Jesús Antonio: 40 años dando nueva vida a muebles desde el Mercadito Humaya en Culiacán
Jesús Antonio Moreno, tapicero con casi 40 años de experiencia en Culiacán, ha construido su negocio en el Mercadito Humaya con esfuerzo, resiliencia y pasión por un oficio que le ha dado sustento y propósito


En el Mercadito Humaya, al norte de Culiacán, hay un taller donde el paso del tiempo no se mide en años, sino en muebles restaurados, clientes que regresan y manos que no han dejado de trabajar.
Ahí, entre telas, hilos y herramientas, Jesús Antonio Moreno Estrada ha construido una vida entera alrededor de su negocio: Tapicería Moreno.
Su historia comenzó antes de cumplir los 15 años. Fue su tío quien lo acercó al oficio, en un pequeño taller donde lo que parecía un trabajo más terminó por convertirse en su vocación.

Como suele pasar con los oficios que se aprenden desde abajo, el inicio no fue sencillo.
Aprender desde cero
Entre sus primeros retos, recuerda uno en particular: dominar la máquina de coser. No era solo cuestión de práctica, sino de entender el ritmo, la precisión y la paciencia que exige el trabajo bien hecho.
Pero si algo capturó su atención desde el inicio fue el capitoneado: esa técnica que transforma un mueble en una pieza detallada, con figuras geométricas y botones que le dan carácter.
Era, en sus palabras, la parte más fina del oficio, donde el trabajo dejaba de ser solo funcional para convertirse en algo más estético.
Ese interés fue creciendo con los años. Lo que empezó como aprendizaje se convirtió en experiencia, y la experiencia en una trayectoria que hoy suma casi cuatro décadas.
El salto a lo propio
Antes de emprender por su cuenta, Jesús pasó cerca de 30 años trabajando en una tapicería en la colonia Centro, donde fortaleció su técnica y entendió a fondo el negocio. Fue ahí donde aprendió no solo a tapizar, sino a tratar con clientes, cumplir tiempos y mantener la calidad.
Hace aproximadamente siete años decidió dar el paso que muchos posponen: independizarse. Así nació su propio taller, hoy ubicado en el Mercadito Humaya.
Lo que inició como un pequeño espacio ha ido creciendo poco a poco, con mucha constancia y disciplina.

Resistir cuando el panorama se complica
Tener un negocio propio también trajo nuevos desafíos, pues mantenerlo a flote no siempre ha sido fácil.
Las rentas, los servicios y los impuestos representan una carga constante. A eso se sumó la pandemia, un periodo que redujo considerablemente la demanda y obligó a muchos negocios a replantear su forma de operar.
“Bajó muchísimo el trabajo”, recuerda. Sin embargo, en lugar de detenerse, decidió mantenerse. Ajustarse, resistir y seguir.
Hoy, aunque reconoce que las condiciones siguen siendo complicadas, también sabe que ha logrado algo importante: sostener su negocio y conservar una clientela que lo respalda.
Un oficio que cambia con las temporadas
En su taller, el trabajo nunca es exactamente el mismo. Hay temporadas en las que predominan las salas y comedores; en otras, los automóviles ocupan la mayor parte del tiempo.
Esa variabilidad lo ha obligado a ser versátil. No se especializa en un solo tipo de trabajo, sino en todos los que implica la tapicería. Esa capacidad de adaptación ha sido clave para mantenerse vigente.
Cada pieza que pasa por sus manos representa una oportunidad de transformar, reparar o dar nueva vida. Y aunque el proceso puede parecer rutinario, cada trabajo tiene sus propias exigencias.

Más que un oficio, una forma de vida
A sus 52 años, Jesús tiene claro que la tapicería no solo ha sido su trabajo, sino el sostén de su vida. Gracias a este oficio ha podido sacar adelante a su familia y ofrecer estabilidad a sus dos hijos.
“Es lo que sé hacer”, dice con sencillez. No se imagina lejos de un taller.
Esa conexión con su oficio habla de algo más profundo: de encontrar en el trabajo diario no solo ingresos, sino identidad.
Un espacio que también enseña
Actualmente, en su taller trabajan cuatro personas: tres tapiceros y un ayudante. Algunos han llegado con experiencia; otros han aprendido ahí mismo.
De alguna forma, su historia se repite en quienes hoy comparten el espacio con él. Así como él aprendió de su tío, ahora transmite lo que sabe a nuevas manos.
Ese intercambio mantiene vivo un oficio que, aunque tradicional, sigue teniendo un lugar importante en la vida cotidiana.
Un lugar ganado con el tiempo
El Mercadito Humaya ha sido más que un punto de trabajo: ha sido el espacio donde su negocio ha echado raíces. Con el paso de los años, la clientela ha crecido y su taller se ha vuelto un referente para quienes buscan renovar sus muebles.
El reconocimiento no llegó de inmediato. Fue el resultado de años de constancia, de cumplir con cada encargo y de mantener la calidad en cada pieza.
Hoy, su historia es la de alguien que ha sabido mantenerse en pie en medio de los cambios, sin perder de vista lo esencial: trabajar bien.
















