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A los 80 años, Modesta tuesta y vende semillas de girasol en Navolato

Con su anafre, semillas de girasol y muchas ganas de seguir adelante, doña Modesta Ángeles Marco sale cada día a trabajar en Navolato.

20 febrero, 2026
Modesta es la señora de las semillas de girasol. Ella vende diariamente en el Centro de Navolato cargando con todo y sus 80 años de edad.
Modesta es la señora de las semillas de girasol. Ella vende diariamente en el Centro de Navolato cargando con todo y sus 80 años de edad.

Modesta Ángeles Marco tiene 80 años y una rutina que no ha dejado con el tiempo. Cada día, con paciencia y calma, prepara y vende semillas de girasol que ella misma tuesta, un trabajo sencillo que se ha convertido en parte de su identidad.

Originaria de Acambay, Estado de México, Modesta llegó a Navolato junto a su esposo, Juan Flores Felipe, después de muchos años de ir y venir. Durante largo tiempo acudían solo por temporadas, aprovechando las verbenas y el movimiento comercial, hasta que poco a poco hicieron de esta ciudad su lugar para quedarse.

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Vende semillas de girasol en el Centro

Cada día Modesta llega hasta la avenida Ángel Flores, a espalda del Mercado Hidalgo para vender sus semillas de girasol
Cada día Modesta llega hasta la avenida Ángel Flores, a espalda del Mercado Hidalgo para vender sus semillas de girasol

Hoy, doña Modesta se instala afuera de una farmacia por la avenida Ángel Flores, a espaldas del Mercado Hidalgo, un punto donde ya es conocida por quienes pasan a diario.

Las semillas que vende las trae desde su tierra natal y las prepara con el mismo cuidado de siempre. Cuando el clima lo permite, las tuesta en el momento; cuando el calor aprieta, las prepara en casa y las lleva listas para ofrecerlas.

Cada paquete lo vende en 20 pesos, un precio accesible que refleja su intención de trabajar con honestidad y cercanía. La gente compra, regresa y la saluda. Su presencia se ha vuelto parte del paisaje cotidiano del centro de Navolato.

Ejemplo de dignidad

Modesta ha hecho de su trabajo una forma de dignidad, la edad no es un impedimento para ella.
Modesta ha hecho de su trabajo una forma de dignidad, la edad no es un impedimento para ella.

A lo largo de su vida, Modesta ha sostenido el trabajo como una forma de dignidad. No dejó de hacerlo al llegar a la vejez.

Al contrario, el mantenerse activa le permite conservar autonomía y ánimo. Su esposo, por su parte, continúa vendiendo artículos del hogar en un pequeño local, reafirmando una vida construida en pareja y con esfuerzo constante.

La historia de Modesta Ángeles Marco no busca llamar la atención, pero la consigue. A sus 80 años, su ejemplo habla de constancia, de trabajo honrado y de la decisión de seguir adelante, demostrando que la edad no es límite cuando el deseo de mantenerse útil y de pie sigue intacto.

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