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AMAD: Cuando el amor de madre se convirtió en un motor de inclusión en Mazatlán

Hace casi dos décadas, un grupo de madres decidió no esperar y crear las oportunidades que no existían para sus hijos; hoy, su esfuerzo beneficia a decenas de familias través de su programa de desarrollo de habilidades y capacidades adaptativas

17 marzo, 2026
Con una historia de casi dos décadas en Mazatlán, la Asociación Manos Amigas por la Discapacidad ha brindado apoyo a través de sus talleres a personas con discapacidad motora e intelectual
Con una historia de casi dos décadas en Mazatlán, la Asociación Manos Amigas por la Discapacidad ha brindado apoyo a través de sus talleres a personas con discapacidad motora e intelectual

En Mazatlán existe un “Corredor de la Discapacidad”, nombrado así por los propios integrantes de Instituciones de Asistencia Privada que se ubican en la misma zona, en la colonia Vistas del Mar, muy cerca del sector Flores Magón.

Ahí, la Asociación Manos Amigas por la Discapacidad (AMAD), vive su historia reciente de atención a personas de escasos recursos con discapacidad motora e intelectual, a quienes ofrecen un programa de desarrollo de habilidades adaptativas.

A través de talleres como manualidades y matemáticas funcionales, en AMAD los usuarios adquieren conocimientos y habilidades para integrarse a su entorno, socializar y adaptarse a situaciones de la vida cotidiana, mejorando su calidad de vida.

La Asociación Mannos Amigas por la Discapacidad nació en Mazatlán hace 19 años gracias a la iniciativa de madres de niños con discapacidad
La Asociación Mannos Amigas por la Discapacidad nació en Mazatlán hace 19 años gracias a la iniciativa de madres de niños con discapacidad

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Pero la historia de la Asociación Manos Amigas por la Discapacidad nació hace 19 años, María Ávila Pérez, Presidenta del Patronato de la Institución y fundadora del organismo, recuerda que, como otras asociaciones, AMAD surgió de la necesidad de madres de pequeños con una discapacidad buscando atención para sus hijos.

“La fundación del organismo fue el 24 de abril del 2007 es el día del registro en Hacienda, unos seis meses antes nos empezamos a organizar, fuimos varias mamás que llevábamos a nuestros hijos a terapia a un CAM en el Toreo”, señala.


María ya tenía experiencia asistiendo a terapias con su hijo, e incluso trabajando en otras instituciones, pues a partir del nacimiento de su pequeño con parálisis cerebral su vida cambió, se enfocó en ayudarlo y sacarlo adelante.

“En lo personal mi historia ha sido muy ligada a las asociaciones, desde que nació mi hijo yo participé en diferentes instituciones, soy de CDMX y cuando él nació aquí en Mazatlán decidí regresar a atender a mi hijo allá en la capital, porque allá estaba mi familia, mi hijo ya tiene 43 años y en ese entonces aquí no había las alternativas que hay ahorita”, asegura.


En la Ciudad de México María tuvo oportunidad de asistir a un congreso de una institución que aglomeraba a las organizaciones que atendían a personas con discapacidad y para ella fue impactante reconocer que su hijo tenía esa condición.

“Ahí fue mi primer impacto de saber qué es la discapacidad porque en ese congreso se habló de todo del Síndrome de Down, de parálisis cerebral, hubo diferentes mesas de reunión entre los papás y ahí fue un impacto porque ahí dije mi hijo tiene discapacidad, los doctores nunca me dijeron que era discapacidad me dijeron que era retraso psicomotor fue todo”.


María Ávila Pérez es fundadora de AMAD y desde hace 19 años su hijo recibe atención en los talleres de la asociación
María Ávila Pérez es fundadora de AMAD y desde hace 19 años su hijo recibe atención en los talleres de la asociación

Al adquirir estos conocimientos María decidió estudiar para ser rehabilitadora física, carrera con la que ayuda a su hijo con las terapias y también le abrió las puertas en para colaborar en instituciones que atienden a personas con discapacidad.

Al tiempo y ya con su carrera terminada, María regresó a Mazatlán, aquí trabajó como terapista en la Asociación Padres y Compadres, además de estudiar sociología y atender a sus dos hijos.

Trabajó también en la Junta de Asistencia Privada y en el DIF, sin embargo, conseguir a alguien de confianza que cuidara a su pequeño con discapacidad mientras ella salía a buscar el sustento del hogar fue muy complicado.

“Me enfrenté a no tener con quien dejar a mi hijo para ir a trabajar, me tuve que salir de trabajar por esa situación. Con hijo con discapacidad es muy difícil encontrar quien lo cuide, y las personas que llegué a contratar no me lo cuidaban bien. Fue un problema muy fuerte, hasta que opté por hablar con el papá de mi hijo y le planteé la situación y él me apoyó”.


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Así fue como María pudo dedicarse al cien por ciento a cuidar a su hijo y acudir al CAM donde conoció a quienes la apoyaron para fundar AMAD.

“En una reunión con las mamás les dije vamos haciendo una asociación, formalizando esto podemos lograr más posibilidades para nuestros hijos, juntar más muchachos que necesiten las terapias y lo entendimos perfectamente todas”, dice con orgullo.


Las primeras rehabilitadoras de los usuarios de AMAD fueron las propias madres de familia que fundaron la Institución de Asistencia Privada
Las primeras rehabilitadoras de los usuarios de AMAD fueron las propias madres de familia que fundaron la Institución de Asistencia Privada

Alrededor de diez mamás pusieron manos a la obra, organizaron desayunos para recaudar fondos y poder rentar la primera casa para dar terapias ellas mismas a sus hijos.

Los primeros talleres de AMAD se enfocaron en estimular a los pequeños, no solo con terapia física, sino con baile, canto y música. Las mamás les contaban cuentos y les hablaban de la historia de México, les enseñaban repostería y jugaban con ellos.

“Cuando recién empezamos las mamás éramos las que dábamos terapia a nuestros hijos y no esta terapia física era entre estimulación y enseñanza, les contábamos cuentos, había una mamá que hacía dibujos y les platicaba sobre temas de historia”, recuerda.


María, quien es también la directora operativa de AMAD, aprendió a hacer proyectos para obtener recursos económicos a través de convocatorias de SEDESOL.

También participaron en redondeos de instituciones privadas, proyectos del programa Hábitat y de Nacional Monte de Piedad, así pudieron adquirir mobiliario y material para la institución, además de realizar eventos y ahorrar para poder construir sus instalaciones actuales en un terreno donado por el Ayuntamiento en Vistas del Mar.

“Aquí en estas instalaciones tendremos como 10 años, el primer salón lo hicimos con ahorros que teníamos de desayunos que hicimos”, explica en entrevista con Tus Buenas Noticias.


En el
En el "Corredor de la Discapacidad" en Vistas del Mar AMAD atiende actualmente a 20 personas con discapacidad

Actualmente AMAD atiende a 20 personas con discapacidad, su programa de desarrollo de habilidades y capacidades les permite adaptarse al medio ambiente y a su vida cotidiana.

“Queremos que ellos aprendan a ser autosuficientes, que puedan aprender a vestirse, a ponerse zapatos, a peinarse, a lavarse los dientes, a hacerse un sándwich, esas son habilidades adaptativas, que los llevan a ser de cierta manera funcionales y auto suficientes”, asegura.


El próximo para para AMAD es abrir un taller de sublimado, donde los usuarios se capaciten y puedan generar artículos para su venta.

“Yo tengo mucha fe en que esto va a funcionar y me emociona mucho porque esto es vida para ellos, nosotras no queremos a nuestros hijos encerrados en casa queremos darles otra perspectiva de vida, que aprendan a socializar y a ser productivos”, dice María emocionada.


Los talleres de AMAD permiten que los usuarios se integren con mayor facilidad a su entorno cotidiano y sean productivos
Los talleres de AMAD permiten que los usuarios se integren con mayor facilidad a su entorno cotidiano y sean productivos

Más allá de la infraestructura y los talleres, el verdadero legado de AMAD es la red de confianza que construyeron estas madres mazatlecas.

Lo que nació hace 19 años como una respuesta urgente ante la falta de alternativas, hoy se ha consolidado como un modelo de autogestión y esperanza.

Al mirar hacia adelante con el nuevo taller de sublimado, la asociación no solo busca la autosuficiencia económica de sus usuarios, sino que desafía las barreras del aislamiento, demostrando que, cuando una comunidad se organiza para derribar obstáculos, el resultado es una sociedad más inclusiva, donde la productividad y la dignidad tienen un lugar para todos.


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