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Doña Vicky y el fogón que despierta a un pueblo: más de 20 años alimentando el alma de Celestino Gazca

Desde hace más de 20 años, el Comedor Comunitario de Celestino Gazca es un espacio de alimento, encuentro y solidaridad en Sinaloa, sostenido por el trabajo voluntario de mujeres que cocinan con vocación y cariño

10 febrero, 2026
El Comedor Comunitario de Celestino Gazca funciona desde hace más de dos décadas y abre todos los días a las 6 de la mañana para ofrecer alimentos calientes y accesibles a niños, estudiantes y familias de la comunidad. | Imágenes de Lino Ceballos
El Comedor Comunitario de Celestino Gazca funciona desde hace más de dos décadas y abre todos los días a las 6 de la mañana para ofrecer alimentos calientes y accesibles a niños, estudiantes y familias de la comunidad. | Imágenes de Lino Ceballos

Antes de que el sol asome para iluminar esta comunidad costera, el fogón del Comedor Comunitario El Palmar, en Celestino Gazca, ya está encendido. El aroma del café y el calor del fuego se mezclan con la calidez de las hermanas Rojas Arámburo.

Son poco antes de las seis de la mañana en esta sindicatura pesquera de Elota y, mientras el pueblo despierta, doña Virginia Rojas Arámburodoña Vicky— comienza una rutina que ha repetido durante más de dos décadas: preparar el desayuno para su comunidad.

El espacio es sostenido por el trabajo voluntario de 17 mujeres, muchas de ellas colaboradoras fundadoras, quienes comienzan su día a las 4 de la mañana para que ningún niño empiece el día sin alimento. En la imagen se observa a Virginia, Cleotilde, María Eloy y Felicitas.
El espacio es sostenido por el trabajo voluntario de 17 mujeres, muchas de ellas colaboradoras fundadoras, quienes comienzan su día a las 4 de la mañana para que ningún niño empiece el día sin alimento. En la imagen se observa a Virginia, Cleotilde, María Eloy y Felicitas.
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A sus 67 años, doña Vicky -como le dicen de cariño- no solo es encargada del comedor adscrito al Sistema DIF municipal; es memoria viva del lugar.


Originaria de Durango y avecindada en Celestino Gazca desde hace más de 40 años, fue colaboradora fundadora de este espacio que hoy es mucho más que una cocina: es refugio, punto de encuentro y, para muchos, el primer alimento del día.

El fogón que también las sana a ellas

Es fin de semana, un día distinto. No hay clases y el ritmo es menos apurado, aunque el compromiso es el mismo

Junto a doña Vicky están sus hermanas Felicitas y Cleotilde, de 70 y 65 años. Llegan temprano, atizan el fuego y se reparten tareas con la naturalidad de quien ha hecho esto prácticamente toda la vida.

El menú es sencillo, pero cálido y reconfortante: lentejas charras, huevos al gusto, tortillas de maíz y de harina recién hechas, y café caliente.


Felicitas calcula que, en promedio, elaboran hasta 10 kilos de tortillas de harina y seis de maíz al día, solo para el desayuno. A pesar del ritmo de trabajo, aquí nada se improvisa, todo se hace a mano y con paciencia.

Las hermanas coinciden en algo: atender el comedor es para ellas una forma de terapia. Las saca de la rutina doméstica, les quita el estrés y les permite sentirse útiles. Cocinar juntas no solo alimenta a otros; también las sostiene a ellas.

Un espacio que acompaña generaciones

Uno de los primeros en llegar es Chayín, habitante de la comunidad. Su madre, ya fallecida, fue colaboradora del comedor durante años. Él recuerda que desde niño la acompañaba. 

La escena se repite con frecuencia: hijos de antiguas colaboradoras que hoy siguen llegando al mismo lugar, cerrando un ciclo de cuidado comunitario que se hereda sin siquiera proponérselo.

El comedor funciona de lunes a viernes y ofrece únicamente desayunos. Abre a las seis de la mañana, aunque para lograrlo las mujeres voluntarias salen de casa a las cuatro de la madrugada. 

Los precios son simbólicos: 15 pesos para niños de preescolar y primaria, 25 para estudiantes mayores y 35 para adultos. Aquí la prioridad son los niños y las familias, pero alcanza para todos.

Desde antes de las seis de la mañana, el Comedor Comunitario de Celestino Gazca no solo enciende el fogón para saciar el hambre, también para tejer la memoria de una comunidad frente al mar. Chayín recuerda que desde que era un niño conoció este lugar.
Desde antes de las seis de la mañana, el Comedor Comunitario de Celestino Gazca no solo enciende el fogón para saciar el hambre, también para tejer la memoria de una comunidad frente al mar. Chayín recuerda que desde que era un niño conoció este lugar.

Vocación que resiste el tiempo

Poco después de las nueve de la mañana llega María Eloy Verónica Medina García, ella también es colaboradora fundadora de este espacio.

Abordada por Tus Buenas Noticias, María Eloy bromea un poco sobre sus tres nombres mientras lava los trastes. A ella le corresponde apoyar los martes, pero este fin de semana es una ocasión especial

En el comedor, los turnos se respetan, pues hay un equipo para cada día de la semana, pero la solidaridad siempre encuentra cómo acomodarse.


Doña Vicky recuerda los inicios del Comedor Comunitario: una techumbre de lámina y tablas. Hoy el espacio es modesto, pero digno.

Con despensas subsidiadas y mucho ingenio, las voluntarias preparan guisos “normales”, como ellas los llaman, pero cargados de sentido.

“Ver a los niños irse contentos porque desayunaron… eso no tiene precio”, dice doña Vicky.


Para ella, la mayor satisfacción no es llenar estómagos, sino alegrar corazones. Porque a veces —lo sabe bien— en casa no hay qué comer.

Más que un comedor

Celestino Gazca, ejido fundado en 1975, vive principalmente de la extracción de ostión, la pesca y el trabajo en laboratorios de larvas frente al mar. 

En medio de esa dinámica pesquera, el comedor se ha vuelto un punto de equilibrio social: un lugar donde todos caben y son tratados por igual.

Doña Vicky lo tiene claro. Fue madre de once hijos y el comedor también fue apoyo para ella. Hoy, a pesar del cansancio, no piensa dejarlo. “Hasta que Dios quiera y pueda”, dice con serenidad.

Mientras haya un fogón encendido y manos dispuestas a servir, el Comedor Comunitario de Celestino Gazca seguirá cumpliendo su función más importante: recordar que la comunidad también se cocina todos los días.

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