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En el paisaje cotidiano de Urías, en Mazatlán, hay una presencia que se ha vuelto símbolo de dignidad: la figura de Heriberto Torres Cañedo.

A sus 64 años, la historia de Heriberto no se mide por los obstáculos que la vida puso en su camino, sino por la creatividad y la tenacidad con la que ha encontrado la forma de sortearlos.

Para quienes lo ven pasar en su silla de ruedas, o trabajando incansablemente en su taller improvisado, Heriberto no es un hombre limitado por una discapacidad; es un hombre definido por su inagotable capacidad de producción y amor.

No hay obstáculo que detenga al señor Heriberto Torres Cañedo, en el sector Urías de Mazatlán es una figura conocida por su tenacidad y resiliencia
No hay obstáculo que detenga al señor Heriberto Torres Cañedo, en el sector Urías de Mazatlán es una figura conocida por su tenacidad y resiliencia

Una vida de oficio y escuela

La educación de Heriberto comenzó en la realidad cruda y honesta del trabajo. Apenas a los seis años, en las congeladoras de su natal Urías, en las que se desempeñó en varios puestos, aprendió que la vida requiere manos dispuestas.

Durante su infancia y adolescencia, el trabajo no fue un impedimento para el estudio, sino un compañero de ruta.

Después de trabajar seis años en las congeladoras, aprendió a pintar y al entrar a la secundaria se fue a trabajar con un tío medio tiempo, para poder continuar con sus estudios.

“Trabajaba medio turno y ganaba un poco más de dinero, aportaba dinero a la casa, a mi mamá le daba una parte de lo que ganaba”, recuerda Heriberto.


Su habilidad para la pintura le valió para que un arquitecto le ofreciera trabajo y lo llevara a trabajar en la capital del estado en el proyecto Tres Ríos. Al terminar regresó a Mazatlán y se empeló como ayudante en una empresa que trabajaba por contrato para Ferrocarriles de México.

Inquieto y con ganas de aprender, el joven de apenas 16 años consiguió empleo como repartidor en una empresa refresquera, en donde, a pesar de su corta edad logró quedarse de planta durante más de quince años.

“En la Pepsi me dieron seguro social, pero cuando nació mi primer hijo, el gerente y otros compañeros me ayudaron y pagaron en la clínica Divina Providencia”, recuerda con gratitud.


Ese apoyo, sembrado por su dedicación, fue el inicio de un camino donde la reciprocidad se convertiría en su regla de oro.

A lo largo de su juventud Heriberto aprendió diversos oficios que le permitieron sacar adelante a sus hijos
A lo largo de su juventud Heriberto aprendió diversos oficios que le permitieron sacar adelante a sus hijos

Su currículum es el de un todoterreno: después de ser repartidor se convirtió en ayudante de motorista en los Ferrys, después de unos años regresó a la empresa donde su papá era mayordomo o jefe de personal.

En cada etapa, dejó una marca de eficiencia. Sobre su paso por el mantenimiento de vías ferroviarias, relata con orgullo: “Las dejábamos como nuevas, yo hacía todos los cambios que deben ser normales para una vía, nos dedicábamos a meter y reparar vías en los laderos que son vías externas, le dábamos mantenimiento a rieles y durmientes, ahí trabajé cerca de 15 años”.


Su dominio técnico era tal que, cuando su padre se retiró, el ingeniero a cargo no dudó: “El ingeniero me tomó como suplente de mi padre por el conocimiento que tenía, cuando mi padre dejó el trabajo me quedé yo en su lugar”, dice satisfecho.

Al terminarse el trabajo en Ferromex, Heriberto encontró un nuevo empleo en una congeladora, ahora en una empresa más grande en donde pudo poner en práctica lo que aprendió de niño.

La fortaleza tras la tormenta

Hace 16 años, un accidente laboral en Monterrey, durante un viaje de trabajo para la congeladora, cambió la geografía de su cuerpo: un cartón de camarón le fracturó la pierna izquierda, complicación que terminó en una amputación.

La adversidad golpeó doblemente: su patrón falleció y la empresa cerró, dejándolo en un limbo administrativo para su pensión, que ahora después de más de una década Heriberto sigue luchando por resolver.

“Después del accidente no alcancé a pensionarme, aunque tengo las semanas cotizadas completas estoy batallando para hacer ese trámite”, explica.


A pesar de haber sufrido una amputación, seguida de un accidente que lo dejaron prácticamente sin apoyo para caminar, Heriberto continúa trabajando
A pesar de haber sufrido una amputación, seguida de un accidente que lo dejaron prácticamente sin apoyo para caminar, Heriberto continúa trabajando

Un año después, otra fractura grave en el pie derecho en un nuevo accidente mientras usaba muletas, amenazó con dejarlo sin apoyos para caminar. Los médicos sugirieron otra amputación, pero él se negó. “Me sirve de apoyo”, sentenció.

Con esa misma determinación, Heriberto reconstruyó su rutina. Aunque años atrás le robaron la prótesis por la que tanto había ahorrado, él no se quedó esperando justicia; se puso a trabajar.

Un padre con determinación

Quizás el capítulo más valioso de su historia es su labor como padre. Cuando la madre de sus hijos se marchó, Heriberto asumió el rol total.

“Fui padre y madre, traté de hacer mi trabajo y aquí estoy gracias a Dios con ellos”, afirma con la serenidad de quien ha cumplido su misión.


Sus hijos no solo fueron alimentados y vestidos, sino educados con el ejemplo de un hombre que, a pesar de todo, nunca permitió que la necesidad tocara la puerta de su hogar y con la ayuda incondicional de la madre de Heriberto.

Hoy, Heriberto es un artesano de la supervivencia. Al verse impedido para conseguir un empleo por su discapacidad, no dudó en poner en práctica sus conocimientos y hacer todo lo que su capacidad física le permite.

En su taller a un costado de las vías del tren, transforma tarimas en muebles, teje atarrayas y chinchorros, y repara cuanto abanico llega a sus manos. Su economía es circular y solidaria.

Heriberto convirtió su casa en un taller, donde trabaja la carpintería y la electricidad
Heriberto convirtió su casa en un taller, donde trabaja la carpintería y la electricidad

“A veces por pago, a veces por comida, si la gente me dice: no tengo dinero, pero le voy a dar comida, yo digo claro que lo hago, yo los ayudo y ellos me ayudan”.


El legado de la dignidad

Heriberto vive solo, pero no está solo. Es una figura querida en la comunidad futbolística de Urías, donde su hijo ha jugado por años. Los deportistas lo respetan por el valor que emana de su silla de ruedas, esa que no es un asiento de descanso, sino su vehículo de trabajo.

Su historia nos enseña que la resiliencia no es la ausencia de dolor, sino la capacidad de integrar el dolor en un proyecto de vida productivo.

Heriberto Torres Cañedo es, en esencia, un constructor. No solo construye muebles o vías de tren; construye una comunidad más humana donde el trabajo dignifica y la voluntad rompe cualquier barrera física.

Como él mismo reconoce con humildad: “Mucha gente me aprecia y me respeta gracias a Dios”. Y en ese respeto, Urías ha encontrado un ejemplo inagotable de lo que significa salir adelante.

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Preguntas y respuestas
Eunice Arredondo
Eunice Arredondo

Licenciada en periodismo con más de veinte años de experiencia en el ámbito de la comunicación, como reportera, conductora de noticias y jefa de información. Actualmente enfocada en el periodismo constructivo y de soluciones, alentando una conversación inspiradora para una ciudadanía más pacífica y participativa.

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