Rosa Angélica García Ochoa, trabajando desde Mazatlán en Una Luz Hacia el Mundo para Ciegos y Débiles Visuales
Una Institución de Asistencia Privada que mantiene sus puertas abiertas en apoyo a la comunidad con discapacidad visual en el puerto. Rosa Angélica invita a los padres a integrar a sus hijos en esta valiosa comunidad y lograr un cambio cultural que puede transformar vidas.


Hace 29 años nació en Mazatlán Una Luz Hacia el Mundo para Ciegos y Débiles Visuales, una Asociación Civil fundada por la Doctora Estela Camorlinga, quien tuvo un hijo con discapacidad visual y se dio cuenta de lo complicado que era atender a una persona ciega aun contando con recursos económicos.
La Directora actual de la institución, Rosa Angélica García Ochoa, quien llegó a Una Luz Hacia el Mundo en 2002, cuando su hija Lupita, que nació con discapacidad visual, tenía apenas 11 meses de edad, comenta en entrevista con Tus Buenas Noticias cómo fue el inicio del proyecto.
“La doctora Estela Camorlinga era una señora que podía atender a su hijo y aun así se le hacía difícil, entonces pensó si a mí se me está dificultando que será de las personas con menos recursos que tienen un hijo con discapacidad, es por eso que ella se dio a la tarea de formar esta institución, se fue a las colonias de la periferia, a las colonias populares a rescatar niños con discapacidad visual”, explica.
La institución empezó a trabajar en la sala de la casa de la doctora Camorlinga, a donde llegaban las familias con niños con esta discapacidad, que ella misma invitaba a recibir atención.
“Es por eso que la institución está “casada”, desde sus inicios, con las personas de nivel socioeconómico bajo, aunque las puertas están abiertas para todas las personas que padezcan discapacidad visual con la que trabajamos”, explica Rosa Angélica.

Aunque el trabajo con la comunidad de niños con ceguera en Mazatlán inició unos años antes, Una Luz Hacia el Mundo para Ciegos y Débiles Visuales se constituyó legalmente como una Asociación Civil del 27 de agosto de 1997.
Al ver que el proyecto era una buena idea y que el número de usuarios iba en aumento, la fundadora decidió dar el siguiente paso para poder gestionar recursos y un espacio dónde trabajar formalmente.
Rosa Angélica García Ochoa y su compromiso con la comunidad
Rosa Angélica llegó a la institución unos años después por recomendación de un psicólogo del CAM (Centro de Atención Múltiple) al que acudió al conocer el diagnóstico de su pequeña, que nació con ceguera.
“Me dijo que había una institución para ciegos, me sugirió que fuera a buscar a la doctora al centro de maestros que está por la Alemán, ahí llegué y la abordé, platicamos y me dijo que viniera a la institución, así llegué en el 2002 con mi niña de 11 meses, ahorita ella tiene 23 años”, platica con nostalgia.
La llegada de Rosa Angélica a la institución marcó el camino de su vida pues, aunque ahí tocó fondo, también encontró para ella y para su bebé el apoyo que necesitaba para salir adelante. 
“Se me estaba haciendo muy difícil, estaba sufriendo mucho, caí en una depresión horrible. Yo bien agradecida con Dios y con todas las mamás que en ese momento me abrazaron, me cobijaron, fui muy bien recibida”, recuerda.
Unos años después de su llegada, cuando ya estaba integrada a la institución como usuaria junto con su hija, Rosa Angélica recibió una petición de la doctora Camorlinga quien tenía que dejar la ciudad por asuntos laborales de su esposo.
“Me dijo quiero que me cubras tres meses al frente de la institución, y yo le dije: pero yo no estudié nada relacionado con esto, hice la secundaria y tres años de secretariado, pero me dijo no se preocupe usted va a recibir instrucciones del patronato”, señala.
A partir de entonces Rosa Angélica fungió como directora de Una Luz Hacia el Mundo para Ciegos y Débiles Visuales, los tres meses de los que habló la fundadora se convirtieron en más de veinte años al frente de la institución, que desde 2004 es una IAP.
A principio fue muy complicado dirigir una institución sin recursos y con algunas deudas, pero Rosa Angélica se armó de valor y empezó a resolver cada situación sin dejar que la incertidumbre o el desconocimiento la vencieran.
“Varias personas dijeron que yo no lo podía hacer porque no tenía el carácter fuerte o aguerrido, pero para mí fue un reto, decidí que no me iba a ir sin hacer el intento. Yo no sé cómo, solo con la ayuda de Dios fui pagando las deudas”.

Luego se armó de valor y buscó el apoyo del Gobierno Municipal, en donde su petición encontró eco y fue así como la situación de Una Luz Hacia el Mundo cambió por completo, para bien.
“Yo voy a estar agradecida todo lo que me resta de vida con el ex Acalde Alejandro Higuera Osuna porque desde el día que lo buscamos me mandó apoyo con vigilancia porque nos habían robado tres veces y nos sacó del hoyo con apoyo económico que cubría prácticamente nuestro gasto de nómina”, dice agradecida.
A partir de entonces Rosa Angélica pudo trabajar con más tranquilidad para apoyar a la comunidad mazatleca con ceguera, aprendió en el camino a gestionar recursos a través de proyectos de coinversión social con instituciones gubernamentales y redondeos de instituciones privadas.
Una Luz Hacia el Mundo llegó a atender hasta 35 personas con discapacidad visual de todas las edades, hasta que llegó la pandemia y la operatividad de la institución cambió por completo al no tener más apoyos económicos desde entonces.
“Después de la pandemia yo no pensaba abrir porque nos retiraron los apoyos por completo y yo sentía que no iba a poder, pero mi esposo me dijo no puedes cerrar sin saber si alguien está ocupando el apoyo”.
A pesar de enfrentar de nuevo la incertidumbre económica Rosa Angélica decidió abrir al terminar la pandemia y casi cinco años después la institución continúa atendiendo a las personas con discapacidad visual en Mazatlán.
Programas que empoderan a personas con discapacidad visual.
Una Luz Hacia el Mundo ofrece a las personas ciegas una oportunidad para que logren una mayor autonomía e independencia, así como integrarlos a escuelas regulares. 
A través de la enseñanza de lectoescritura braille, matemáticas, orientación y movilidad, actividades de la vida diaria, uso y manejo de la tecnología como el celular y computación, las personas con discapacidad visual pueden integrarse de mejor manera a su entorno.
En más de 20 años al frente de la institución Rosa Angélica ha aprendido que el mayor reto para esta comunidad muchas veces está dentro de sus propias familias, por ello, el principal llamado es para los padres que tienen hijos con, discapacidad visual.
“Yo quiero hacer un llamado a esos padres que tienen a sus hijos en sus casas para que los integren y aquí estamos, las puertas están abiertas, que los traigan, que no los releguen, porque muchas veces ahí está el rechazo, en el núcleo familiar”, dice con determinación.
Antes de pedir ayuda para la institución, Rosa Angélica ofrece el apoyo de Una Luz Hacia el Mundo para la comunidad.
Con la fortaleza que le ha permitido ganar una vida al servicio de la IAP, ella invita a los mazatlecos a acercarse para conocer el trabajo que realizan y así poder aportar de manera económica o en especie para mantener viva esta noble causa. 
Con su historia de superación y dedicación, Rosa Angélica nos recuerda la importancia de abrir las puertas a quienes más lo necesitan.
Al invitar a los padres a integrar a sus hijos en esta valiosa comunidad, se fomenta un cambio cultural que puede transformar vidas.
La labor de esta institución es un testimonio de que, con apoyo y determinación, es posible construir un entorno más inclusivo y solidario.














