¿Quieres resumir esta nota?

Para Ti

Culiacán, Sinaloa.- Hay sonidos que detienen el paso. En medio del tráfico, los cláxones y el ritmo acelerado de Culiacán, de pronto aparece una melodía que parece venir de otro tiempo. 

Quien la hace sonar es Jesús Flores, mejor conocido como “Don Galletas”, un hombre de sonrisa amable que, hace apenas unos años, vendía galletas en los semáforos sin imaginar que el destino le pondría entre las manos una reliquia de 1880 y la responsabilidad de mantener viva una tradición centenaria.

Hoy es el único organillero sinaloense. Cada vuelta de la manivela no solo hace sonar el organillo; también cuenta la historia de un hombre que nunca le ha tenido miedo al trabajo y que encontró una nueva forma de ganarse la vida y regalar recuerdos a quienes se cruzan en su camino.

Originario de Badiraguato, Jesús llegó a Culiacán en 2005 con la intención de quedarse solo una temporada. El motivo era sencillo: quería que sus hijos tuvieran mejores oportunidades para estudiar. Aquella estancia temporal terminó convirtiéndose en más de dos décadas de trabajo, esfuerzo y aprendizajes.

"Me vine nomás por una temporada. Y esa temporada es la que todavía no se termina", dice entre risas.


Durante muchos años encontró su sustento en los cruceros de la ciudad. Junto con su esposa preparaba galletas de soya y otros productos que después vendían en los semáforos.

"Yo antes me dedicaba a vender galletas en los semáforos. Por eso entiendo los tiempos de los cruceros", comenta.


Fue precisamente mientras trabajaba en el cruce de la avenida Álvaro Obregón con Francisco I. Madero donde comenzó una historia que jamás imaginó vivir.

Mateo y Don Jesús siempre aprovechan cada oportunidad y pausa en los semáforos para mostrar su arte entre los carros.
Mateo y Don Jesús siempre aprovechan cada oportunidad y pausa en los semáforos para mostrar su arte entre los carros.

Una amistad que terminó convirtiéndose en un legado

Entre las personas que conocía durante sus jornadas estaba don Manuel, un hombre originario de la Ciudad de México que cada año recorría Sinaloa durante la temporada de la Feria Ganadera.

Con el paso del tiempo dejaron de ser conocidos para convertirse en amigos. Durante alrededor de 14 años, don Manuel incluso se hospedó en la casa de don Jesús cada vez que visitaba el estado.

Después de la pandemia, la salud de don Manuel cambió y tras sufrir una embolia, tomó una decisión que marcaría para siempre la vida de su amigo:

"Me dijo: 'En lugar de que este aparato se quede en malas manos, quiero que quede en las tuyas'."


Así, sin buscarlo, recibió un organillo con más de un siglo de historia y también la responsabilidad de conservar una tradición muy arraigada en México.

Al principio no fue sencillo, sin embargo, decidió aprender. Pronto cumplirá dos años recorriendo las calles de Culiacán con el uniforme tradicional y un instrumento que ha sobrevivido al paso del tiempo.

"Se mira sencillo por fuera, pero por dentro tiene un montón de mecanismos, es una tradición heredada de los alemanes en 1880, imagínese cuántos años tiene, son reliquias nacionales."


Cuando el instrumento fue restaurado, don Manuel le pidió que eligiera un símbolo representativo de su tierra. Don Jesús viajó a Badiraguato, tomó una fotografía del escudo del municipio y se la envió.

"Él fue quien decidió ponerle el logo de Badiraguato. Quería que llevara algo típico de donde soy." Hoy, cada vez que sale a trabajar, lleva consigo un pedacito de sus raíces.


Con paciencia ambos siempre esperan a que el semáforo se vuelva  a poner en rojo para poder continuar tocando el organillo.
Con paciencia ambos siempre esperan a que el semáforo se vuelva a poner en rojo para poder continuar tocando el organillo.

Un organillo que también enseña a no rendirse

Don Jesús reconoce que ser organillero significa vivir de todo un poco. Hay personas que se emocionan al escucharlo, se acercan para agradecerle o incluso le invitan unos tacos. Otras, simplemente no entienden lo que hace.

A sus 59 años sigue recorriendo las calles porque sabe que el trabajo nunca ha sido opcional.

Está felizmente casado desde hace alrededor de tres décadas, es padre de tres hijos y de Mateo, un niño de siete años que suele acompañarlo con entusiasmo y que llena de alegría cada jornada.

"Me gusta mucho venir", menciona Mateo emocionado riendo.


Antes de convertirse en organillero, las galletas de soya que elaboraba junto a su esposa fueron el sustento de la familia durante muchos años. Hoy el organillo ocupa ese lugar, aunque el esfuerzo sigue siendo el mismo.

Cuando se le pregunta qué consejo daría a quienes sienten deseos de rendirse, primero responde con el humor que lo caracteriza:

"Cuando vean el recibo de la luz o del agua, arránquense a trabajar"


Después guarda silencio unos segundos y comparte una reflexión que resume la forma en que ha enfrentado la vida:

"No tenemos otra alternativa más que mantenernos firmes… hay que seguir adelante."


Mientras el organillo vuelve a sonar entre el movimiento de la ciudad, algunos reducen el paso para escucharlo, otros sacan su celular para grabarlo y muchos sonríen al reconocer una melodía que parecía haberse quedado en el pasado.

Don Jesús, vecino de la colonia Rosario Uzárraga, continúa girando la manivela con la misma convicción con la que durante años ofreció galletas en los semáforos. 

Y es que aunque cambió de oficio, nunca cambió aquello que lo ha acompañado toda la vida: las ganas de trabajar, de salir adelante y de demostrar que las tradiciones también pueden encontrar nuevos guardianes cuando llegan a las manos correctas.

Carro por carro ambos se acercan a saludar y recibir el apoyo que la gente guste otorgarles.
Carro por carro ambos se acercan a saludar y recibir el apoyo que la gente guste otorgarles.

¿Sabías que…?

  • Llegó a México a finales del siglo XIX
  • Funciona sin electricidad.
  • Su música se activa con una manivela.
  • Muchos organillos fueron fabricados en Alemania.
  • Su mecanismo requiere mantenimiento especializado.
  • Los organilleros portan un uniforme tradicional inspirado en la época porfiriana
  • Es uno de los sonidos más emblemáticos de las calles de México.








Preguntas y respuestas
Victoria Herrera
Victoria Herrera

Soy licenciada en letras especializada en lingüística, con enfoque en didáctica, egresada de la Universidad Autónoma de Sinaloa en 2019. Actualmente cuento con conocimientos en economía, cultura general y literatura. Soy una persona alegre, comprometida, creativa y que puede analizar cualquier situación para encontrar una solución rápida y eficaz. Tras cinco años de experiencia en el mundo periodistico hoy día laboro para Tus Buenas Noticias en el área de impresos cubriendo los sectores de Las Américas, Bugambilias, La Conquista y Valle Alto, contando las historias de personas que día a día construyen una mejor sociedad y que vale la pena escuchar.

Ver más notas de Victoria Herrera →