Donde el arte cobra vida: Quilá celebra la mayoría de edad de su Centro Cultural en Culiacán
El Centro Cultural del Valle de San Lorenzo, en Quilá, cumple 18 años como un espacio que fortalece la educación artística y la convivencia comunitaria para habitantes de siete sindicaturas del sur de Culiacán


En el corazón de Quilá, donde el ritmo de la vida rural convive con la tradición agrícola del sur de Culiacán, un edificio colorido y lleno de historias lleva 18 años convirtiéndose en punto de encuentro para el arte, la memoria y el aprendizaje: el Centro Cultural del Valle de San Lorenzo.
En su patio descansan bicicletas antiguas intervenidas por artistas locales, grandes tomates de fibra de vidrio recuerdan el orgullo agrícola de la región y, dentro de sus salones, la música, la danza y la pintura acompañan las tardes de niños, jóvenes y adultos.

El centro cultural abrió sus puertas el 23 de octubre de 2007, durante el gobierno de Jesús Alberto Aguilar Padilla y la administración municipal de Aarón Irizar López, con el impulso del entonces titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Sergio Vela Martínez.
Hoy, casi dos décadas después, el espacio sigue cumpliendo la misma misión: acercar la cultura a las comunidades del valle y fortalecer la identidad cultural de la región.
Un complemento a la educación
Para el maestro Miguel Ángel Martínez Gámez, coordinador del centro cultural, este espacio funciona como una extensión natural de la escuela.
“Para la comunidad representa el complemento de lo académico. Los alumnos van a clases por la mañana y aquí, por la tarde, pueden seguir aprendiendo, pero desde la cultura”, explica en entrevista para Tus Buenas Noticias.

Entre semana, el lugar se llena de sonidos de guitarras, trompetas, clarinetes y tamboras. Los talleres incluyen música norteña, banda sinaloense, música de viento, danza folklórica y artes plásticas, además de una sala de cine comunitaria donde se proyectan películas dos o tres veces por semana.
Las edades no son un límite. Aquí llegan estudiantes desde los cinco años, pero también adultos mayores. Incluso, cuenta el coordinador con una sonrisa, uno de los alumnos más constantes tiene 91 años y toma clases de canto.
Un punto de encuentro para toda la región
Aunque se ubica en Quilá, el Centro Cultural del Valle de San Lorenzo se ha convertido en un espacio regional. Personas de distintas comunidades viajan cada semana para participar en sus talleres.
Llegan estudiantes desde comunidades de El Dorado, Pueblos Unidos, Emiliano Zapata, Tacuichamona y El Salado, e incluso algunos desde la propia ciudad de Culiacán.
Esta afluencia no es casualidad. Como recuerda el síndico de Quilá, Marcos García, la comunidad tiene una ubicación estratégica: está prácticamente en el centro de siete sindicaturas, todas a menos de media hora de distancia.

Cultura, memoria y patrimonio
Más allá de los talleres, el centro también resguarda fragmentos de la historia local.
En uno de sus pasillos se exhiben piezas prehispánicas encontradas en parcelas cercanas a la comunidad de Oso Nuevo. Estos objetos fueron donados hace años por el ciudadano Ramón Landero cuando se creó un museo comunitario en Quilá. Hoy, el centro cultural los mantiene en resguardo para evitar su pérdida.
También hay exposiciones que explican a los visitantes la evolución de la tecnología del entretenimiento: desde los cartuchos de ocho pistas y los discos de acetato hasta las memorias digitales actuales.
Son pequeños recorridos por la historia que ayudan a comprender cómo cambian las formas de escuchar música o ver cine.

Un espacio que sigue creciendo
A 18 años de su apertura, el Centro Cultural del Valle de San Lorenzo vive lo que su coordinador llama con orgullo “la mayoría de edad”.
Con más de una década al frente del proyecto —en dos periodos distintos—, el profesor Martínez Gámez considera que el mayor logro del lugar es haber demostrado que la cultura puede florecer lejos de las grandes ciudades.
Cada tarde, cuando los instrumentos empiezan a sonar y los pinceles se mueven sobre el papel, el centro cultural confirma su propósito: ser un espacio donde el arte conecta generaciones, fortalece la identidad regional y abre nuevas oportunidades para quienes viven en el valle agrícola del sur de Culiacán.
Porque en Quilá, entre bicicletas antiguas y tomates gigantes, la cultura sigue encontrando caminos para crecer.




























