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Culiacán, Sinaloa. - En la Unidad Deportiva La Florida ocurre cada tarde una escena que inspira: mujeres y niñas se reúnen alrededor de agujas, hilos de colores y servilletas para aprender el arte del bordado de manera completamente gratuita, gracias a la generosidad de Rosa Aldivar Jiménez Valenzuela, mejor conocida con cariño como Doña Rosita.

Con hilos de colores y solidaridad, Doña Rosita inspira a niñas y mujeres
Lo que comenzó hace más de dos años como un pasatiempo entre amigas se transformó en un espacio de convivencia, aprendizaje y preservación de una tradición artesanal.
Junto con Lupita Estrada Gutiérrez, Doña Rosita decidió salir de casa para bordar en el parque. Sin imaginarlo, despertó el interés de otras personas que comenzaron a acercarse para aprender.
Desde entonces, de lunes a sábado, a partir de las cuatro de la tarde, ambas acuden puntualmente al parque para compartir su tiempo, sus conocimientos y el gusto por el bordado.
"Los domingos no venimos porque en ocasiones nos vamos a buscar el material, como las servilletas", comentó entre risas Doña Rosita.

Su historia con el bordado comenzó desde la infancia. Aprendió en casa gracias a su madre, la señora Cristina Valenzuela (QEPD), quien elaboraba servilletas y manteles bordados para venderlos. Años después, ese conocimiento heredado continúa vivo y hoy se multiplica en las manos de nuevas generaciones.
La Unidad Deportiva La Florida se ubica en el fraccionamiento La Florida, sobre las calles Jazmines y Salvia, cerca de la Secundaria Técnica No. 79. Un espacio abierto para aprender, convivir y mantener vivas las tradiciones.
Con paciencia, dedicación y sin cobrar un solo peso, Doña Rosita enseña a toda persona que tenga el deseo de aprender.
Poco a poco se han sumado más mujeres, quienes además de encontrar un espacio para convivir, descubren en el bordado una actividad que puede convertirse en una fuente de ingresos mediante la elaboración de productos personalizados.
Una de las mayores alegrías para la maestra es ver que cada vez más niñas se interesan por esta actividad. Romina, Jimena y Sofía son algunas de las menores que han decidido dedicar parte de su tiempo a una aguja, un aro de bordado y madejas de hilo para dar vida a coloridos diseños.

"Me alegra que las niñas se involucren para preservar nuestras tradiciones. El bordado forma parte de nuestro patrimonio cultural y es una costumbre que debe transmitirse de generación en generación", expresó Jiménez Valenzuela.
Más que enseñar una técnica, Rosa Aldivar Jiménez Valenzuela ha tejido una comunidad donde florecen la amistad, la solidaridad y el compañerismo.
Con cada puntada no solo crea servilletas, también borda historias y aprendizajes que unen generaciones.
Su generosidad demuestra que el conocimiento transmitido con amor puede transformar vidas y mantener viva una tradición que perdura como un legado hecho con el corazón.









