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En la comunidad de La Pedregosa, perteneciente al municipio de Rosario, vive una mujer cuya historia está ligada al desarrollo educativo de varias generaciones de sinaloenses.

Se trata de Eleodora Jara Rendón, mejor conocida como la maestra “Yoya”, quien a sus 98 años conserva intactos los recuerdos de una vida dedicada a la enseñanza.

Con cerca de cuatro décadas retirada de las aulas, la docente ya jubilada rememora con entusiasmo los años en los que recorrió distintos rincones del estado para impartir clases.

Fueron aproximadamente 36 años de servicio durante los cuales enfrentó retos, sacrificios y largas distancias con un solo objetivo: que las niñas y niños tuvieran acceso a la educación.

Su historia como docente inició en su adolescencia 

Su historia como maestra comenzó cuando apenas tenía entre 14 y 15 años de edad. En aquellos tiempos, las oportunidades de preparación profesional eran limitadas y muchas comunidades carecían incluso de escuelas secundarias.

La maestra recuerda sus vivencias de más de 35 años de servicio
La maestra recuerda sus vivencias de más de 35 años de servicio

Fue entonces cuando la profesora María Pérez Arce, quien había sido directora de la escuela primaria donde estudió Eleodora y además era hermana del entonces gobernador Enrique Pérez Arce, la invitó a trasladarse a Culiacán para iniciar su carrera docente.

“Ella me pidió que fuéramos a Culiacán, nos fuimos y otro día me llevó al Palacio de Gobierno; se fue ella a la oficina del Director de Educación y cuando volvió ya traía mi nombramiento para que me fuera a trabajar”


Así comenzó una trayectoria que marcaría profundamente su vida y la de cientos de estudiantes.

Recorriendo Sinaloa para llevar educación

Su primera asignación fue en la comunidad de Lo de Bartolo, en el municipio de Culiacán. Aunque la experiencia representó una gran oportunidad, también estuvo llena de dificultades, pues en aquellos años el sistema educativo estatal enfrentaba problemas para cumplir puntualmente con el pago de salarios.

Posteriormente, fue trasladada a Agua Blanca, donde, además de continuar su labor docente, obtuvo el cambio al sistema federal, lo que le brindó mayor estabilidad laboral. En esa etapa también formó una familia y nacieron sus dos primeras hijas.

Más adelante llegó al municipio de San Ignacio, específicamente a la zona de Las Labradas, donde permaneció cerca de ocho años impartiendo clases y contribuyendo a la formación de niñas y niños de la región.

Con el deseo de acercarse nuevamente al sur del estado y a su tierra natal, aceptó un nuevo cambio que la llevó a la comunidad de El Huajote, en el municipio de Concordia. Ahí desarrolló gran parte de su carrera profesional.

“Ascendieron a uno de los compañeros inspector y lo mandaron a Concordia; él ya sabía que yo era de este rumbo. Cuando le dieron el nombramiento, me dijo que si me quería ir al sur y ahí fue donde me dijo que estaba Santa María, Palos Blancos y Huajote, donde terminé por llegar”.


Durante dos décadas estuvo al frente de grupos que en ocasiones alcanzaban hasta los 40 alumnos, consolidándose como una de las maestras más recordadas de la localidad. Fue precisamente en El Huajote donde alcanzó su jubilación.

A pesar de trabajar en esa comunidad, decidió establecer nuevamente su residencia en La Pedregosa, desde donde durante 20 años realizó constantes traslados para cumplir con su labor. En esa etapa también construyó una nueva familia y nacieron sus dos hijos menores.

El legado de una maestra que sigue viva en la memoria de sus alumnos

La maestra “Yoya” recuerda que en aquellos tiempos la figura del docente gozaba de un profundo respeto por parte de estudiantes y padres de familia, algo que considera ha cambiado con el paso de los años.

“Antes sí respetaban mucho, tanto los alumnos como los padres. Yo salí del Huajote así como entré, sin queja alguna; no es porque yo lo diga, pero me querían mucho”


Reconoce que era una maestra estricta y exigente, pero convencida de que la disciplina era fundamental para el aprendizaje.

“Se decía que era dura, pero si yo me ponía a jugar con ellos, a la hora de una clase no iban a aprender. Cuando no hacían caso, había que llamarles la atención a los chamacos”


Aunque comenzó a ejercer con únicamente la educación primaria concluida, las exigencias del sistema educativo la llevaron a continuar preparándose hasta obtener formalmente su título de maestra.

La docencia no solo le brindó satisfacciones profesionales, sino también la posibilidad de sacar adelante a sus cuatro hijos y contribuir a la educación de algunos de sus nietos. Para ella, enseñar siempre fue una actividad que disfrutó profundamente, pues desde niña le gustaba ayudar a otros menores con sus tareas y aprendizajes.


A casi 40 años de haber dejado las aulas, todavía recibe visitas de antiguos alumnos que la recuerdan con cariño y agradecimiento por las enseñanzas que recibió durante su infancia en El Huajote.

Hoy, con 98 años de edad, Eleodora Jara Rendón disfruta de la tranquilidad de su hogar en La Pedregosa, rodeada del respeto y reconocimiento de su comunidad.

Su historia representa el esfuerzo de una generación de maestros que recorrieron caminos difíciles para llevar educación a los pueblos más apartados de Sinaloa, dejando una huella imborrable en la vida de quienes tuvieron la fortuna de aprender bajo su guía.




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Preguntas y respuestas
Jesús López
Jesús López

Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 

Más de diez años de experiencia como periodista, laborando para diversos medios de cobertura estatal, como corresponsal en la zona sur del Estado de Sinaloa. Y actualmente enfocado en el periodismo constructivo.

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