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De la vergüenza a la esperanza Don Guillermo encontró en la venta del camarón una forma digna de salir adelante en Culiacán

La pandemia cambió la vida de muchas personas, entre ellas la de Don Guillermo Martínez, que encontró en la venta de camarón una manera honrada de reconstruir su camino desde una esquina de Plaza Las Américas

19 marzo, 2026
Don Guillermo se pone de lunes a sábado a vender sus bolsitas de camarón fresco durante las mañanas en la esquina de la Plaza Las Américas.
Don Guillermo se pone de lunes a sábado a vender sus bolsitas de camarón fresco durante las mañanas en la esquina de la Plaza Las Américas.

Culiacán, Sinaloa.- En una de las esquinas donde el movimiento de la ciudad nunca se detiene, justo en la Plaza Las Américas, Don Guillermo Martínez Beltrán acomoda con cuidado sus bolsas de camarón.

Tiene 62 años y está por cumplir 63, pero cada mañana llega con la misma intención: trabajar con dignidad y llevar sustento a casa. Su historia como vendedor comenzó en uno de los momentos más difíciles de los últimos años: la pandemia del 2020.

Antes de eso, su vida laboral había transcurrido en otros oficios. Durante varios años fue encargado en distintos negocios. Primero trabajó en un taller de muelles para automóvil, donde permaneció alrededor de cinco o seis años. Después estuvo en un negocio de materiales para construcción, donde también tenía responsabilidades importantes.

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Sin embargo, el destino cambió el rumbo de esos trabajos y en ambos casos, las empresas cerraron tras situaciones trágicas que afectaron a sus dueños, y Don Guillermo se quedó nuevamente sin empleo. Cuando llegó la pandemia, la situación se volvió aún más complicada. “No había trabajo”, recuerda.

Don Guillermo siempre tiene su hielera a la mano, con su producto preparado para cualquiera que se acerque.
Don Guillermo siempre tiene su hielera a la mano, con su producto preparado para cualquiera que se acerque.

Salir adelante y el orgullo del trabajo digno

Fue entonces cuando comenzó a buscar alternativas para salir adelante. Primero intentó vender cerca del mercado de Abasto, pero el lugar estaba lleno de vendedores.

Decidió moverse a otros puntos de la ciudad, probando suerte en distintos espacios hasta encontrar un sitio donde pudiera trabajar con tranquilidad. Pero antes de empezar hubo algo que tuvo que vencer: la vergüenza.

Don Guillermo confiesa que nunca había vendido nada y que al principio le daba pena encontrarse con personas que lo conocieran.

Yo me vine hasta acá porque me daba vergüenza con la gente que me conocía”, cuenta.


En ese momento apareció una mano solidaria, una vecina le habló de la posibilidad de vender camarón y le ofreció prestarle dinero para comenzar.

Me dijo: ‘Si quieres vamos a vender camarón. Yo te presto para que inviertas junto con mi hijo’”, recuerda. Así comenzó todo.


Poco a poco aprendió el oficio y hoy vende camarón sin cabeza, en bolsas de 800 gramos que ofrece a sus clientes con paciencia y una sonrisa. Con el tiempo, su producto se ganó la confianza de quienes pasan por la zona.

Hay gente que viene de lejos a comprar”, comenta orgulloso.


 

Don Guillermo menciona que se siente orgulloso de la calidad de su producto, el cual ha sido llevado hasta otros estados:

Algunos se llevan hasta 10 o 15 bolsas para llevar a otras ciudades”. Durante los primeros meses de la pandemia las ventas eran muy buenas.


Hoy la realidad es distinta. La competencia ha aumentado y hay muchos más puestos en las calles, lo que ha reducido las ventas. Aun así, Don Guillermo continúa cada día en su lugar, porque para él, lo importante es seguir trabajando.

Con los años también cambió su forma de ver las cosas y aquella vergüenza que sentía al principio se fue transformando en una certeza: todo trabajo honrado merece respeto.

Cuando se le pregunta qué consejo daría a los jóvenes o a quienes tienen miedo de empezar algo nuevo, su respuesta es sencilla pero profunda.

Que trabajen, que no les dé pena. Si uno trabaja honradamente, no tiene por qué darle vergüenza”.


En medio del ruido de la ciudad, Don Guillermo sigue acomodando sus bolsas de camarón, con la paciencia de quien sabe que cada jornada es una oportunidad más para salir adelante. Y aunque los tiempos cambien, su historia recuerda algo esencial: la dignidad del trabajo siempre abre camino a la esperanza.

Con paciencia, Don Guillermo espera a los potenciales clientes que puedan pasar caminando o en su auto.
Con paciencia, Don Guillermo espera a los potenciales clientes que puedan pasar caminando o en su auto.




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