José Ernesto López Ceniceros, el sinaloense que convierte el conocimiento en servicio y la empresa en una herramienta para el bien común
La historia de emprendimiento basada en la ética y el liderazgo silencioso, acompañando a empresas familiares a trascender generaciones.

A José Ernesto lo fue preparando desde antes de que pudiera entenderlo. "Desde que nací, un tío dijo: este muchacho va a ser ingeniero, y así me decían toda la vida", recuerda con una sonrisa.
Lo que parece una anécdota familiar, él lo resume con claridad: la programación neurolingüística de las mamás sí funciona. Y funcionó.
Hoy, a sus 61 años, José Ernesto es ingeniero industrial, con maestría en administración de empresas, empresario y, sobre todo, un formador de personas.
Nació en Torreón casi por accidente, "literalmente fui a nacer y me regresé", porque su vida, su identidad y su vocación están ancladas en Culiacán, la ciudad que define como su casa al cien por ciento.
Un deseo constante de aprender

Su historia profesional no comenzó con la idea de emprender, sino con el deseo constante de aprender y servir.
Durante ocho años trabajó en una empresa agrícola, donde conoció desde dentro la complejidad de la empresa familiar.
Ahí vio los conflictos, las tensiones, los silencios y las decisiones que muchas veces se toman sin herramientas ni acompañamiento.
Después dio el salto a una multinacional, donde aprendió cómo opera una empresa a nivel global, con estructura, procesos y visión institucional.
Y entonces llegó el momento que cambió todo: un despido inesperado, atípico, difícil de entender. "Nadie sabía explicarme qué había pasado", recuerda. Lo que en su momento fue incertidumbre, hoy lo nombra como destino.
La decisión de los auténticos emprendedores

Porque mientras trabajaba en empresas, José Ernesto llevaba una vida paralela: la docencia. Fue maestro en la Universidad de Occidente, capacitador en áreas gerenciales y facilitador de procesos formativos.
Enseñar, desarrollar y acompañar siempre fue, para él, una forma de servicio social. "Me gusta la docencia, me gusta enseñar, me gusta desarrollar", dice sin adornos para Tus Buenas Noticias.
Así, en el año 2000, tomó una decisión que define a los emprendedores auténticos: convirtió su hobby en su profesión.
Fundó Aurum Consulting Group y empezó desde abajo, "picando piedra", buscando contratos, tocando puertas y enfrentando el miedo. Porque sí, lo tuvo claro desde el inicio: "Se vale tener miedo; lo que no se vale es paralizarnos ante el miedo", reconoce.
Aurum no nació siendo lo que es hoy. Evolucionó. Primero fue un despacho de ingeniería industrial enfocado en mejora de procesos. Luego se convirtió en asesor de mandos medios. Más tarde, en acompañante de directores.
Después, en consultor de familias empresarias. Hoy, Aurum Consulting Group es una empresa especializada en transición generacional y formación de consejos de administración.
"Nos dimos cuenta de que capacitar empleados no funcionaba si no había jefes a la altura. Luego entendimos que los mandos medios necesitaban directores preparados. Y después, que los directores necesitaban familias conscientes", explica.
Una herramienta para el bien común

Cada descubrimiento implicó volver a estudiar, prepararse más y evolucionar. Esa filosofía, ser solución, es la que les ha permitido sobrevivir a crisis, pandemias y cambios económicos durante 25 años.
Actualmente, Aurum trabaja a nivel nacional. Sus procesos están en Culiacán, Ciudad de México, Guadalajara, Torreón, Obregón, Monterrey, Tijuana, Cancún y muchas otras ciudades.
José Ernesto ha logrado ver las empresas como una herramienta para el bien común. Por eso su trabajo no busca reconciliar familias a toda costa, sino algo más profundo: que las empresas familiares no mueran en el traspaso generacional, que conserven empleos, patrimonio y estabilidad.
"Mi trabajo es ayudar a que las empresas transiten de una generación a otra sin cerrar", afirma.
En lo personal, se define como un padre formador más que un padre amigo. "Nuestro trabajo como papás es preparar a los hijos para la vida, y la vida no es fácil", reflexiona.
Desde su experiencia profesional y personal, advierte sobre el riesgo de sobreproteger y no dejar que los jóvenes enfrenten la realidad.
Su filosofía de vida se resume en una frase que no olvida. Cuando se quedó sin trabajo, un amigo le dijo: "Tú búscale y encontrarás". En ese momento le dolió. Veinticinco años después, entiende que ahí estaba todo.
José Ernesto López Ceniceros es ejemplo de que emprender no es solo generar ingresos, sino generar impacto. De que el éxito no siempre hace ruido. De que el liderazgo más poderoso muchas veces es silencioso. Y de que, cuando el conocimiento se pone al servicio de los demás, el propósito encuentra su camino.











