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Cosala, Sinaloa. Hace once años, Fernando Pérez Murillo recorría las calles de Cosalá con apenas una cubeta y 50 tamales. Hoy, su tamalería produce hasta 300 piezas al día y en temporada alta supera los 500 pedidos. Detrás de ese crecimiento hay una historia de trabajo familiar, innovación, obstáculos económicos y la determinación de no dejar caer un negocio que se ha convertido en parte de la tradición gastronómica del Pueblo Mágico.
Lo que comenzó como una forma de generar ingresos terminó por convertirse en uno de los negocios de tamales más conocidos de Cosalá.
Fernando Pérez Murillo, de 42 años, recuerda que los primeros días fueron modestos. Elaboraban únicamente 50 tamales que vendían entre los vecinos de la colonia, transportándolos en una simple cubeta. "Empezamos con 50 tamales, vendiendo en la colonia nada más. Llevábamos los tamales en una cubetita", recuerda.
Crecimiento y tradición en la tamalería de Cosalá
Conforme crecieron los clientes, también evolucionó la forma de producir. Al principio molían el elote manualmente con un molino; después adquirieron uno eléctrico y actualmente llevan el grano a una tortillería para procesar grandes cantidades. El siguiente paso fue establecer un punto fijo de venta frente a una frutería, donde instalaron un tejabán que hoy es referencia para quienes buscan tamales por las tardes.
De lunes a sábado, desde las tres de la tarde y hasta las nueve de la noche o hasta agotar existencias, la clientela sabe que encontrará tamales recién hechos.
Una receta que conquistó el gusto de los cosaltecos
La variedad es una de las claves de su éxito. Cada día elaboran tamales de carne de puerco, pollo, elote, elote con queso crema y piña. Además, preparan tamales salados y de salsa únicamente sobre pedido. Actualmente producen alrededor de 200 tamales de carne y más de 100 de elote diariamente. Sin embargo, durante fechas especiales como diciembre o el Día de la Candelaria, la producción llega hasta los 500 tamales en un solo día para atender reuniones familiares, fiestas y eventos.

Desafíos enfrentados por Fernando Pérez en su negocio
El crecimiento no estuvo exento de dificultades. Fernando reconoce que los episodios de violencia registrados en la región afectaron seriamente las ventas. La disminución de la movilidad y la pérdida de empleos entre la población redujeron la demanda casi a la mitad. Además, tuvieron que suspender el reparto en motocicleta hacia las comunidades rurales por motivos de seguridad. "Dejamos de vender a las rancherías por el miedo a la situación", explica. La situación también obligó a reducir el personal. De tres trabajadores pasaron a únicamente dos personas de apoyo en la producción. Hace apenas seis meses retomaron las rutas hacia los ranchos, aunque temporalmente las lluvias han vuelto a limitar esos recorridos.
El impacto de la violencia en las ventas de tamales
Durante los meses más difíciles hubo días en que las ventas apenas alcanzaban para cubrir el salario de los empleados. Para mantener a flote el negocio, Fernando recurrió a sus otros oficios.
Es maestro del ICATSIN, técnico en reparación de máquinas industriales de coser y también realiza trabajos de electricidad doméstica. Esas actividades complementaron los ingresos familiares mientras la tamalería atravesaba uno de sus momentos más complicados.
Un proceso completamente artesanal
La jornada inicia todos los días a las siete de la mañana. Aunque la masa ya se obtiene molida, toda la preparación se realiza en el local: desde cocinar la carne y preparar el chile hasta limpiar el elote, separar cuidadosamente las hojas y envolver cada tamal.
Incluso aprovechan las mismas hojas del elote para evitar comprar hojas adicionales, reduciendo costos y desperdicios. Cada vaporera tiene capacidad para alrededor de 160 tamales y la cocción puede durar entre una hora y media y tres horas, dependiendo de la cantidad preparada.

Un sabor que ya llegó a los restaurantes
Además de vender directamente al público, Tamalería Paseo Ray abastece a diversos restaurantes de Cosalá, principalmente con tamales de elote, uno de los productos más solicitados por visitantes y habitantes. Después de más de una década de esfuerzo, Fernando mira hacia atrás con orgullo. Aquella cubeta con 50 tamales quedó lejos.
Hoy, el negocio que nació en la sala de su casa ocupa un local propio, genera empleos y forma parte de la identidad gastronómica de Cosalá, demostrando que la constancia, incluso en tiempos difíciles, también puede cocinar historias de éxito.
El prestigio de Tamalería Paseo Ray ha trascendido las fronteras de Cosalá. Fernando comenta que, además de surtir a restaurantes locales, cada vez son más los clientes que realizan pedidos especiales para llevar sus tamales a distintas ciudades de México, donde viven familiares o amigos que extrañan su sabor.
Incluso, algunos encargos han cruzado las fronteras del país y han llegado al extranjero, convirtiéndose en un pedacito de Cosalá para quienes radican fuera de México.
"Hay personas que nos hacen pedidos para llevarlos a otras ciudades y hasta al extranjero. Eso nos da mucho gusto porque quiere decir que nuestro producto ya es reconocido y que la gente quiere compartirlo donde quiera que esté", comenta con satisfacción Fernando.









