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La historia de María, la vendedora con secuela de Diabetes que mueve voluntades en Mazatlán

María Concepción Parra Franco es un ejemplo de resiliencia ante la adversidad, de una vida marcada por la diabetes, pero reconstruida gracias a la unión familiar y necesita el apoyo de la comunidad mazatleca

24 febrero, 2026
María ha vivido con diabetes la mayor parte de su vida y a pesar de las complicaciones de su enfermedad sigue luchando para salir adelante y darle sustento a sus dos hijas con su emprendimiento en Pradera Dorada Mazatlán
María ha vivido con diabetes la mayor parte de su vida y a pesar de las complicaciones de su enfermedad sigue luchando para salir adelante y darle sustento a sus dos hijas con su emprendimiento en Pradera Dorada Mazatlán

La diabetes la alcanzó a los 16 años de edad y durante 20 años la ha acompañado causando estragos en su salud. Su vida como vendedora es su propia motivación para superar la adversidad.

María Concepción Parra Franco sufrió hace tres años la amputación de sus dos piernas, con nueve meses de diferencia una de la otra por complicaciones de su enfermedad, desde entonces la vida le ha cambiado mucho, pero su familia y su sueño de volver a ser independiente le dan fuerzas para continuar luchando.

María es mazatleca, desde pequeña aprendió a trabajar con su mamá en la actividad de ventas. En la juventud la acompañaba a trabajar en una carreta de raspados en la zona de playa cerritos, donde disfrutaba de estar cerca del mar.

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A pesar de tener diabetes juvenil María disfrutaba la vida, tuvo a su primera hija y cuando la niña era aún muy pequeña conoció a René Álvarez, quien trabajaba como mesero en una palapa de cerritos, se enamoraron y formaron una pareja.

“Nos conocimos en la playa, él trabajaba de mesero y mi mamá y su esposo tenían una carretita de raspados yo trabajaba con ellos y tenía a mi hija chiquita, tenía dos años cuando él la conoció”, comenta María.


René ha sido el principal apoyo de María para hacer frente a su enfermedad y las adversidades derivadas de la diabetes
René ha sido el principal apoyo de María para hacer frente a su enfermedad y las adversidades derivadas de la diabetes

René y María tuvieron otra hija unos años después. Él continuaba trabajando como mesero en la palapa de cerritos y María le ayudó durante muchos años, sus niñas los acompañaban de pequeñas y luego entraron a la escuela, la vida era hasta cierto punto normal aún con la diabetes.

“Les ayudaba a “meserear” también, aunque tenía a mis hijas chiquitas las ponía en un corral y me ponía a trabajar, hice eso mucho tiempo hasta que hace tres años empecé a tener problema con mis piernas y mis pies y ya no pude trabajar”, platica María.


En poco tiempo María perdió sus dos piernas, cuando sufrió la primera amputación decidió continuar trabajando en cerritos, hacía pozole y otras comidas y las vendía.

Buscó una actividad que le ayudara a ganar dinero sin tener que moverse tanto, quería seguir siendo productiva y estaba decidida a ahorrar para comprar una prótesis que le permitiera volver a caminar sin ayuda, sin embargo, a los nueve meses tuvieron que amputar su otra pierna.

El golpe para toda la familia fue duro, René y las niñas apoyaron a María todo lo que pudieron y ella una vez más se sobrepuso a la situación, sacó fuerzas de donde no sabía que tenía y se levantó para empezar a trabajar de nuevo.

“Después me puse a hacer gelatinas de mosaico o rellenas y empecé a vender también, pero salían muy poco, vendía ahí mismo por mi casa con personas que me conocen, me encargaban, pero no era muy constante, a veces vendía dos o tres por semana, era muy poco, después empecé a vender elotes”, explica.


María intentó vender elotes y otras “chucherías” afuera de su casa en la colonia 20 de noviembre durante unos meses, pero el negocio no prosperó, luego buscó otra ubicación en la colonia Allende y la situación fue la misma, así que hace un mes decidió probar suerte en Pradera Dorada.

María vende tostitos con aguachile y otros productos a fuera del estacionamiento de la Bodega Aurerrá en Pradera Dorada Mazatlán
María vende tostitos con aguachile y otros productos a fuera del estacionamiento de la Bodega Aurerrá en Pradera Dorada Mazatlán

“Opté por venirme acá, hace muchos años aquí vivía y hay mucha gente que me conoce, aquí tengo un poquito más de venta”, señala esperanzada.


En Pradera Dorada María y René venden tostitos con aguachile, cachuatadas, papas locas, cocos y ostiones, todos los días de 5:00 pm 9:30 pm afuera de la Bodega Aurrerá, sobre la avenida Eje 2.

Amor y trabajo en equipo: El importante apoyo de René para seguir adelante

Hace un año aproximadamente la palapa donde René trabajó mucho tiempo cerró debido a la crisis de inseguridad.

Desde entonces se ha dedicado a vender ceviches y cocos en un triciclo por las mañanas, en la colonia 20 de noviembre, de este trabajo obtiene el sustento para su papá, que es un adulto mayor.

Por las tardes acompaña a María a vender en Pradera Dorada, de ahí juntos obtienen el sustento para ellos y sus dos hijas.

A raíz de que María perdió sus piernas, René también se hace cargo de muchas actividades en casa, apoyado por sus hijas, esta situación le he mostrado lo complicado que es hacerse cargo del hogar, los hijos y el trabajo al mismo tiempo.

“Es muy duro hay que levantarse temprano, hacer comida, estar pendiente de las escuelas de las niñas, ir al hospital, hacerse cargo de la casa y los trabajos; ahí yo estoy viendo lo complicado que es la vida de las mujeres que se encargan de la casa y los niños, es un trabajo muy fuerte y no tiene fin”, asegura.


María valora el apoyo que su pareja y sus hijas le brindan, ellos son quienes la motivan a seguir adelante todos los días.

Juntos, María y René, hacen un gran esfuerzo por sacar adelante a su familia con su emprendimiento en Pradera Dorada
Juntos, María y René, hacen un gran esfuerzo por sacar adelante a su familia con su emprendimiento en Pradera Dorada

“Es muy difícil, pero es lo que me motiva a seguir adelante día a día, mis hijas y mi esposo que no me deja de la mano que es el que en las buenas y en las malas ha estado conmigo siempre”, dice emocionada.


Una familia unida y una meta clara: la independencia

A lo largo de este proceso de 3 años, desde que María perdió sus piernas, la familia no solo ha cambiado su dinámica, también se ha unido y ha trabajado en lo emocional para poder salir adelante.

María asegura que mantenerse ocupada es muy importante pues no deja que la depresión y la ansiedad la alcancen.

“Tienes que tener una distracción porque si no te llenas de mucha tristeza y ansiedad por eso yo me enfoco en mi trabajo, en mi casa, en hacer cosas que puedo hacer para no pensar en eso porque a veces sí te deprimes mucho es muy difícil mantenerse positivo, pero trato de sobrellevar la situación”, señala.


Además, acude a hemodiálisis dos veces por semana siempre acompañada por René. En el Hospital General de Mazatlán recibe atención médica a través del INSABI y toda la familia tiene apoyo psicológico en el mismo lugar.

Aunque lo ve como una posibilidad lejana, el sueño de María es ser independiente de nuevo, asegura que comprar prótesis para sus dos piernas se sale por completo de su presupuesto, pero tiene fe en que sus ventas mejorarán y algún día este sueño puede hacerse realidad.

“Para mí sería muy importante porque con una prótesis podría valerme por mi misma y no depender tanto de mi esposo que ahorita no puede buscar un trabajo estable porque me tiene que llevar al hospital al doctor y le quito mucho tiempo, para mí sería un sueño conseguir unas prótesis” dice esperanzada.


María y René invitan a la comunidad de Pradera Dorada y sus alrededores a visitarlos y probar sus productos, aseguran que no se van a arrepentir.

“Que vengan a consumir, hasta ahorita todo el mundo me ha dicho que están muy buenos los Tostitos es lo que más se vende aquí que vengan a probar la variedad de cosas que tenemos y no se van a arrepentir”, asegura.


A través de su historia de resiliencia, María Concepción Parra Franco tiene una gran capacidad para adaptarse y encontrar nuevas formas de generar ingresos, como la venta de tostitos y otras delicias en Pradera Dorada, demuestra que, a pesar de las dificultades, es posible seguir adelante y mantener viva la esperanza.

Invita a la comunidad a unirse a su camino, no solo para disfrutar de sus productos, sino para ser parte de una historia de lucha y esperanza.


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