Dr. Aguilar Montoya, el cirujano que hizo de los trasplantes una esperanza de vida en Sinaloa
Con más de 500 trasplantes realizados, el Dr. Miguel Arturo Aguilar Montoya ha convertido la donación de órganos en segundas oportunidades de vida, marcando la historia de la salud pública en Sinaloa


No todas las historias que transforman vidas se cuentan desde el aplauso. Algunas se construyen en silencio, con manos firmes, decisiones precisas y órganos que vuelven a latir.
Así es la trayectoria del Dr. Miguel Arturo Aguilar Montoya, angiólogo, cirujano vascular, endovascular y trasplantólogo, una figura clave en la historia de los trasplantes en Sinaloa.
Con 70 años de edad y 43 de ellos dedicados al servicio médico, el doctor —conocido con afecto como “Capiro”— ha realizado más de 500 trasplantes, principalmente renales, convirtiendo la donación de órganos en auténticas segundas oportunidades para cientos de familias sinaloenses.

El primer trasplante y el inicio de una historia
El Dr. Aguilar Montoya realizó su primer trasplante a los 27 años, durante su pasantía como médico en la Ciudad de México, en el Centro Médico Nacional “20 de Noviembre”. Sin embargo, fue en Sinaloa donde su labor marcaría un antes y un después.
El 5 de febrero de 1987, con apenas un año de haber llegado al estado, realizó el primer trasplante renal en Sinaloa. A partir de ahí, su camino quedó ligado al fortalecimiento de la salud pública y a la construcción de un modelo resolutivo desde lo local.
El Hospital General, un espacio para salvar sin trasladar
Gran parte de esta historia se escribió en el antiguo Hospital General de Culiacán, hoy IMSS-Bienestar “Dr. Bernardo J. Gastélum”. Este es un hospital que, lejos de los grandes reflectores, se convirtió en uno de los más resolutivos del noroeste del país, y así lo afirma el Dr. Aguilar.
“Enamorarse del Hospital General fue natural”, afirma el doctor.
Ahí se realizaron cientos de trasplantes, se impulsó la cirugía cardíaca y se demostró que la alta especialidad también puede florecer en la medicina pública.
Para Aguilar Montoya, el trasplante no solo es la mejor opción clínica, sino también la más humana y accesible: es más económico que tratamientos como la hemodiálisis y permite al paciente reintegrarse a su familia y a la vida productiva.
El renacer de los trasplantes
Tras siete años sin trasplantes con donador cadavérico, la reanudación de estos procedimientos representa un renacer para el hospital y para el propio médico.
“Volver a hacer trasplantes es una gran oportunidad de estar vivo para contarlo”, señala.
El regreso no es solo técnico, sino emocional y social: equipos completos, motivados y conscientes de que cada órgano donado significa volver a empezar. Pacientes que, agradecidos, cuidan su nueva oportunidad con una convicción que trasciende lo médico.
El cirujano que se convirtió en paciente
La historia del Dr. Aguilar Montoya tiene un giro profundamente humano. A los 49 años sufrió un infarto. Gracias a la infraestructura y al equipo que él mismo ayudó a formar, su arteria fue abierta en menos de media hora. Tres meses después fue operado del corazón en el mismo hospital.
“Le debo mi vida al Hospital General”, dice sin rodeos.
La institución que ayudó a fortalecer fue la que le devolvió la vida y así lo presume.
Un legado que sigue latiendo
Hoy, al final de su carrera, el doctor no habla de retirarse, sino de dejar equipos sólidos, jóvenes formados y una visión clara: fortalecer la donación, confiar en el talento local y seguir construyendo salud pública con sentido humano.
Más de 500 trasplantes no son solo cifras. Son historias que caminan, trabajan, abrazan y viven. Ese es el verdadero legado del Dr. Miguel Arturo Aguilar Montoya: haber trasplantado futuro donde antes solo había urgencia.













