Un zapatero que va un paso adelante: La vida de Galileo Santos en Mazatlán
Con 30 años reparando calzado en el Mercado Flores Magón, Don Gali es un ejemplo de perseverancia y aprendizaje constante. Su oficio de zapatero le ha permitido emprender, trabajar y dar sustento a su familia en este puerto que lo recibió hace casi 50 años


En casi 50 años viviendo en Mazatlán, el señor Galileo Santos ha tenido una vida muy productiva, aprendió de todo un poco hasta llegar al oficio de zapatero.
Nacido en la Ciudad de México, Gali, como lo conocen en el sector Flores Magón del puerto, llegó a Mazatlán a los 19 años de edad, vino a pasear, pero la tranquilidad de esta ciudad le gustó tanto que se quedó.
En esa época él trabajaba en la capital del país como ayudante de mecánico automotriz y tuvo la idea de conseguir un trabajo en Mazatlán para seguir aprendiendo ese oficio, pero aquí no había muchos lugares donde pudiera ejercer.
“Me gustó y me quedé, busqué trabajo en mecánica y no había, nada más había un taller en frente de la Universidad, yo lo que quería era seguir mi oficio de mecánico, pero no había talleres, buscaba entrar a trabajar con un sueldo que me diera para comer y aprender”, recuerda con nostalgia.

Al no encontrar un trabajo en la mecánica automotriz y no tener recursos para invertir en su propio taller, el joven buscó otros empleos.
Un aprendiz eterno: de la mecánica a la costura y el calzado
Galileo trabajó en diferentes partes del puerto como ayudante de albañil, de plomero y de electricista.
“Entonces trabajé en muchas cosas, aprendí un poquito de todo, hasta que me metí a la costura”, señala.
Sus ganas de salir adelante con un trabajo honrado lo llevaron a aprender muchos oficios, entre ellos el de costurero, en el que permaneció por varios años.
En entrevista con Tus Buenas Noticias, Don Gali platica que trabajó en un taller donde confeccionaban uniformes para los hoteles, él era “pantalonero” y la pagaban a 50 pesos la pieza.
Ahí se le presentó la oportunidad de ir a trabajar en un taller de costura en La Paz, Baja California, donde le ofrecían mejor paga, Galileo no lo pensó dos veces, hizo sus maletas y fue a probar suerte a la península.
“Allá me iban a pagar 70 pesos la pieza, me pagaron la avioneta para viajar y me fui, pero estando allá me dijeron que me iban a pagar lo mismo que aquí en Mazatlán, trabajé dos semanas ahí y me fui a otro taller donde estuve dos años”, dice.
Cuando decidió regresar a Mazatlán Gali ya no encontró trabajo en los talleres de costura, pues en ese tiempo se abrió en el centro de la ciudad una tienda de ropa muy grande que hizo cerrar muchas sastrerías.
30 años reparando el calzado de los mazatlecos
Así que nuevamente la vida lo puso en el camino del aprendizaje, buscó y encontró trabajo en un taller de reparación de calzado en la colonia Olímpica.
“Me propuse aprender rápido porque el pago por día era muy poco, en un mes yo aprendí todo lo necesario para poner mi propio taller”, afirma orgulloso.

Fue entonces que llegó al sector Flores Magón, puso su primer taller en El Conchi, donde desde el primer día tuvo mucho trabajo.
Galileo construyó un tejaban y ahí empezó a trabajar, pero al poco tiempo le pidieron que se moviera de lugar debido a que empezaron la obra de introducción de tubería de agua potable en la zona.
Sin perder la motivación al ver que el taller era un buen negocio, decidió buscar un espacio en el Mercado Flores Magón, que tenía pocos años de haber abierto sus primeros locales.
Acudió al Ayuntamiento de Mazatlán para solicitar un espacio y le asignaron uno dentro del centro de abastos y pronto el joven pudo comprar su propio local en la esquina del mercado.
“El Ayuntamiento me dio un localito para trabajar en medio del mercado, luego me vendieron una esquina del mercado viejo y cuando lo tiraron para hacer el actual yo no me quise mover porque me querían mandar hasta el fondo del nuevo mercado”, asegura.
Galileo buscó la manera de permanecer en su propiedad y lo logró, con un amparo. Así quedó fuera de la estructura del mercado actual, pero en su local a la orilla del estacionamiento, donde permanece desde hace más de 30 años.
En su taller de reparación de calzado que ha llevado el nombre de “Gali” y “Virgo” ha realizado miles de trabajos, a clientes que ya son asiduos y otros nuevos que buscan un buen zapatero en la zona.
“Lo que más cae son costuras a mano, pintura y suelas, pero como ya está uno viejo hace más lento el trabajo y agarra uno menos dinero, antes rendía mucho, había más energía, andaba uno apurado por ganar más dinero. Ahorita, aunque caiga mucha chamba les tengo que decir a algunos que no, porque no les voy a poder cumplir. Se cansa uno ya viejo, tengo 70 años”, asevera.

Una vida de trabajo y aprendizaje
Aunque la edad lo obliga a trabajar cada vez menos, Don Gali asegura que este pequeño negocio le ha dado muchas satisfacciones, pues fue y sigue siendo el sostén de la familia que formó con una mujer mazatleca, originaria del pueblo de El Recodo.
“Aquí en Mazatlán me casé con una mujer de El Recodo y tuve a mis hijos, nunca me arrepentí de venirme de la Ciudad de México a Mazatlán lo único que resentí fue el calor de agosto y septiembre, después de tantos años todavía lo resiento”, platica con una sonrisa.
Además de las reparaciones Don Gali tiene remate de zapatos, pues han dejado muchos pares olvidados en su taller, algunos los tiene ahí en exhibición y muchos otros los tiene en su casa, aunque se venden poco, significan un ingreso extra y la recuperación del trabajo realizado. 
La trayectoria de Don Gali no solo es la historia de un zapatero, sino un recordatorio de que la adaptabilidad es la llave para superar cualquier obstáculo.
En un mundo en constante evolución su taller en el sector Flores Magón permanece como un testimonio de que el trabajo honrado y la disposición constante por aprender no solo construyen un patrimonio, sino que definen el carácter de una comunidad que valora los oficios tradicionales.
Hoy, al mirar atrás, Galileo Santos no solo ve miles de zapatos reparados, sino una vida plena construida con sus propias manos.
A sus 70 años, Don Gali nos enseña que el éxito está en la constancia de levantarse cada día a ejercer el oficio elegido con integridad.
Su legado en el sector Flores Magón es una invitación a las nuevas generaciones a ver en la capacidad de reinventarse, al igual que él lo hizo entre mecánicas, costuras y suelas, la verdadera ruta hacia una vida con propósito y arraigo.









