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Sergio Méndez: El artesano de Oaxaca que cambia sus creaciones por despensa en Culiacán

Sergio Méndez, artesano originario de Huajuapan de León, Oaxaca, vende sus creaciones en Culiacán. Entre retos económicos y familiares, mantiene su oficio vivo y apuesta por el trueque como forma de salir adelante

2 abril, 2026
La historia de Sergio Méndez no es excepcional por lo extraordinario, sino por lo cotidiano: levantarse cada día, trabajar con lo que se sabe hacer y buscar alternativas cuando el camino se cierra. | Imágenes de Francisco Castro
La historia de Sergio Méndez no es excepcional por lo extraordinario, sino por lo cotidiano: levantarse cada día, trabajar con lo que se sabe hacer y buscar alternativas cuando el camino se cierra. | Imágenes de Francisco Castro

Culiacán, Sinaloa.- En el estacionamiento del Walmart Tres Ríos, entre el ruido de carros y el ir y venir de personas, Sergio Méndez teje algo más que bolsas: teje resistencia. 

Originario de Huajuapan de León, Oaxaca, y radicado en Culiacán desde hace una década, este artesano ha encontrado en su oficio una forma de sostener a su familia con dignidad.

Cada tarde, Sergio instala su pequeño espacio de trabajo y venta. Ahí, lo mismo ofrece sus productos que propone algo poco común en tiempos modernos: el trueque.

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Ante los retos económicos, Sergio Méndez apuesta por el trueque de artesanías por productos básicos para sostener a su familia.
Ante los retos económicos, Sergio Méndez apuesta por el trueque de artesanías por productos básicos para sostener a su familia.

Despensa o pañales a cambio de artesanías.


Un oficio que viene de casa

Sergio aprendió la elaboración de artesanía de sus abuelos. Fue su herencia. Hoy, con 37 años, mantiene viva esa tradición elaborando bolsas, cestos, monederos y otros artículos con fibra plástica y palma natural.

Mientras trabaja, explica con precisión el proceso para Tus Buenas Noticias. Cada pieza requiere tiempo, técnica y paciencia. Una bolsa, por ejemplo, puede tardar hasta dos días en completarse, desde el tejido hasta los detalles finales como las asas.

“Es un material muy resistente, especial para el mandado”, comenta mientras entrelaza fibras que, en sus manos, adquieren forma y propósito.


Aunque gran parte de lo que vende lo elabora él mismo, también recibe artesanías hechas por su familia en Oaxaca. La distancia no ha roto el vínculo: al contrario, lo ha transformado en una red de apoyo que cruza estados.

Cambiar sin rendirse

Hace unos meses, Sergio recorría las calles intentando vender sus productos. Sin embargo, la baja en ventas lo obligó a buscar nuevas alternativas. Así llegó al estacionamiento del supermercado del Desarrollo Urbano Tres Ríos, donde hoy se instala diariamente.

La necesidad lo llevó a tomar una decisión poco convencional: aceptar despensa o artículos de higiene a cambio de sus artesanías. Entre lo más urgente, menciona pañales para adulto, necesarios para el cuidado de un tío que vive con él y enfrenta una condición de salud complicada.

Sergio Méndez, originario de Oaxaca, vende sus artesanía en un espacio del estacionamiento frente al Walmart Tres Ríos y el SAMS.
Sergio Méndez, originario de Oaxaca, vende sus artesanía en un espacio del estacionamiento frente al Walmart Tres Ríos y el SAMS.

“No es pedir, es ofrecer lo que sabemos hacer”, explica con firmeza.


Esa postura resume su visión: trabajar antes que extender la mano. Aun así, reconoce que no ha sido fácil. Los gastos, la renta y el sustento diario siguen siendo una presión constante. 

Familia, motor y responsabilidad

Sergio vive en Culiacán con su esposa, sus hijos y su tío. Desde que llegó a la ciudad, hace aproximadamente 10 años, no ha regresado a Oaxaca. Prefiere enviar ese dinero a sus padres y apoyar desde la distancia.

La familia es el centro de sus decisiones. Incluso, su dinámica diaria gira en torno a sus hijos: por eso trabaja por las tardes, después de cumplir con sus responsabilidades en casa.

Aunque sus hijos no muestran interés en aprender el oficio, él insiste en su valor. “Un oficio nunca está de más”, les dice, convencido de que saber trabajar con las manos puede marcar la diferencia en momentos difíciles.

Entre la solidaridad y el regateo

En su experiencia, la gente en Culiacán ha mostrado empatía y "un gran corazón". Hay quienes compran, otros que intercambian productos y algunos más que se detienen a conversar. Ese contacto humano, dice, también ayuda a sobrellevar los días complicados.

Sin embargo, también enfrenta una realidad común para muchos artesanos: el regateo. A veces, el precio final apenas cubre el material, dejando la mano de obra prácticamente sin valor.

Aun así, acepta. Porque cuando no hay venta, cualquier ingreso cuenta.

Un espacio para resistir

Desde hace unos meses, encontró en este punto un lugar más estable. Aunque no siempre hay ventas, al menos hay movimiento, compañía ocasional y la posibilidad de seguir intentando.

Sergio no romantiza su situación. Sabe que el panorama es complicado, pero también tiene claro que rendirse no es opción.



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