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¡Orgullo de Navolato!, Con las tortillas de harina Doña Pili, Rosario demuestra que emprender sí es posible

Con el apoyo de su familia, pasó de un comal y una prensa en la sala de su casa a una tortillería que hoy distribuye en varias comunidades y genera empleo.

9 marzo, 2026
Rosario Santos es una emprendedora de San Pedro que a pesar de su juventud ha sabido sacar adelante un negocio donde además emplea a otras mujeres para motivarlas y apoyarse mutuamente en la comunidad. Fotos: Lino Ceballos.
Rosario Santos es una emprendedora de San Pedro que a pesar de su juventud ha sabido sacar adelante un negocio donde además emplea a otras mujeres para motivarlas y apoyarse mutuamente en la comunidad. Fotos: Lino Ceballos.

Rosario Santos tiene 30 años y una historia que huele a tortillas de harina recién hechas. "Fue algo como que de repente… las ganas de trabajar. No sabíamos hacer tortillas, pero necesitábamos salir adelante y aprendimos", cuenta para Tus Buenas Noticias con una sonrisa que mezcla orgullo y cansancio.

Hace nueve años, cuando estaba por terminar la carrera de Administración de Empresas, sintió que necesitaba un ingreso. No era solo un deseo, era una urgencia.

"Yo decía: necesito estudiar, pero también necesito trabajar".


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La transformación de su hogar en un próspero negocio

Rosario solo tuvo que animarse a emprender para poder empezar a cumplir sus sueños. Foto: Lino Ceballos.
Rosario solo tuvo que animarse a emprender para poder empezar a cumplir sus sueños. Foto: Lino Ceballos.

La idea surgió sin plan de negocios, sin recetas heredadas y sin experiencia. Empezaron con un comal y una prensa. Volteaban una por una las tortillas y las enfriaban en una mesa con hoyitos.

El primer taller fue la sala de la casa de su mamá en San Pedro. "Pensábamos que no iba a salir, la verdad". Pero salió.

Rosario buscó ayuda donde pudo. Le preguntó a un muchacho que hacía tortillas, experimentó con recetas y fue probando hasta encontrar el sabor que hoy distingue a Tortillas de Harina Doña Pili, nombre que honra a su mamá, Delfina, conocida por todos como Pili.

"Ella es la que siempre me ha ayudado. Aquí empezamos las dos amasando", reconoce con gratitud.


Su papá se convirtió en el repartidor. Hoy lleva el producto a abarrotes y taquerías desde Navolato hasta Yameto, Altata, Culiacáncito y Aguaruto. A veces, incluso, llegan pedidos que viajan hasta Michoacán porque a sus clientes "les gustan mucho".

Empiezan la jornada a las cuatro de la mañana. No ha sido fácil. "Es bien pesado", admite Rosario.

La historia de un emprendimiento que genera empleo en la comunidad

Algo que le causa mucha satisfacción a Rosario es tener la oportunidad de generar empleo para las mujeres de San Pedro. Foto: Lino Ceballos.
Algo que le causa mucha satisfacción a Rosario es tener la oportunidad de generar empleo para las mujeres de San Pedro. Foto: Lino Ceballos.

Con el tiempo llegaron las máquinas. No fue sencillo comprarlas. Buscó unas máquinas usadas, más económicas. La que encontró estaba un poco deteriorada pero su papá la fue arreglando poco a poco.

"Él siempre ha trabajado y le sabe un poco a las reparaciones. Él me la arregla, me hace trabajos de herrería, me ayuda en todo", reconoce.


Después adquirió una cortadora que le costó 70 mil pesos. Una inversión grande, pero necesaria para crecer.

Hoy Rosario tiene tres empleadas. Se define como parte de un equipo. "Somos una empresa familiar", advierte.

También enfrentan dificultades. La economía no siempre ayuda y hay zonas donde a veces no pueden entrar a repartir por temas de inseguridad.

Aun así, se las ingenian para no perder producto. Ajustan rutas, conservan bien las tortillas y lo que no se vende se regala. Rosario cuida el sabor. Usa conservador, pero poco.

Lo que más disfruta no es la maquinaria ni las rutas. Es escuchar a la gente.

"Se siente bonito que lleguen y digan: son las tortillas que más me gustan. O que si no hay de las tuyas, no quieren otras".


Ahí confirma que el esfuerzo vale la pena. Que madrugar, amasar, repartir y volver a empezar sí tiene sentido.

Poder ayudar a su madre, Delfina López y a las mujeres de la comunidad, le trae mucha satisfacción. Fotos: Lino Ceballos.
Poder ayudar a su madre, Delfina López y a las mujeres de la comunidad, le trae mucha satisfacción. Fotos: Lino Ceballos.

"Siento bonito", dice al reconocer que con su pequeña empresa genera empleo entre las mujeres de San Pedro y además ayuda a sus padres.

Su esposo también suma, apoya, construye, suelda, resuelve. Rosario a veces dice que no se la cree, que todavía le sorprende ver hasta dónde ha llegado.

Pero los hechos hablan: lo que empezó en una sala hoy abastece a varias comunidades y da trabajo a otras mujeres.

Sueña con crecer más, con hacer más rutas, con que más gente sepa que existen.

Rosario no heredó una tortillería. La creó. No sabía hacer tortillas. Aprendió. No tenía capital. Lo consiguió. No estaba sola. Se apoyó en su familia.

Y desde San Pedro, demuestra que cuando hay ganas de trabajar y un equipo que empuja contigo, el emprendimiento deja de ser un sueño y se convierte en sustento.

Porque el éxito también se amasa… tortilla por tortilla.

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