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Entre telas y silbatos: El árbitro Napo, el artesano de Culiacán que tapizó su propio destino

A sus 64 años, Napoleón Macías Núñez sigue dedicado a la tapicería en Culiacán. Con más de cuatro décadas de oficio, combinó su pasión con el arbitraje y 28 años de servicio en COBAES para sacar adelante a su familia

9 marzo, 2026
Con más de cuatro décadas en la tapicería, Napoleón Macías sigue activo a sus 64 años en Culiacán, convencido de que el trabajo honesto y la constancia son su mejor legado. | Imágenes de Francisco Castro
Con más de cuatro décadas en la tapicería, Napoleón Macías sigue activo a sus 64 años en Culiacán, convencido de que el trabajo honesto y la constancia son su mejor legado. | Imágenes de Francisco Castro

En un taller de Infonavit Humaya, el sonido de la pistola de grapas, la máquina de costura y el roce de las telas forman parte de la rutina diaria. Ahí trabaja Napoleón Macías Núñez, de 64 años, un hombre que ha hecho de la tapicería más que un oficio: su proyecto de vida.

Desde hace nueve años, Napoleón forma parte de Grupo Tapiz, establecimiento ubicado por avenida Obrero Mundial, casi esquina con calle Villa Lombardo.

Pero su historia en el oficio comenzó mucho antes, cuando apenas tenía 18 años y aceptó la invitación de un tapicero que marcaría su destino.


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La tapicería no solo le ha dado ingresos a
La tapicería no solo le ha dado ingresos a "Napo", también le ha dado disciplina, reconocimiento, amistades y la satisfacción de ver a sus hijas crecer con oportunidades.

Aprender desde cero

Napoleón no sabía nada de tapicería cuando, a finales de los 70's, llegó al taller de Salvador Medina Limas, allá por el sector Zapata. No sabía usar una máquina, ni un martillo, ni una pistola de grapas. Empezó desde lo más básico, observando y practicando.

“Ahí me inicié con él y hasta la fecha aquí estoy”, resume con serenidad.


Trabajó cerca de seis años en aquella tapicería antes de recorrer otros talleres en la ciudad, como Multicamper y negocios de la ciudad, por Colón y Guerrero. Con el tiempo, aprendió a dominar casi todo tipo de trabajos: sillas, muebles, taburetes. Sin embargo, si algo le apasiona es la tapicería de automóviles.

“El tapizado de carros es lo que más me gusta hacer”, afirma. Asientos, cielo, alfombras, puertas. Es un trabajo que exige precisión y paciencia, pero también es el que mayor satisfacción y mejor ingreso le ha dado.

No todo fue sencillo. Los sillones curvos, por ejemplo, siempre representaron un reto. “Nunca me salieron bien”, admite. Lo dice con humildad, consciente de que siempre hay algo por aprender.

El árbitro Napo: Tres caminos en paralelo

La tapicería no fue su única cancha.

Durante más de 30 años, “Napo” fue árbitro de fútbol soccer en Culiacán. Lo conocen como “el árbitro Napo”. Donde se pare, alguien lo saluda. En los camiones, en la calle, en cualquier colonia, los exjugadores lo recuerdan con afecto.

Curiosamente, tampoco fue futbolista profesional ni jugador de campo. El arbitraje llegó por curiosidad, igual que la tapicería. Y terminó convirtiéndose en otra pasión.

A la par de sus dos pasiones, trabajó 28 años como conserje en el Colegio de Bachilleres (COBAES), empleo que le permitió jubilarse. Durante décadas combinó los tres frentes: taller, cancha y escuela. Disciplina, energía y organización fueron claves para sostener ese ritmo.

De ese esfuerzo conjunto salieron adelante sus tres hijas, hoy profesionistas: una maestra y dos licenciadas en Administración de Empresas, una de ellas con especialidad en Turismo.

“De este oficio y del arbitraje”, dice con orgullo, reconociendo que cada etapa aportó lo suyo.


En el corazón del Infonavit Humaya, Napoleón Macías demuestra que la constancia es la clave del éxito. El taller se encuentra por avenida Obrero Mundial, casi esquina con calle Villa Lombardo.
En el corazón del Infonavit Humaya, Napoleón Macías demuestra que la constancia es la clave del éxito. El taller se encuentra por avenida Obrero Mundial, casi esquina con calle Villa Lombardo.

Adaptarse o quedarse atrás

Napoleón ha sido testigo de la evolución del oficio. Empezó trabajando con martillo y tachuelas; hoy utiliza herramientas neumáticas y materiales más modernos. La tecnología, reconoce, obliga a actualizarse constantemente.

“El reto es enfrentar trabajos difíciles cada día. Se van modernizando y uno tiene que aprender cómo hacerlos”, admite para Tus Buenas Noticias.


Esa mentalidad de aprendizaje continuo ha sido su principal fortaleza. No se trata solo de repetir lo que ya sabe, sino de mejorar, de perfeccionar técnicas, de ofrecer un acabado que hable por sí mismo.

Pasión que no se jubila

Aunque ya está jubilado de COBAES y dejó el arbitraje cuando la exigencia física fue mayor, en la tapicería no contempla un retiro cercano.

“Mientras Dios me dé vida y agilidad, voy a seguir adelante”, afirma.


No se imagina en casa todo el día. Le gusta levantarse temprano, atender clientes, resolver problemas y ver el resultado final de un trabajo bien hecho.

Su familia, entre bromas y preocupación, le ha sugerido bajar el ritmo. Él escucha, sonríe, pero confiesa que tiene “ese gusanito” de seguir activo. Sabe que llegará el momento de decir basta, pero por ahora se siente con energía.

Y cuando ese día llegue, imagina que viajará más. Es lo que más disfruta hacer cuando puede: salir de vacaciones y ver reflejado en esos momentos el fruto del trabajo constante.

Enseñar para que el oficio continúe

A lo largo de los años ha enseñado el oficio a varias personas, incluidos familiares. Su propio hermano aprendió con él, y otros han encontrado en la tapicería una forma honesta de ganarse la vida.

Para Napoleón, el mensaje es claro: cualquier actividad digna puede convertirse en camino de superación si se ejerce con constancia y rectitud.

A quienes dudan o no saben por dónde empezar, les aconseja decidirse, levantarse cada mañana con propósito y apostar por un trabajo honesto.


Más que un oficio

Nacido en la colonia Melchor Ocampo, y avecindado en el sector Chulavista, Napoleón se mueve cada día hasta el taller ubicado en Infonavit Humaya. No lo hace por obligación: lo hace porque ahí está su identidad.

Entre telas, grapas y costuras, Napoleón Macías Núñez ha tejido algo más profundo que muebles y asientos: ha tejido una vida coherente con sus valores.

Y mientras tenga fuerza en las manos y ánimo en el corazón, seguirá haciéndolo. Porque para él, la tapicería no es solo trabajo. Es su manera de estar en el mundo.

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