lenguaje técnico y la investigación rigurosa.
Lejos de ver la ciencia como algo inalcanzable, hoy la entiende como una herramienta que se aprende y se construye.
Azul, orgullo de Loma de Rodriguera, aspira a estudiar Ingeniería en Biotecnología en el IPN o Ciencias Genómicas en la UNAM, con la meta de cursar un posgrado, “ya sea aquí en México o en el extranjero, en el MIT”.

Dice admirar a su tutor de laboratorio, Octavio Valdés Varo, a quien describe como una persona que siempre encuentra la forma de mejorar las cosas... "Es una persona que te hace pensar y aprender".
Tampoco desconoce los desafíos que enfrenta su entorno. En contextos donde la inseguridad interrumpe la vida cotidiana, Azul ve en la educación una forma de resistencia y transformación.
“Aprender te obliga a seguir adelante”, afirma.
Celia Meza Guerrero: la fuerza de la pregunta constante
Originaria de Palos Blancos, en las cercanías de Agua Caliente de los Monzón, Celia Meza, de 15 años, cursa el primer grado y destaca por una cualidad que su maestra identifica de inmediato: no deja de preguntar.
Su curiosidad ha sido el motor que la llevó del aula al laboratorio y de ahí a integrarse al proyecto ganador de la FEMECI.

Interesada desde temprana edad por la química, Celia asumió el reto de trasladarse diariamente a Loma de Rodriguera para estudiar. Reconoce que el trabajo científico implica esfuerzo y desvelos, pero lo asume como parte de su formación.
Su interés actual se inclina hacia la medicina, aunque tiene claro que su camino seguirá ligado al estudio constante y al pensamiento crítico.
Cristopher Alejandro Gómez Moreno: curiosidad que apunta a las estrellas
Introvertido, disciplinado y con una profunda fascinación por la astronomía, Cristopher Alejandro Gómez cursa el primer grado y ha demostrado una notable capacidad para aprender desde cero.
Dentro del proyecto, ha participado en diversas etapas metodológicas, desde la elaboración de extractos hasta procesos de laboratorio.

Su interés por la ciencia comenzó en casa, ahí en Loma de Rodriguera, y se fortaleció en la escuela, donde encontró un espacio para experimentar, equivocarse y volver a intentar.
Sueña con ser astrónomo y, aunque reconoce que el camino es largo, entiende que cada práctica en el laboratorio es un paso más hacia ese objetivo.
Luis Alfredo Vega Ríos: cuando la ciencia abre nuevas rutas
A sus 18 años, Luis Alfredo cursa el tercer grado y encontró en el CECyTE de Loma de Rodriguera un entorno incluyente que impulsó su talento.
Con afinidad natural por las matemáticas y la física, se integró al proyecto casi de manera fortuita, pero rápidamente asumió un rol clave en la difusión y presentación del trabajo científico.

La experiencia transformó su percepción de asignaturas como la biología y fortaleció sus habilidades de comunicación.
Hoy, su meta es clara: estudiar física, preferentemente en el extranjero, convencido de que la educación puede romper barreras, incluso cuando nadie antes en casa ha recorrido ese camino
Un equipo que se forma desde la vocación y el carácter
Para la maestra Dulce María Muy Rangel, docente del CECyTE y asesora del proyecto, el valor del equipo no radica solo en el resultado científico, sino en las personas que lo conforman.
Su metodología parte de observar la personalidad, la curiosidad y el compromiso de los estudiantes antes incluso que sus calificaciones.
“La humildad, la responsabilidad y las ganas de aprender son claves. Aquí no se trata de presumir, sino de trabajar y demostrar con hechos”, expresó al hablar del Team Científico Guajillos.
Es un grupo que se distingue por su disciplina silenciosa y su capacidad de crecer en conjunto, añadió.
Ciencia con raíces comunitarias
Para la maestra Dulce María Muy Rangel, acompañar a estos jóvenes es una apuesta de largo plazo. Verlos proyectarse hacia universidades, posgrados y nuevas oportunidades es la mayor recompensa de un trabajo que va más allá del aula.
“Quiero verlos en universidades, cumpliendo sueños. Que crean en ellos mismos y entiendan que, aunque el entorno sea difícil, siempre se puede hacer lo posible”, aconseja.
Desde Loma de Rodriguera, el Team Científico Guajillos demuestra que la ciencia también se construye en comunidad, con esfuerzo colectivo y con jóvenes que deciden creer en sí mismos.
Porque cuando la curiosidad encuentra guía, incluso los contextos más adversos pueden convertirse en semilleros de futuro.

















