¿Quieres resumir esta nota?
Hay personas que pasan por la historia de una ciudad y hay otras que ayudan a construirla. Esteban Guzmán León fue de esas.
El navolatense ha fallecido, pero su nombre permanece ligado a una de las instituciones que más vidas han acompañado en el municipio: Cruz Roja Navolato.
Antes de que existiera la infraestructura que hoy conocemos, Esteban y su esposa, María Teresa Rivera Gastélum, comenzaron a trabajar para hacer posible que la institución tuviera un lugar en Navolato. Fueron años de tocar puertas, organizar colectas, buscar apoyos y convencer a la comunidad de que contar con una Cruz Roja era una necesidad.
Esteban recordaba que no fue sencillo.
“Todavía no sé de dónde sacaba fuerza. Muy inteligente no soy, pero lo que siempre tuve fue tesón y visión”, decía entre risas durante una entrevista concedida a Tus Buenas Noticias.
El impacto de Esteban Guzmán en la comunidad de Navolato

En aquellos primeros años incluso prestó su automóvil familiar para trasladar a personas heridas. Después vino uno de los momentos que más recordaba: conseguir la primera ambulancia para la delegación.
Junto con otros colaboradores viajó hasta San Diego para adquirirla con recursos obtenidos mediante las colectas. El regreso también fue parte de la historia: la ambulancia volvió cargada de camillas, material de sutura, medicamentos, oxígeno y otros insumos que necesitaba la nueva institución.
“La ambulancia la traíamos repleta de camillas, material de sutura, medicamento, oxígeno, cilindros. Traíamos de todo”, contaba con orgullo.
Esteban llegó a ser tres veces presidente del Patronato de Cruz Roja Navolato, institución a la que dedicó más de tres décadas junto con María Teresa, su esposa. Ella también tuvo un papel fundamental, especialmente en las colectas, por las que recibió un reconocimiento del Consejo Directivo Nacional de Cruz Roja.
Homenaje a un pionero: despedida en Cruz Roja Navolato

Pero su servicio no terminó en la Cruz Roja. Fue dirigente sindical, presidente y fundador del Club de Leones, integrante de clubes sociales y participante en los patronatos que impulsaron la creación de la secundaria y preparatoria de Navolato. También formó parte de los esfuerzos ciudadanos que llevaron a la municipalización.
Sin embargo, cuando hablaba de su vida, había una idea que parecía resumirlo todo: servir.
Esteban decía que cuando se da algo a otra persona, el mejor pago es verla agradecida y saber que se pudo ayudar.
Esa misma institución a la que entregó tantos años abrió sus puertas para despedirlo. En la base de Cruz Roja Navolato se realizó un homenaje de cuerpo presente y el último pase de lista en memoria de su pionero, fundador e impulsor.
El hombre que alguna vez puso su propio automóvil al servicio de un herido y que viajó para traer la primera ambulancia, ahora fue despedido precisamente en el lugar que ayudó a construir.
Su historia queda en Navolato.
Y también en cada ambulancia que sale de Cruz Roja, en cada voluntario que extiende una mano y en cada persona que encuentra ayuda cuando más la necesita.
Hasta siempre, don Esteban.





























