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Para Felipe de Jesús Chávez Espinoza, elaborar una resortera no es únicamente fabricar un objeto de madera, cuero y ligas; es rescatar recuerdos, preservar costumbres y mantener viva una parte importante de la historia de las comunidades rurales de México.

A sus 57 años de edad, este concordense, conocido entre amigos y habitantes de la región como “Cimarrón Montañés”, ha encontrado en la elaboración de las tradicionales resorteras o “tiradores” una forma de rendir homenaje a la tierra que lo vio nacer y crecer.

Lo que comenzó como una habilidad aprendida durante su infancia, hoy se ha convertido en una actividad que además de brindarle satisfacción personal, le permite compartir con nuevas generaciones una herramienta que durante décadas formó parte de la vida cotidiana en los ranchos y comunidades del país.

Un aprendizaje nacido en el campo

Felipe recuerda que su relación con las resorteras inició cuando apenas era un niño. Como muchos jóvenes de aquella época, creció rodeado de la vida rural, donde este instrumento era común entre niños y adultos que trabajaban o recorrían el campo.

Fue alrededor de los diez años cuando aprendió a fabricarlas por cuenta propia, utilizando los materiales que tenía al alcance y observando las técnicas empleadas por personas mayores.

“Yo desde niño, como desde los diez años aprendí a hacerlas para mí, pero hace un tiempo resurgí y volví a hacer de nuevo”


Las resorteras, explica, eran herramientas sencillas pero muy útiles. Estaban compuestas por una horquilla de madera, dos bandas elásticas y una pequeña honda elaborada con cuero o baqueta. Durante muchos años fueron utilizadas en actividades relacionadas con la vida de rancho y también como parte de los juegos tradicionales de la niñez.

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Con el paso del tiempo, estos objetos fueron desapareciendo de la vida cotidiana debido a los cambios tecnológicos y culturales. Sin embargo, para Felipe representan una parte importante de la memoria colectiva de los pueblos rurales.

Fue precisamente ese deseo de conservar las costumbres de antaño lo que lo motivó a retomar la elaboración de las resorteras y convertirlas en una pequeña artesanía cargada de historia y significado.

De las redes sociales a los hogares de la región 

Luego de volver a fabricar sus tradicionales tiradores, Felipe decidió compartir su trabajo a través de las redes sociales. Lo que parecía una publicación más terminó despertando el interés de decenas de personas que recordaban con nostalgia aquellos años en los que las resorteras eran parte de la vida diaria.

Tras la difusión del video, comenzaron a llegar solicitudes de personas interesadas en adquirir una pieza elaborada por él. Aunque en la actualidad ya no son utilizadas con la frecuencia de antes, quienes las compran encuentran en ellas un valor sentimental y cultural que va más allá de su función original.

Muchos de sus clientes las adquieren para colocarlas como adornos en sus hogares, oficinas o espacios personales, convirtiéndolas en piezas decorativas que evocan la vida de rancho y las tradiciones de las comunidades sinaloenses.

“Las quieren para tenerlas colgadas en sus casas, como recuerdo de aquellos tiempos”


Cada resortera es elaborada de manera artesanal, lo que las convierte en piezas únicas. Felipe dedica tiempo a seleccionar la madera adecuada, tallarla y darle forma hasta obtener el resultado deseado.

Además, personaliza algunos trabajos a petición de sus clientes, agregando detalles especiales que hacen que cada pieza tenga un significado particular para quien la recibe.

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Entre las anécdotas que recuerda con orgullo destaca la ocasión en que elaboró una resortera personalizada para obsequiarla a un gobernador durante una visita realizada al municipio de Concordia. Para él, aquel momento representó una muestra de que una tradición aparentemente sencilla puede convertirse en un símbolo de identidad cultural.

Artesanía, identidad y amor por las raíces

Uno de los aspectos que más distingue el trabajo de Felipe es el respeto que mantiene por la naturaleza durante el proceso de obtención de la materia prima.

Las horquillas que utiliza provienen principalmente de un árbol conocido en la región como “berraco”, una especie que produce numerosas bifurcaciones ideales para la fabricación de resorteras. Sin embargo, aclara que procura aprovechar únicamente las ramas necesarias para evitar dañar los árboles.

“Voy al monte y corto solamente el brazo donde está la horqueta. No talo todo el árbol porque hay que preservarlo”


La honda de cuero o baqueta la adquiere en el taller de Beto Castellano, reconocido por su experiencia en el trabajo de este material.

Para dar forma a cada pieza utiliza herramientas sencillas como una pequeña hacha, gubias para tallado y lijas, demostrando que la artesanía tradicional sigue dependiendo más de la habilidad de las manos que de la tecnología.

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A pesar de que ofrece cada resortera a un precio accesible de 70 pesos, asegura que el aspecto económico no es lo más importante.La mayor recompensa llega cuando observa el interés de las personas por conservar una pieza que forma parte de la historia regional.

“Estoy reviviendo una historia o tradición de nuestra tierra”


Esa convicción es la que lo impulsa a seguir trabajando día tras día. Para Felipe Chávez, cada resortera terminada representa mucho más que una artesanía: es un puente entre el pasado y el presente, una forma de mantener viva la memoria de las comunidades rurales y un homenaje a las costumbres que forjaron la identidad de generaciones enteras.

Hoy, mientras talla cuidadosamente cada horquilla de madera, continúa demostrando que las tradiciones pueden mantenerse vigentes cuando existen personas dispuestas a preservarlas. En cada resortera que sale de sus manos viaja también una parte de la historia de Concordia, de su gente y de la vida de campo que marcó para siempre su existencia.




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Preguntas y respuestas
Jesús López
Jesús López

Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 

Más de diez años de experiencia como periodista, laborando para diversos medios de cobertura estatal, como corresponsal en la zona sur del Estado de Sinaloa. Y actualmente enfocado en el periodismo constructivo.

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