A sus 75 años, el artesano Guadalupe Zavala crea arbolitos de chaquirón para salir adelante desde Las Américas en Culiacán
A sus 75 años, Guadalupe Zavala continúa elaborando arbolitos de chaquirón en Plaza Las Américas, donde encontró una forma digna de sostenerse tras enfrentar problemas de salud y la pérdida de un ojo


Culiacán, Sinaloa.- A sus 75 años, el artesano Guadalupe Zavala crea arbolitos de chaquirón para salir adelante, pues tras perder un ojo y enfrentar problemas de salud, encontró en sus manos una razón para seguir adelante.
En una esquina de la Plaza Las Américas, entre el paso constante de carros y personas, hay un pequeño puesto que rompe la rutina con color.
Sobre una mesa sencilla se encuentran bolsitas de gomitas, descansan plumas y pequeños artículos para el hogar, pero lo que realmente llama la atención son los arbolitos de chaquirón que brillan bajo el sol.
Artesanías llenas de color
Estas hermosas artesanías son verdes, doradas, rojizas, algunas pequeñas y otras más grandes, todas elaboradas a mano por don Guadalupe Zavala Villa, un hombre de 75 años que desde hace casi dos décadas encontró en esta artesanía una forma honesta de sostenerse.
Los arbolitos grandes los vende en 500 pesos y los pequeños en 100. Además, ofrece gomitas en bolsitas de 10 y 5 pesos, dulces sueltos en 2 pesos, así como plumas y algunos artículos para el hogar.
Antes de dedicarse a los arbolitos fue albañil y también trabajó en el campo. El esfuerzo físico marcó buena parte de su historia.
El oficio artesanal llegó por casualidad, cuando vio a una muchacha con un arbolito de chaquirón y se animó a preguntar cómo se hacía. Ella le respondió que podía enseñarle, y así comenzó todo.
Desde entonces, él realiza cada pieza completa: arma la base, coloca el alambre, ensarta el chaquirón, pinta y da los últimos detalles. “Todo, de una punta hasta la otra”, explica con orgullo. Reconoce que no es un trabajo sencillo, pues requiere material, tiempo e inversión.
Vivir en movimiento, compañía y sin rendirse
La vida, sin embargo, no ha estado exenta de pruebas. Problemas de circulación lo llevaron a una cirugía en la que le colocaron una vena sintética en la pierna. El año pasado perdió un ojo y tuvo que reunir 18 mil pesos para pagar la prótesis.
“De aquí salió todo”, dice señalando su puesto, aunque también aclaró que recibió el apoyo caritativo de los médicos.
A pesar de las dificultades, continúa saliendo cada día. Sabe que quedarse en casa no le haría bien. “Si me quedo allá, me enfermo. Aquí platico con la gente”, comenta, dejando ver que el puesto no solo representa un ingreso, sino también compañía y movimiento.
Hay jornadas complicadas, especialmente cuando no alcanza para comprar material. “Cuando no hay dinero, no se puede hacer nada”, reconoce. Pero tampoco se permite rendirse.
Si no le echo ganas, me voy para abajo también”, afirma con determinación.
A sus 75 años, don Guadalupe no habla de éxito ni de fortuna. Habla de trabajo, de constancia y de salud, algo que aprendió a valorar después de sus propias experiencias. Si pudiera dejar un mensaje a los jóvenes, sería directo:
Que se cuiden bien… que cuiden la salud. Que no les pase lo que a uno le pasa”.









