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Culiacán, Sinaloa. - Una canción puede cambiar la forma en que un niño se mira a sí mismo. A veces basta una voz, unas cuerdas y el valor de cantar frente a los demás para descubrir que aquello que alguna vez provocó nervios también puede convertirse en una fortaleza.

Luis Joel, el pequeño talento que ya hace sonar sus grandes sueños
A sus 11 años, Luis Joel Soto Alaniz ha encontrado en la música una manera de expresar lo que siente y, al mismo tiempo, una oportunidad para aprender a confiar en sí mismo.
Cuando tenía 4 años cantaba en reuniones familiares, entre aplausos y miradas conocidas. Después llegaron los festivales escolares, donde sus maestros descubrieron su facilidad para cantar y comenzaron a invitarlo a participar.
Cada presentación le dejaba algo más que aplausos. Poco a poco, Luis Joel aprendió a subir al escenario aun cuando los nervios aparecían.

Es el menor de cuatro hijos: Yareli Guadalupe, Francisco Javier y Jesús Manuel. En casa ha encontrado una familia que acompaña y celebra cada paso de su crecimiento.
Su papá, Francisco Javier Soto Villa, ha estado especialmente cerca para ayudarlo a enfrentar el temor de cantar frente a otras personas, mientras su mamá, Guadalupe Azucena Alaniz Villagrana, ha sido parte fundamental de este proceso.
Y aunque hoy la música ocupa un lugar especial en su vida, durante buena parte de su infancia Luis Joel imaginaba un futuro muy diferente. Quería ser mecánico, rodeado de motores, herramientas y automóviles.
Fue hace aproximadamente dos años cuando algo cambió. Al conocer la música de Los Plebes del Rancho de Ariel Camacho, el sonido del requinto llamó especialmente su atención. Quiso aprender a tocarlo y se animó a descubrir los secretos de un instrumento que, con el tiempo, se convertiría en una de sus grandes pasiones.

Tomó un curso de guitarra en la UAS y también aprendió de quienes tenía más cerca: su abuelo, tíos, hermanos y primos. A eso sumó YouTube como otra herramienta.
Escucha una canción, observa cómo se toca y lo intenta. Si no sale, vuelve a hacerlo.
Así, nota tras nota, Luis Joel ha descubierto que aprender también significa equivocarse, tener paciencia y darse otra oportunidad.
Incluso pidió un requinto como un regalo de Navidad. Aquel instrumento terminó siendo mucho más que un obsequio: se convirtió en una motivación para seguir practicando y explorar nuevas posibilidades.
En ese camino, su abuelo, José Guadalupe Soto García, le dejó una frase que Luis Joel guarda como una brújula: “No importa si te equivocas, solamente sigue tocando”.

Las palabras cobran un significado especial cada vez que los nervios aparecen antes de una presentación. Entonces recuerda que no necesita hacerlo todo perfecto; necesita confiar en lo que ha aprendido y continuar.
Esa confianza también le ha permitido vivir experiencias que difícilmente olvidará. Este año realizó un casting y fue seleccionado para participar en “Canto por la Paz”, proyecto de Construyendo Paz. Formó parte de la grabación de “¿Y tú qué haces?” y compartió escenario con otros niños y niñas artistas.
Aquella experiencia fortaleció sus ganas de seguir adelante y demostrar su talento. Recientemente volvió a intentarlo, esta vez con la ilusión de formar parte del volumen 2 de “Canto por la Paz”.
Su talento, entusiasmo y pasión por la música volvieron a abrirle las puertas, y fue seleccionado por segunda ocasión para ser parte de este proyecto.
“Estoy muy contento porque me volvieron a escoger para ‘Canto por la Paz’. Me gusta mucho cantar y esta oportunidad me hace sentir muy feliz. Quiero seguir aprendiendo y disfrutando de la música”, manifestó Luis Joel.

Desde hace más de un año también forma parte del Mariachi Juvenil Culiacán, donde es el integrante más joven. Ahí comparte la música con su papá, hermanos, tíos y primos, convirtiendo cada presentación en un encuentro familiar.
Su tío José Luis Soto Villa, líder del mariachi, también ha sido una figura importante en su formación, al compartirle conocimientos y consejos que han fortalecido su gusto por los instrumentos.
Hoy, Luis Joel toca guitarra, requinto, ukelele y vihuela. Pero su curiosidad no se detiene. Sueña con formar algún día su propio grupo norteño y también un mariachi junto a familiares que comparten su interés por aprender instrumentos como el acordeón y el bajo.
Más que imitar a los artistas que admira, quiere aprender, experimentar y encontrar su propio sonido.

A sus 11 años todavía tiene mucho por descubrir
Aquel niño que soñaba con ser mecánico sigue formando parte de él, pero ahora las cuerdas, las canciones y los escenarios ocupan un lugar especial en su vida.
Y quizá uno de los mayores regalos que la música le ha dejado no sea un instrumento ni un escenario, sino algo que llevará consigo sin importar el camino que elija: la confianza para seguir adelante.
Porque Luis Joel no solo está aprendiendo a cantar o a tocar instrumentos. Está aprendiendo a conocerse, a enfrentar los nervios y a descubrir todo lo que puede lograr cuando se da la oportunidad de intentarlo.
Por eso también quiere dejar un mensaje para otros niños que tienen un talento guardado o un sueño que todavía no se atreven a mostrar: que no tengan miedo a equivocarse, que no permitan que las opiniones de los demás apaguen sus ganas y, sobre todo, que no dejen de creer en lo que pueden lograr.

Es un mensaje sencillo, pero detrás de él está la historia de un niño que también sintió miedo y decidió seguir.
Hoy, cuando sus dedos recorren las cuerdas y su voz llena un escenario, Luis Joel hace mucho más que interpretar una canción. Está descubriendo su propia voz, una voz que todavía está creciendo, pero que poco a poco abre su propio camino para expresar quién es, lo que siente y todo aquello que sueña alcanzar.
Quizá algún día sea mecánico, músico, cantante o encuentre un camino que hoy ni siquiera imagina. A los 11 años no tiene por qué saberlo todo. Lo importante es que ya aprendió a escuchar aquello que lo hace feliz y a darle una oportunidad.
Porque los anhelos no siempre llegan con un mapa. A veces aparecen como una canción, nacen al escuchar un requinto o comienzan con una voz que tiembla antes de atreverse a cantar.

Luis Joel Soto Alaniz todavía tiene muchas notas por aprender, escenarios por pisar y canciones por hacer suyas. Pero entre cuerdas, acordes y melodías ya descubrió algo que va mucho más allá de la música: que cada vez que se atreve a tocar, también está aprendiendo a confiar en sí mismo.
Y quizá eso sea lo más hermoso de su historia: todavía no sabe hasta dónde lo llevará la música, pero ya tiene lo esencial para seguir el compás de sus sueños: una familia que lo impulsa, una pasión que crece con cada acorde y el valor de nunca dejar de tocar su propia canción.
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