Jeinny y Ángel transforman La Conquista en Culiacán con el sabor de sus tacos estilo Los Mochis
La pareja vende tacos de adobada estilo Los Mochis y hoy su negocio se mantiene gracias a la constancia y a clientes que buscan el sabor a casa desde La Conquista en Culiacán


Sobre el boulevard Mario López Valdez, donde el flujo de carros y personas parece no detenerse, hay una carpa que resiste.
Entre el ruido de la ciudad y los días buenos o flojitos, ahí están Jeinny Barrón y su esposo, Ángel Santiago, preparando desde temprano los tacos de adobada estilo Los Mochis que poco a poco han encontrado su lugar en Culiacán.
Surgió con todo esto que ha pasado… la violencia, la falta de trabajo. Decidimos abrir los tacos”, comparte Jeinny.
Ella es originaria de Los Mochis y siempre soñó con tener una taquería. No sabía exactamente de qué, hasta que entendió que podía traer un pedacito de su tierra a esta ciudad que hoy también siente suya. Un toque muy especial y un sabor a casa
Este no es ni dulce ni salado, es la carne roja, pues. Y van bañados de frijol”, añade sobre la preparación de sus ricos y tradicionales tacos.
Aquí, explica, lo más común son los tacos al pastor dulce. Pero lo de ella es distinto. Sus tacos llevan repollo, cebolla y ese toque característico que en Los Mochis se disfruta como desayuno.
Y eso es justamente lo que ofrecen: tacos de adobada estilo mochitense, además de mixtas y vampiros. Los taquitos cuestan 33 pesos cada uno, las mixtas 75 y los vampiros 60. Para acompañar, no faltan las bebidas: refrescos y agua de jamaica, listas para completar el antojo de la mañana.
Abren de miércoles a domingo. Todo lo hacen ellos: llegar temprano, desinfectar, picar la verdura, montar la carpa y quedarse hasta que el último cliente se vaya. Pero el inicio fue duro.
Abrieron un 5 de mayo. El día de la inauguración se llenó con conocidos. Después, el silencio. “Estuve casi 10 días y no vendía nada… ni 50 pesos”, recuerda. Hubo un miércoles en el que estuvo a punto de no abrir. El desánimo pesaba. Aun así, decidió intentarlo una vez más. Ese día tampoco vendió.
Hasta que sonó el teléfono. Era alguien que los había visto en redes sociales. Jeinny había sido constante con la publicidad, apostando incluso cuando las ventas no llegaban. Y poco a poco comenzó a notarse. Al día siguiente llegó más gente. El fin de semana tuvo que sacar más mesas.
Un emprendimiento que se sostiene con resiliencia
Hoy, entre altas y bajas, el negocio se ha sostenido. Le sorprende la cantidad de mochitenses que viven en Culiacán y que buscan ese sabor que les recuerda a casa. Pero también agradece a los culichis. “Todo me gusta de Culiacán. Su comida, la gente, todo”, dice con convicción.
Lleva 10 años viviendo aquí y no piensa irse, ya que su mayor orgullo no es solo vender. Es no haberse rendido cuando la carpa estaba sola. Es haber creído cuando parecía que no funcionaría.
Es haber construido, junto a su esposo, un espacio que hoy ya forma parte del boulevard. Porque a veces los sueños no comienzan con filas largas ni ventas aseguradas.
A veces comienzan con una carpa, con esperanza… y con la decisión de abrir, incluso cuando nadie parece estar mirando. Jeinny y Ángel son abanderados de la persistencia y el trabajo honesto.









