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"Chispa de Luz" convierte la risa en sustento. Rompe prejuicios como payasa y psicóloga en Culiacán

Luz Patricia Acosta Lozano, psicóloga jubilada y pionera del clown femenino en Culiacán, eligió la risa como herramienta para sacar adelante a sus hijos, romper prejuicios y construir, desde el amor, un legado familiar que hoy sigue iluminando generaciones.

6 marzo, 2026
La Payasita Chispa de Luz es uno de los personajes más conocidos en el mundo de las fiestas infantiles.
La Payasita Chispa de Luz es uno de los personajes más conocidos en el mundo de las fiestas infantiles.

A simple vista parece una payasita más. Nariz roja, maquillaje colorido, una sonrisa que se nota incluso antes de hablar. Pero basta escucharla unos minutos para entender que Chispa de Luz no es cualquier payasa de Culiacán. Es una mujer que convirtió el dolor en oficio, la risa en sustento y el amor en herencia.

“Soy Luz Patricia Acosta Lozano, psicóloga”, dice con orgullo.


Psicóloga jubilada de CEPDES, 39 años de servicio, 63 años de vida y más de tres décadas haciendo reír.

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La historia de Luz Patricia y su legado familiar

La payasita Chispa de Luz es un ejemplo de resiliencia ante las adversidades de la vida.
La payasita Chispa de Luz es un ejemplo de resiliencia ante las adversidades de la vida.

La historia no empezó con globos ni aplausos. Empezó con una ausencia.

“Me quedé sola, con dos hijos”, dice sin rodeos. Y en esa frase cabe todo: miedo, cansancio, responsabilidad, noches largas y decisiones urgentes.

En medio de una situación difícil y extrema, Luz Patricia hizo algo que pocos se atreven: se puso una nariz roja y salió a trabajar. No como un juego, no como pasatiempo. Como una forma de sobrevivir.

Así nació Chispa de Luz.

Una psicóloga, profesionista, trabajadora de la Secretaría de Educación Pública, enfrentando miradas de juicio.

“Que te vean con lástima… ‘pobrecita, anda de payasita’”, recuerda.


Porque durante años, ser payaso no era visto como arte. Y menos si eras mujer. Y mucho menos si eras psicóloga.

“Afortunadamente me tocó ser punta de lanza, cambiar la perspectiva de la gente, demostrar que el payaso es un profesional”, comparte.


Chispa de Luz no solo hizo reír. Educó emociones sin que nadie lo notara.

Escuchó, observó, acompañó. Usó lo que sabía como psicóloga y lo transformó en risas que sanan.

“¿Qué me ha dejado esto? Mucha satisfacción personal, muchos viajes, mucho conocimiento… y la verdad, dinero”, dice entre risas, con los ojos brillosos. De esos brillos que no se maquillan: se viven.

No todo fue apoyo.

Recuerda especialmente a su abuela.

“Llegué bien contenta y le dije: ‘mire abuela, me vestí de payasita’. Me vio y me dijo: ‘¡qué bajo has caído!’”.


Luz Patricia no se quebró. Respondió con trabajo, constancia y dignidad. Con el tiempo, no solo ganó el respeto de su abuela, sino de un público que empezó a elegirla, a recomendarla, a esperarla.

Porque Chispa de Luz no solo anima fiestas: acompaña momentos.

Impacto de Chispa de Luz en Culiacán

Chispa de Luz también es
Chispa de Luz también es "Mamá Claus" y cada mes de diciembre alimenta la ilusión de los niños de Culiacán.

Con los años, la risa se volvió también un proyecto familiar.

En diciembre, Luz Patricia se transforma en Mamá Claus. Recolecta cartitas, entrega regalos, visita posadas.

“Antes era mi esposo y yo… ahora él ya no está”, dice con un silencio que pesa. Su esposo falleció hace dos años. Hoy, a veces, su hijo y su nieta se suman cuando hay contrato. Pequeños eventos, trabajo honesto, corazón completo.

Nunca imaginó que sus hijos seguirían ese camino. Pero la risa se contagia.

Por ejemplo, su hija Elizabeth Hernández Acosta, mejor conocida como Chispita, creció entre maquillajes, escenarios y aplausos.

“Yo tenía año y medio cuando mi mamá empezó a maquillarse, cuando nos quedamos sin papá”, recuerda.


En casa había dos figuras: mamá y Chispa de Luz. “Mi mamá era mi mamá… y Chispa de Luz la que se transformaba los fines de semana”, dice.

A los cuatro años, la pequeña Elizabeth ya jugaba con pinturas. “¡Mira mamá, soy payasita como tú!”, le decía con la carita embarrada de colores.

La adolescencia fue dura. “A los 15 dije: ya no quiero pintarme. Quería encajar. Le decía a mi mamá: ma, no vengas pintada de payasa por mí”. No era rechazo. Era proceso.

Elizabeth siguió acompañando a su mamá, ahora como pinta caritas. Aprendiendo. Observando. Entendiendo.

La familia creció como empresa. No solo fiestas infantiles: activaciones, supermercados, marcas.

Hasta que la chispa se apagó. “En seis meses me acabé el negocio. Quedamos en banca rota”, confiesa Elizabeth, sin dramatizar.

Pero las hijas de Chispa de Luz saben levantarse. Elizabeth se preparó, trabajó, se reinventó. Hoy es payasa, acróbata y maga. Artista completa. Profesionista. Mujer resiliente.

El camino de la payasa y psicóloga en tiempos de adversidad

"Chiapista", su hija, es uno de los mayores orgullos de Chispa de Luz y disfrutan trabajar juntas.

La historia de Chispa de Luz no es solo de risas. Es de valentía. De una mujer que eligió no rendirse, que enfrentó prejuicios con dignidad.

Una mujer que convirtió la risa en sustento y la adversidad en espectáculo.

Hoy, con una pensión que le da tranquilidad, Luz Patricia sigue porque quiere. “Me gusta andar, me gusta ser el centro de atracción”, dice, como quien ya no tiene nada que demostrar.

Y quizá por eso la elegimos. Porque Chispa de Luz no actúa: comparte, porque detrás del maquillaje hay historia, su risa no es ruido: es abrazo.

Luz patricia es una mujer que entendió que hacer reír también es hacer paz y que, a veces, la luz más fuerte nace justo cuando todo parece oscuro.

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