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Culiacán, Sinaloa.- Para el artista culichi Ernesto Godoy Zueta pintar no solo significa llenar de color una pared, también representa una oportunidad para convivir con la comunidad y dejar un mensaje que pueda permanecer mucho tiempo después de que los pinceles se han guardado.
Vecino de Albaterra, en el sector Los Ángeles, Ernesto Godoy lleva alrededor de cuatro años dedicado a la pintura de murales, una actividad a la que llegó después de estudiar la Licenciatura en Artes Plásticas, generación 2012-2016, en la vieja escuela de la UAS que estaba atrás del MIA.
Su acercamiento al arte comenzó desde antes. Durante la preparatoria, en la UAS, tomó talleres de pintura y dibujo. Aquella experiencia terminó de despertar una inquietud que ya estaba presente desde niño: observar cómo otras personas convertían una idea en una imagen.

“Antes de eso sí me gustaba dibujar, pintar, más me gustaba ver cómo hacían el trabajo de pintura”, recuerda en entrevista para Tus Buenas Noticias.
Aunque la pintura terminó convirtiéndose en una de sus principales actividades, Ernesto confiesa que la escultura fue la disciplina que más llamó su atención durante sus estudios.
Incluso participó en la elaboración de una pieza de gran formato inspirada en el toro de San Fermín, junto con el maestro Demetrio Estrella, quien posteriormente lo invitó a participar en el trabajo de murales.
Un mural se construye entre todos
La experiencia comenzó ayudando a Demetrio en sus proyectos. Con el tiempo surgió la posibilidad de formar un nuevo equipo de muralistas y Ernesto se incorporó a esta labor, que actualmente lo ha llevado por distintos sectores de Culiacán.
Entre los lugares donde ha participado se encuentran Villas del Río, Santa Rocío, Lomas del Bulevar, Lomas del Sol, 5 de Febrero y 21 de Marzo, además de su propio entorno, donde ha contribuido con tres murales en Zona Dorada.
Pero para Ernesto, una de las mayores enseñanzas de estos años no está únicamente en las técnicas de pintura. Está en la convivencia.
A diferencia de la idea del artista que trabaja de manera aislada, considera que el muralismo comunitario exige escuchar. Antes de pintar, se conversa con los vecinos para conocer qué quieren expresar, qué imágenes consideran representativas y qué mensaje desean compartir, afirma.
“Se tiene que involucrar a personas donde tengan que intervenir también en el trabajo que se va a concebir en el muro”, explica.
Esa participación convierte una pared en algo más que una obra artística: en un proyecto compartido.

Niños, naturaleza y mensajes que invitan a reflexionar
Los murales en los que participa Ernesto suelen incorporar niños, naturaleza y animales, elementos que buscan transmitir una sensación agradable y cercana.
Entre todos los trabajos que ha realizado, guarda especial cariño por uno ubicado en Lomas del Bulevar. La obra incorpora un megáfono con una frase relacionada con la paz y permite que las personas se coloquen frente a él para simular que están pronunciando el mensaje.
El espacio incluso fue pensado como un punto para tomarse fotografías.
Para Ernesto, ese tipo de detalles demuestra que un mural puede invitar al espectador a dejar de ser únicamente observador y convertirse en parte de la obra.
Y si hay una figura que disfruta especialmente pintar, son los niños. “Me gusta pintar niños cuando sonríen”, dice, porque considera que transmiten bienestar y permiten que quienes observan la obra puedan identificarse con esa sensación.
Pintar también es sembrar paz
En cada mural existe una pequeña frase que busca generar una reflexión. Son mensajes sencillos, pero pensados para que niños, jóvenes, padres de familia y vecinos puedan detenerse un momento y encontrar en ellos una idea relacionada con la paz, la convivencia o el bienestar.
Incluso el mural que pinta mientras es entrevistado, tiene una frase poderosa al centro: "Sueña con un mundo de paz y amor y lo hacemos realidad".

Ernesto considera que ese contacto con la comunidad puede aportar, poco a poco, a mejorar el entorno.
Durante las jornadas de trabajo ha escuchado a padres decir que les gustaría que sus hijos participaran, escucharan y aprendieran. Para él, esos comentarios muestran que el muralismo puede abrir espacios de convivencia que van más allá de la pintura.
“Yo creo que sí abona”, afirma al hablar de la posibilidad de construir una convivencia más tranquila a través de estas actividades.
Un arte que busca sentirse agradable
Definir el estilo de Ernesto no es sencillo. Los murales son construidos colectivamente y cada integrante del equipo aporta su propia manera de interpretar las imágenes.
Es una sensación que, asegura, también experimentan quienes participan en el proceso. Primero está la idea; después vienen los colores, las conversaciones, las manos trabajando y, finalmente, una pared que cambia de rostro.
Así, desde distintos puntos de Culiacán, Ernesto Godoy continúa haciendo lo que más disfruta: pintar.
Pero cada muro representa algo más. Es una invitación a mirar, participar, convivir y recordar que la paz también puede comenzar con algo tan sencillo como compartir un espacio y dejar en él un mensaje positivo.















