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Culiacán, Sinaloa.- Para Rosa Elba Landa Salas, acompañar a un hijo con autismo significó aprender que muchas veces las respuestas también se encuentran al compartir experiencias con otras familias.
Hace cinco años, cuando comenzó a llevar a su hijo de 14 años a terapias, Rosa conoció a otras cuatro madres que atravesaban situaciones similares.
De aquellas conversaciones nació una red de apoyo que con el tiempo se convirtió en “Kalebh” Mi mundo en Azul, Ayuda para Ayudar, un grupo de madres y padres que busca generar oportunidades de aprendizaje, convivencia y desarrollo para niñas, niños y adolescentes con autismo.

“Me siento sola”, “no alcanza para las terapias”, “son muy lejos” o “no sé cómo ayudarlo” eran preocupaciones que compartían mamás y papás con hijos con trastorno del espectro autista (TEA).
La respuesta fue organizarse, afirma Rosa Elba.
Aprender juntos para no sentirse solos
Rosa Elba, quien además trabaja y sostiene su hogar, conoce de primera mano los desafíos que implica acompañar a un hijo con autismo. Como madre soltera, explica que las terapias representan un esfuerzo económico y de tiempo, por lo que comenzó a buscar alternativas para continuar el aprendizaje también desde casa.
El grupo nació de esa necesidad: aprender, investigar, acercarse a profesionales y compartir herramientas entre familias.
Con el paso del tiempo, la colaboración de personas de la comunidad permitió realizar actividades gratuitas. Uno de los mecanismos para obtener recursos es un bazar que Rosa inició hace cinco años y que actualmente se realiza los sábados, a partir de las 17:00 horas, en Toltecas 2532, colonia Industrial El Palmito.
Ahí se puede encontrar ropa nueva y seminueva, joyería, accesorios, maquillaje, calzado y otros artículos. Los recursos ayudan a financiar las actividades del grupo para que las familias no tengan que pagar por ellas.
En ese mismo espacio nació también el Mercadito Azul, donde niñas, niños y adolescentes con TEA pueden colocar sus propios productos y desarrollar habilidades. El hijo de Rosa, por ejemplo, participa embolsando y vendiendo dulces.

Para Karen, encontrar al grupo también significó encontrar apoyo
Entre las familias que se han acercado a “Kalebh” está Karen López Avitia, de 35 años, quien vive en la colonia Salvador Alvarado y es mamá de Thiago, un niño de cuatro años con espectro autista.
Karen comenzó a notar señales desde que su hijo era pequeño. Después de diversos estudios y un proceso de evaluación que se prolongó durante meses, recibió el diagnóstico en 2025.
Desde entonces, su vida familiar se organizó alrededor de terapias de lenguaje, conductuales y sensoriales, además de natación y otras actividades. Los avances, cuenta, no siempre son lineales: hay etapas en las que Thiago mejora y otras en las que algunas habilidades vuelven a representar un reto.
También está el costo. Karen explica que una terapia puede representar al menos 300 pesos, además de los gastos de traslado y otras actividades. Para hacer posible este proceso, ella y el padre de Thiago distribuyen responsabilidades, mientras cuentan también con el respaldo de su familia y de sus empleadores.
Cuando conoció a “Kalebh” Mi mundo en Azul, encontró algo más que actividades.
Su hijo comenzó a identificar las sesiones como parte de su rutina y reconoce el lugar como “la escuela blanca con azul”. Para Karen, esa constancia y el contacto con otras familias han representado una diferencia importante.

Una olimpiada para celebrar las capacidades
Como parte de este esfuerzo, “Kalebh” realizó su tercer Club de Verano, integrado por 10 sesiones gratuitas desarrolladas durante dos meses, los martes y jueves.
Este año participaron 12 niñas, niños y adolescentes provenientes de colonias como Chulavista, Plutarco Elías Calles, El Palmito y Pemex.
La clausura realizada a mediados de agosto se convirtió en una miniolimpiada en la que participaron niñas, niños, adolescentes y adultos. Hubo carreras en costales, jalón de cuerda, enceste de pelotas, juegos con hula hula y otras actividades.
También participaron integrantes de la comunidad biker y el Grupo Cóndor, que se sumaron para convivir y generar empatía.
La directora del CAM 24, María Griselda Rodríguez Sandoval, destacó que el valor de la jornada no estaba solamente en competir, sino en incluir, respetar y celebrar las capacidades de cada participante.
Al final hubo piñata, dulces y medallas para los participantes. Más que premiar quién llegó primero, la intención fue reconocer que cada niño y joven había llegado hasta ahí y había sido parte del equipo.
Para Rosa, ese es precisamente el propósito de “Kalebh” Mi mundo en Azul: que las familias no enfrenten solas el camino y que la sociedad conozca mejor el autismo.
“Que no aíslen a estos hermosos con autismo”, plantea. Que convivan, jueguen, aprendan y sean parte de la comunidad.
















