Leticia Acosta perdió la pena y encontró seguridad vendiendo joyería en el Centro de Culiacán
Lety combina la contabilidad con la venta de joyería y asegura que su negocio le ha dado algo más que ingresos: confianza en ella misma.

Cada vez que extiende su mesa y acomoda aretes, collares y pulseras, Leticia Acosta recuerda que hubo un tiempo en que le daba vergüenza hacerlo.
Tiene 33 años. Es contadora pública y sigue ejerciendo desde casa, atendiendo a sus clientes. Pero en las mañanas, dos o tres días a la semana, cambia los estados financieros por accesorios brillantes y se instala en pleno Centro de Culiacán.
Ahí dedica alrededor de dos o tres horas a su emprendimiento de joyería fina. “Me encanta mi negocio y conocer personas”, comparte con una sonrisa que se nota genuina. Dice que estos dos años le han dejado algo más valioso que las ventas: seguridad.
La historia de Leticia Acosta y su emprendimiento de joyería

La historia comenzó de manera sencilla. Su hija menor estaba por entrar al preescolar y Leticia sabía que dejaría su empleo convencional. Buscaba un ingreso extra que pudiera manejar con sus tiempos, sin descuidar a sus niñas.
La joyería apareció casi por casualidad. Uno de sus hermanos necesitaba un regalo para su novia y ella trabajaba cerca de donde vendían los accesorios. Compró ese primer juego de aretes y collar… y ahí comenzó todo.
Se unió a capacitaciones. Escuchó testimonios. Descubrió que no solo podía ganar por vender, sino también ayudando a otras mujeres a generar ingresos. Poco a poco formó su propio grupo de afiliadas, mujeres que ha conocido en la escuela, en restaurantes, en trabajos anteriores, en redes sociales.
Cómo superó la pena y encontró su pasión

Pero el proceso no fue automático. “Al principio me daba mucha pena ofrecer la joyería”, reconoce. Como contadora, cargaba con la idea de que una profesional no debía “andar vendiendo en la calle”. Ese pensamiento le pesaba, hasta que decidió cambiarlo.
Entendió que si alguien rechazaba el producto, no pasaba nada. Y que si alguien decía que sí, la oportunidad era grande.
Leticia no dejó su profesión. La complementó. No cambió de rumbo, amplió el camino. Y cada vez que acomoda sus piezas bajo el sol del Centro, confirma algo que aprendió en estos dos años: el emprendimiento no solo genera ingresos… también construye carácter.
















