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A los 69 años, Luciano Sotelo camina por el Mercado Rafael Buelna como quien recorre un lugar donde todos lo conocen.
Entre puestos, saludos y conversaciones, más de una persona sabe exactamente quién es cuando alguien pregunta por él.
“Aquí me conoce toda la gente”, dice con una sonrisa tranquila.
Y no es casualidad: desde hace años, Luciano ha hecho de la música su oficio y de la guitarra su compañera de todos los días.
Una historia que nace en la sierra de Sinaloa
Su historia comenzó lejos de la ciudad, en una ranchería rumbo a Badiraguato.
Ahí pasó buena parte de su vida trabajando en la agricultura, realizando labores pesadas y aprendiendo a salir adelante con esfuerzo. En esos años también empezó a acercarse poco a poco a la música, sin maestros ni escuelas, simplemente observando, practicando y haciéndole la lucha.
“Aprendí haciéndole la lucha poquito a poquito”, recuerda.
Hace entre 15 y 18 años llegó a Culiacán y, con el tiempo, la guitarra dejó de ser solo un gusto para convertirse en una forma de ganarse la vida. Aunque ya tenía algunos conocimientos, fue en la ciudad donde decidió tomarse la música en serio y empezar a tocar de manera profesional.
“Cuando vine aquí ya agarré el negocio de tocar la guitarra, ya en forma”, cuenta.
Serenatas, celebraciones y más
Hoy forma parte del grupo Tequileros por Siempre, un nombre que suele sacar risas porque, según Luciano, ni siquiera son aficionados al tequila.
“Nos pusieron Tequileros, pero casi no tomamos tequila”, dice entre carcajadas.
Con el grupo ofrecen serenatas y presentaciones en domicilios particulares, celebraciones familiares y reuniones donde todavía hay espacio para una canción en vivo.
Las contrataciones llegan por horas y los músicos recorren distintos puntos de Culiacán llevando guitarras, voces y canciones que acompañan cumpleaños, aniversarios y momentos especiales. Para Luciano, cada presentación representa algo más que un ingreso: es la oportunidad de seguir haciendo lo que disfruta.
La música es su motivación de vida
Lejos de pensar en retirarse, su deseo es sencillo y claro: seguir tocando. La música le ha permitido mantenerse activo, generar ingresos y dejar atrás el trabajo físico que durante tantos años realizó en el campo.
“Ahí me voy manteniendo con mi trabajito, poco a poco sacando dinerito”, explica.
No presume grandes escenarios ni fama. Su escenario puede ser un patio, una sala, una banqueta o una fiesta familiar. Y quizá por eso su historia resulta cercana: porque demuestra que nunca es tarde para aprender algo nuevo, convertir una pasión en un oficio y construir una vida distinta.
Si alguien quiere encontrar a Luciano Sotelo, probablemente no necesite una dirección exacta. Basta con llegar al Mercado Rafael Buelna, preguntar por el guitarrista que todos conocen y dejar que la comunidad haga el resto.
Porque en Culiacán, Luciano ya no es solo aquel hombre que trabajó la tierra; es el músico que sigue llenando de serenatas los rincones de la ciudad, guitarra en mano y con la misma convicción con la que un día decidió empezar a tocar.
















